When social norms collapse against rights: the polycrisis and a behavioural architecture of gender rights rollback under far-right populism
Este artículo introduce el marco de la Arquitectura del Comportamiento del Retroceso de los Derechos de Género (ABRDG, por sus siglas en inglés) para explicar cómo la convergencia de una policrisis global, la polarización afectiva y la amplificación digital impulsa a los populistas de extrema derecha a atacar sistemáticamente los derechos de género como una ruptura epistémica, utilizando trampas cognitivas y normas sociales manipuladas para erosionar la estabilidad democrática.
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En años recientes, el mundo ha sido testigo de un patrón extraño e inquietante: a medida que las sociedades enfrentan crisis superpuestas como la inestabilidad económica, la división política y el cambio climático, los derechos de las mujeres y de las personas LGBTQ+ están siendo sistemáticamente arrebatados. Este fenómeno no es meramente un choque de ideas anticuadas contra otras nuevas; es un proceso conductual complejo impulsado por cómo funcionan las mentes humanas, cómo los grupos se influyen entre sí y cómo la tecnología digital moldea lo que creemos que es normal. Para entender esto, los investigadores analizan tres conceptos clave. Primero, la toma de decisiones humana suele depender de sentimientos intuitivos rápidos y emocionales en lugar de una lógica lenta y cuidadosa. Segundo, las personas frecuentemente cambian su comportamiento público para coinccer con lo que creen que todos los demás creen, incluso si sus opiniones privadas son diferentes. Tercero, las plataformas digitales están diseñadas para amplificar contenido que genera emociones fuertes, creando a menudo una falsa sensación de consenso donde no existe ninguno. Comprender estas mecánicas es crucial porque la erosión de los derechos no es un accidente o un cambio cultural natural; es un resultado manufacturado que puede entenderse y, potencialmente, detenerse.
Un nuevo marco teórico llamado la "Arquitectura Conductual del Retroceso de los Derechos de Género" ofrece un mapa detallado de cómo ocurre esta erosión. Propuesto por la investigadora independiente Maria Salomé Mejía Ochoa, este estudio teórico argumenta que la pérdida de los derechos de género no es espontánea. En su lugar, es producto de tres niveles interconectados que trabajan juntos para convertir el malestar general en una hostilidad dirigida contra la igualdad. El primer nivel apunta a la mente individual. Cuando las personas se sienten inseguras debido a la inestabilidad económica o social, recurren a un pensamiento rápido e intuitivo para dar sentido al mundo. La retórica anti-género está diseñada para activar estas respuestas emocionales rápidas al enmarcar la igualdad como una amenaza a la lealtad, la autoridad y la pureza. Una vez que se activa esta alarma emocional, la parte más lenta y lógica del cerebro no corrige el error. En cambio, trabaja para justificar el sentimiento inicial, construyendo argumentos para defender la identidad de grupo que se siente amenazada. Esto significa que presentar simplemente hechos o datos suele fallar, porque la mente lógica ya está trabajando para proteger la conclusión emocional.
El segundo nivel de esta arquitectura explica cómo las reacciones individuales se convierten en un movimiento colectivo. Incluso si muchas personas apoyan la igualdad de género en privado, pueden permanecer en silencio si creen que todos los demás se oponen a ella. Esto se conoce como ignorancia pluralista, donde todos asumen que son la minoría y se conforman con lo que creen que es la visión de la mayoría. El populismo de extrema derecha explota esto mediante la fabricación de la apariencia de un consenso masivo contra los derechos de género. A través de campañas coordinadas y el silenciamiento de las voces disidentes, crean una "cascada normativa". En esta cascada, las personas se conforman con la norma percibida no porque hayan cambiado de opinión, sino porque temen el aislamiento. El resultado es que los derechos pueden ser desmantelados en países donde las encuestas muestran que una mayoría de ciudadanos realmente los apoya, porque el comportamiento público ha cambiado para coincidir con una ilusión manufacturada de oposición.
El tercer nivel involucra a las máquinas digitales que impulsan estas percepciones. Las plataformas de redes sociales y los algoritmos están construidos para capturar la atención, y lo hacen priorizando el contenido que genera indignación y emociones morales fuertes. Este sistema, que la autora llama "Sistema 3", amplifica el falso consenso creado en el segundo nivel. Utiliza memes, redes coordinadas de cuentas falsas y, ahora, inteligencia artificial, para hacer que las visiones anti-igualdad parezcan ubicuas y urgentes. Estos algoritmos no solo difunden información; moldean el entorno en el que las personas forman sus opiniones, haciendo sentir que "todo el mundo" está en contra de los derechos de género. Esto sucede tan rápido que, para cuando los investigadores o los responsables políticos intentan comprender un cambio en el sentimiento público, el paisaje digital ya se ha movido hacia la siguiente ola de indignación manufacturada.
El estudio identifica por qué el género se ha convertido en el objetivo principal de este retroceso. No se trata solo de desacuerdos sobre políticas; se trata de una amenaza más profunda al orden social. El control sobre los cuerpos, particularmente los cuerpos reproductivos, es un pilar fundacional del sistema patriarcal y colonial actual. Cuando las personas reclaman la soberanía sobre sus propios cuerpos y exigen derechos que existen fuera de la lógica del mercado, desafían la estructura misma que mantiene la jerarquía de poder existente. Por eso la reacción es tan intensa. El movimiento para arrebatar los derechos no es un retorno a la tradición, sino una defensa de un sistema que depende del trabajo no remunerado y la subordinación de ciertos grupos para funcionar. La autora señala que esta dinámica es visible en eventos políticos recientes en todo el mundo, desde líderes en América Latina y Europa hasta los Estados Unidos, todos utilizando tácticas similares para enmarcar la igualdad de género como una amenaza existencial.
El artículo concluye explicando por qué los métodos actuales para combatir este retroceso suelen fallar. Las estrategias que dependen únicamente de la verificación de hechos o la corrección de la desinformación son ineficaces porque abordan la parte lógica del cerebro, mientras que el problema reside en los impulsores emocionales y sociales. Para tener éxito, las contraestrategias deben trabajar en los tres niveles. Necesitan utilizar un lenguaje moral que resuene con las bases vinculantes de la lealtad y el cuidado, en lugar de solo la equidad. Deben hacer visible a la mayoría silenciosa que apoya la igualdad para romper la cascada de conformidad. Finalmente, requieren cambios en la arquitectura digital misma para detener la amplificación de la indignación. La autora enfatiza que, si bien los mecanismos descritos son poderosos y reales, el retroceso no es inevitable. Debido a que es un resultado producido, puede ser combatido mediante la comprensión de las herramientas conductuales específicas utilizadas para crearlo y mediante la reconstrucción de espacios genuinos para la acción política colectiva.
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