A Climate Gentrification Assessment Framework for Low-Lying Coastal Cities: Evidence from Lagos, Nigeria
Este estudio desafía la comprensión centrada en la elevación de la gentrificación climática al proponer y aplicar un nuevo marco de evaluación a Lagos, Nigeria, el cual demuestra que las disparidades en la resiliencia de la infraestructura y la inversión, más que la altura geográfica, impulsan la transformación del mercado de la vivienda y la desigualdad socioespacial en las ciudades costeras de baja altitud.
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Imagina una ciudad donde el suelo es plano, apenas elevándose sobre el océano, y la amenaza de las inundaciones es una realidad constante para todos. En un lugar así, cabría esperar que el peligro del agua se distribuyera de manera uniforme, afectando por igual a los barrios ricos y pobres. Sin embargo, en muchas ciudades costeras de todo el mundo, está surgiendo un patrón diferente. A medida que el cambio climático trae lluvias más intensas y un aumento del nivel del mar, las personas y el dinero se desplazan hacia zonas que se sienten más seguras. Este movimiento cambia el carácter de los barrios, desplazando a menudo a las personas que han vivido allí durante generaciones. Este proceso se conoce como gentrificación climática. Durante años, los investigadores han estudiado este fenómeno principalmente en lugares como Miami, donde la explicación era sencilla: el terreno elevado es más seguro, por lo que se vuelve más valioso, mientras que el terreno bajo se vuelve menos deseable. Pero, ¿qué sucede en ciudades donde el terreno es plano en todas partes? ¿Se aplica la misma regla, o hay una fuerza diferente en juego?
Un nuevo estudio se propuso responder a esta pregunta analizando Lagos, Nigeria, una de las ciudades de más rápido crecimiento y más propensa a las inundaciones en el continente africano. Los investigadores, liderados por Godson Wogu, Kemi Adeyeye y Alex Copping, querían comprender cómo funciona la gentrificación climática cuando la elevación —la altura de la tierra sobre el nivel del mar— no puede ser la razón principal del cambio. En Lagos, toda la zona costera es de baja altitud, lo que significa que una simple diferencia de altura no puede explicar por qué un barrio está prosperando mientras otro está luchando por sobrevivir. En lugar de buscar colinas, el equipo buscó algo más: la calidad de la infraestructura. Se preguntaron si la presencia de sistemas de drenaje sólidos, carreteras bien mantenidas y una gestión de residuos fiable podría crear una "ventaja climática" de manera tan efectiva como un terreno elevado.
Para construir un panorama claro, los investigadores recopilaron primero evidencia de quince estudios diferentes publicados entre 2018 y 2025. Estos estudios cubrieron la gentrificación climática en ciudades de todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Australia y Filipinas. Mediante la lectura y comparación cuidadosa de estos informes, el equipo identificó tres cosas principales que siempre ocurren cuando se produce la gentrificación climática: cambios en el entorno físico, cambios en la economía local y el mercado de la vivienda, y el papel de la planificación gubernamental. También descubrieron tres formas específicas en las que estos cambios interactúan. Primero, se invierte dinero para hacer que un área sea más resiliente a las inundaciones. Segundo, esa inversión hace que el área sea más atractiva para compradores y desarrolladores adinerados. Tercero, esta combinación eleva los precios y dificulta que los residentes de menores ingresos puedan quedarse. Los investigadores empaquetaron estos hallazgos en una nueva herramienta, un marco diseñado para detectar la gentrificación climática en cualquier ciudad costera, independientemente de su topografía.
El equipo llevó luego este marco a Lagos y lo aplicó a seis barrios costeros diferentes. Eligieron cuatro áreas en el lado de la Isla de Lagos —Ikoyi, Victoria Island, Maroko y Lekki— y dos en el lado de la zona continental —Makoko y Apapa. Utilizando una combinación de observaciones de campo, mapas satelitales y datos locales de vivienda, recorrieron estos barrios para ver qué había realmente allí. La diferencia era abismal. En los barrios de la Isla, los investigadores vieron casas modernas, carreteras anchas y pavimentadas y extensos sistemas de drenaje que claramente estaban mantenidos. Había evidencia de nuevas construcciones e intensa inversión. En contraste, los barrios de la zona continental mostraban signos de abandono: viviendas informales, canales de drenaje bloqueados, cúmulos de desechos y carreteras que se convertían en ríos durante la lluvia. Crucialmente, los mapas digitales confirmaron que todos estos barrios se encontraban aproximadamente a la misma baja elevación. La tierra era plana en todas partes; la diferencia no estaba en el suelo, sino en las tuberías y carreteras construidas sobre él.
El mercado inmobiliario contaba la misma historia. En los barrios mejor equipados, el valor de las propiedades y los alquileres eran significँativamente más altos, y la zona estaba experimentando una ola de nuevos desarrollos de lujo. En las zonas descuidadas, la vivienda seguía siendo antigua y barata, con pocos signos de nueva inversión. Los investigadores descubrieron que la "ventaja climática" en Lagos no consistía en estar en una colina; consistía en tener la infraestructura para mantener el agua fuera. Esta distribución desigual de la resiliencia creó una división donde algunas comunidades se sentían seguras y deseables, mientras que otras permanecían vulnerables y económicamente estancadas. El estudio sugiere que, en ciudades de baja altitud, la capacidad de pagar o acceder a una buena infraestructura se está convirtiendo en el nuevo determinante de la seguridad, reemplazando a la elevación como el principal motor del cambio en los barrios.
Este hallazgo desafía la creencia largamente sostenida de que la gentrificación climática es únicamente una historia de tierras altas frente a tierras bajas. Los autores sostienen que, si bien la elevación importa en algunos lugares, no es la única forma en que el riesgo climático transforma una ciudad. En lugares como Lagos, la producción espacial de la seguridad está impulsada por las decisiones de inversión. Cuando los gobiernos y los desarrolladores privados vierten dinero en drenajes y carreteras en áreas específicas, crean inadvertidamente un mercado donde esas áreas se convierten en enclaves exclusivos de seguridad. Este proceso puede ocurrir incluso cuando toda la ciudad está en riesgo de inundación. El estudio no pretende haber resuelto el problema de la desigualdad, pero ofrece una nueva forma de verlo. Al demostrar que la resiliencia de la infraestructura puede actuar como un poderoso motor de la gentrificación, la investigación pone de relieve una brecha crítica en la forma en que planificamos para el cambio climático. Si solo nos centramos en construir muros marinos o elevar el terreno, podríamos pasar por alto el hecho de que el acto mismo de construir resiliencia en un lugar puede dejar a otro atrás, profundizando la división entre quienes pueden permitirse estar seguros y quienes no.
Las implicaciones de este trabajo se extienden más allá de Lagos. A medida que más ciudades costeras enfrentan la realidad del aumento del nivel del mar y las tormentas intensas, la forma en que elijan invertir en protección dará forma a su futuro social. El estudio sugiere que los planificadores y responsables políticos deben mirar más allá del paisaje físico y considerar cómo sus decisiones sobre carreteras, drenajes y vivienda afectan a quién se queda y a quién se expulsa. El marco desarrollado por los investigadores ofrece una forma de rastrear estos cambios, ayudando a garantizar que los beneficios de la adaptación climática se compartan de manera más justa. En un mundo donde el suelo puede ser plano para todos, la pregunta ya no es solo dónde subirá el agua, sino quién tiene las herramientas para mantenerla alejada.
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