Risk factors and symptoms associated with cardiovascular disease in female elite hockey players allowed bodychecking
Este estudio de 159 jugadoras de hockey de élite en Suecia encontró que una proporción significativa reportó síntomas cardíacos e historial familiar de enfermedad cardiovascular, lo que respalda la necesidad de un cribado cardíaco previo a la participación para prevenir la muerte súbita cardíaca.
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Imagina el corazón humano como el motor definitivo en un coche de carreras de alto rendimiento. Durante décadas, científicos y médicos han estado obsesionados con asegurar que este motor no falle o explote durante las vueltas más intensas de una carrera. Este campo de estudio se llama cribado cardiovascular, y es básicamente un chequeo pre-carrera para ver si el corazón de un atleta tiene grietas ocultas o problemas de cableado que puedan causar una parada repentina. Sabemos que incluso los conductores con aspecto más apto pueden tener problemas invisibles, como una bujía defectuosa (una condición cardíaca genética) o una línea de combustible obstruida (una arteria bloqueada), que podrían revelarse solo cuando el motor se lleva al límite absoluto. Aunque hemos pasado mucho tiempo revisando los motores de los pilotos masculinos, las conductoras han quedado a menudo en el garaje, en parte porque sus motores parecen averiarse con menos frecuencia. Pero con las reglas del juego cambiando, debemos preguntarnos: ¿estamos revisando los motores correctos y los estamos revisando con la suficiente intensidad?
Esta es exactamente la pregunta que un equipo de investigadores de Suecia decidió abordar. Dirigieron su atención a la Liga Sueca de Hockey Femenino (SDHL), un grupo de jugadoras de hockey sobre hielo de élite. Durante mucho tiempo, estas jugadoras jugaron una versión del juego sin el "body checking" —ese es el término elegante para usar tu cuerpo para golpear a un oponente contra el hielo—. Pero en 2022, las reglas cambiaron y el body checking fue finalmente permitido. De repente, estas atletas no solo patinaban rápido; estaban recibiendo golpes pesados en el pecho mientras sus corazones ya latían a su velocidad máxima. Los investigadores querían saber: en esta nueva era más física, ¿cuántas de estas jugadoras están mostrando señales de advertencia de problemas cardíacos, o tienen antecedentes familiares de problemas cardíacos que podrían ponerlas en riesgo?
El equipo invitó a cada una de las jugadoras registradas en la liga a completar una encuesta. De 225 jugadoras, 159 dijeron "sí" y compartieron sus historias. La edad promedio de estas jugadoras era de 24 años y eran generalmente muy aptas físicamente. Pero cuando los investigadores analizaron las respuestas, encontraron algunas chispas sorprendentes en la sala de máquinas. Alredá de un 11% de las jugadoras (eso es 18 personas) informaron tener síntomas que podrían estar relacionados con el corazón. La "bandera roja" más común fue el desmayo, o síncope, que el 11% de las jugadoras había experimentado. Otro 5% había sentido dolor en el pecho y un 4% había sentido que su corazón latía de forma irregular.
Aún más interesante fue lo que encontraron en los árboles genealógicos de las jugadoras. La encuesta preguntó si alguno de sus padres o hermanos tenía condiciones cardíacas graves. Los resultados mostraron que el 36% de las jugadoras tenían antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular. El problema hereditario más común fue la presión arterial alta (hipertensión), presente en las familias del 26% de las jugadoras. El once por ciento tenía un familiar con enfermedad cardíaca, y un grupo pequeño pero significativo —4 jugadoras, o el 3%— tenía un pariente de primer grado que había muerto por muerte súbita cardíaca.
Los investigadores no solo miraron los síntomas; también comprobaron si las jugadoras habían sido diagnosticadas con condiciones específicas. Una fracción minúscula tenía diabetes (1%), presión arterial alta (1%) o enfermedad coronaria (1%). Sin embargo, la gran conclusión no fue sobre cuántas jugadoras estaban enfermas actualmente, sino sobre cuántas mostraban signos de que podrían estar en riesgo. El estudio sugiere que un número significativo de estas atletas de élite están cargando con factores de riesgo o experimentando síntomas que no deberían ignorarse.
Los autores son cuidadosos al decir que su estudio no demuestra que estas jugadoras sufrirán un ataque al corazón, ni las diagnostica con una enfermedad específica. No realizaron escaneos cardíacos o ECG en este estudio específico; simplemente escucharon lo que las jugadoras decían. Pero el patrón que encontraron es lo suficientemente fuerte como para dar la alarma. Argumentan que, debido a que el juego se ha vuelto más físico con la introducción del body checking, y debido a que tantas jugadoras están reportando desmayos o antecedentes familiares de problemas del corazón, el sistema actual de simplemente esperar lo mejor no es suficiente. Sugieren que estas atletas femeninas, que ahora juegan una versión más ruda del deporte, deberían probablemente recibir el mismo tipo de cribado cardíaco sistemático que se recomienda para otros atletas de élite. Es un llamado a poner un estetoscopio en el motor antes de que la carrera se vuelva demasiado intensa, asegurando que las jugadoras más rápidas del mundo se mantengan seguras sobre el hielo.
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