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Sedentary behavior and physical activity are longitudinally associated with diurnal cortisol rhythms in individuals up to 1 year after colorectal cancer treatment: A prospective cohort study

Este estudio de cohorte prospectivo de supervivientes de cáncer colorrectal encontró que niveles más altos de actividad física y un menor tiempo sedentario durante los 12 meses posteriores al tratamiento están asociados longitudinalmente con ritmos de cortisol diurno más robustos, lo que sugiere estos comportamientos como posibles objetivos para intervenciones destinadas a mejorar la regulación del estrés después del cáncer.

Autores originales: Koen G. Frenken, Frank A.J.L Scheer, Jingyi Qian, Martijn J.L. Bours, Stéphanie O. Breukink, Maryska L.G. Janssen-Heijnen, Joop Konsten, Eric T.P. Keulen, Judith A.P. Bons, Kenneth Meijer, Karen Stein
Publicado 2026-07-16
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Autores originales: Koen G. Frenken, Frank A.J.L Scheer, Jingyi Qian, Martijn J.L. Bours, Stéphanie O. Breukink, Maryska L.G. Janssen-Heijnen, Joop Konsten, Eric T.P. Keulen, Judith A.P. Bons, Kenneth Meijer, Karen Steindorf, Judith de Vos-Geelen, Matty P. Weijenberg, Laurien M. Buffart, Eline H. van Roekel

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina que tu cuerpo tiene un diminuto director de orquesta interno que dirige una orquesta de 24 horas. Este director es el ritmo circadiano, y su músico más famoso es una hormona llamada cortisol. Piensa en el cortisol como el "gestor de energía" del cuerpo. En un día saludable, este gestor se despierta con un grito grande y energético justo después de que abres los ojos, luego baja lentamente el volumen a medida que avanza el día, susurrándote que te duermas al caer la noche. Este aumento y disminución diaria es crucial; cuando la música se vuelve plana o el volumen no cambia mucho, las personas suelen sentirse cansadas, estresadas o decaídas. Los científicos han sospechado durante mucho tiempo que la forma en que movemos nuestros cuerpos —ya sea quedándonos quietos como una estatua o moviéndonos como un bailarín— podría ser la razón por la cual el director se confunde o se mantiene en sintonía. Pero hasta ahora, no teníamos un mapa claro de cómo sentarse y moverse cambia esta música interna para las personas que se están recuperando de un tipo específico de cáncer.

Este artículo actúa como una historia de detectives, siguiendo a 74 personas que habían sido tratadas por cáncer colorrectal (un tipo de cáncer de intestino) a lo largo de un año. Los investigadores querían ver si la cantidad de tiempo que estos sobrevivientes pasaban sentados quietos frente a moviéndose podía explicar por qué su "música" de cortisol sonaba diferente. No se limitaron a preguntar a los pacientes: "¿Se queda sentado mucho tiempo?". En su lugar, colocaron relojes especiales con sensores de movimiento en los muslos de los pacientes para contar cada segundo de estar sentados, de pie y moviéndose. Al mismo tiempo, los pacientes escupieron en pequeños tubos cinco veces al día durante dos días seguidos para medir sus niveles de cortisol. Fue mucho trabajo, pero les dio a los científicos una imagen súper precisa tanto del movimiento como de los niveles hormonales.

La historia que cuentan los datos es bastante clara: cuanto más tiempo pasaba la gente sentada quieta, más plana se volvía su música de cortisol. Específicamente, por cada dos horas extra al día que alguien pasaba sentado, sus niveles de cortisol no bajaban tanto como deberían a lo largo del día. Es como si el gestor de energía se hubiera quedado trabado en "volumen medio" y hubiera olvidado bajarlo para la noche. El estudio encontró que esta "planitud" era incluso peor si el estar sentado ocurría en bloques largos e ininterrumpidos de 30 minutos o más. Por el contrario, cuanto más se movía la gente, mejor sonaba su ritmo interno. Las personas que eran más activas tenían un ritmo de cortisol con una caída más aguda y saludable de la mañana a la noche. Curiosamente, el estudio sugiere que este vínculo se trata principalmente de las diferencias entre las personas (algunas personas naturalmente se sientan más y tienen ritmos más planos que otras), pero también mostró que cuando una sola persona cambiaba sus hábitos con el tiempo, su ritmo de cortisol tendía a cambiar con ellos.

Los investigadores también observaron un "salto matutino" específico en el cortisol llamado Respuesta de Cortisol al Despertar (CAR, por sus siglas en inglés). Encontraron que las personas que se sentaban más tenían un salto más grande y agudo justo después de despertar, lo que podría ser la forma en que el cuerpo intenta compensar un sistema cansado, mientras que aquellos que se movían más tenían una respuesta más equilibrada. El estudio no demostró que sentarse cause el ritmo plano o que moverse lo arregle, pero sugiere fuertemente que están profundamente conectados. Los autores concluyen que si queremos ayudar a los sobrevivientes de cáncer a sentirse menos cansados y con más energía, alentarlos a levantarse y moverse más —y sentarse menos— podría ser una forma clave de ayudar a que su reloj interno del cuerpo vuelva a sintonizarse. Es una pista esperanzadora de que nuestros hábitos diarios son como las clavijas de afinación para la orquesta interna de nuestro cuerpo.

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