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Medical Students’ Perceptions of ChatGPT Use in Medical Learning: A Cross‑Sectional Survey at the Faculty of Medicine and Pharmacy of Marrakech

Un estudio transversal de estudiantes de medicina de la Facultad de Medicina y Farmacia de Marrakech revela que, si bien ChatGPT es ampliamente adoptado y percibido como una herramienta eficaz para mejorar la autonomía y la comprensión del aprendizaje, su integración en los currículos médicos requiere supervisión pedagógica y directrices éticas para abordar las preocupaciones relativas a la fiabilidad, la confidencialidad de los datos y el razonamiento clínico.

Autores originales: Abdelbasset Chalabi², Anass Chbihi‑Kaddouri¹, Ilyass Chergaoui¹, Anass Kherrab¹, Maria Adel¹, Mirieme Ghazi¹, Radouane Niamane¹

Publicado 2026-08-19
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Abdelbasset Chalabi², Anass Chbihi‑Kaddouri¹, Ilyass Chergaoui¹, Anass Kherrab¹, Maria Adel¹, Mirieme Ghazi¹, Radouane Niamane¹

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el aula moderna, un nuevo tipo de tutor ha entrado silenciosamente en escena. No es una persona, sino un programa informático capaz de generar texto de apariencia humana, responder preguntas complejas y explicar ideas difíciles en segundos. Esta tecnología, conocida como inteligencia artificial generativa, se ha convertido rápidamente en parte de la vida diaria de estudiantes en todas partes. En el campo de la medicina, donde el volumen de información para memorizar es vasto y los riesgos de precisión son increíblemente altos, estas herramientas ofrecen una promesa tentadora: una forma de aprender más rápido, comprender más profundamente y prepararse de manera más efectiva para los exámenes. Sin embargo, esta conveniencia viene acompañada de una sombra. Los educadores y médicos temen que confiar demasiado en una máquina pueda debilitar la capacidad propia del estudiante para pensar críticamente, recordar hechos o tomar juicios acertados cuando no haya una pantalla presente. La pregunta central ya no es si estas herramientas existen, sino cómo los futuros médicos las están utilizando realmente, si las encuentran útiles y si son conscientes de los riesgos que implica confiar en una máquina para su educación.

Un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina y Farmacia de Marrakech, Marruecos, decidió investigar exactamente esta dinámica. Querían ver cómo los estudiantes de medicina en su propio país estaban interactuando con una de las versiones más populares de esta tecnología, un chatbot llamado ChatGPT. Durante el año académico 2024–2025, los investigadores invitaron a todos los estudiantes de medicina de su universidad, desde su primer año de estudio hasta su último año, a compartir sus experiencias. En total, 1.628 estudiantes fueron invitados, y 451 de ellos completaron una encuesta en línea anónima. El objetivo era mapear cómo estos futuros médicos estaban utilizando la herramienta, qué pensaban de su valor y qué preocupaciones les quitaban el sueño respecto a su uso.

Los resultados revelaron que la herramienta ya se ha convertido en un elemento básico en la rutina diaria de estos estudiantes. Casi nueve de cada diez estudiantes informaron usar el chatbot. Para quienes lo usaron, la experiencia fue abrumadoramente positiva. Más del 90 por ciento de los usuarios consideraron la herramienta eficaz, y el 94 por ciento dijo estar satisfecho con ella. Casi todos tenían la intención de seguir utilizándola a medida que continuaran sus estudios. Los estudiantes no solo la usaban para datos simples; recurrían a ella para un aprendizaje profundo. El uso más común fue aclarar conceptos médicos confusos, con casi tres cuartas partes de los estudiantes utilizándola para este propósito. También fue una ayuda importante para la preparación de exámenes, con casi la mitad de los estudiantes usándola para crear preguntas de práctica o repasar para los exámenes. Muchos informaron que la herramienta les ayudaba a sentirse más seguros y más independientes en su aprendizaje, permitiéndoles estudiar bajo sus propios términos sin esperar a que un profesor explicara un tema difícil.

Al pedirles que compararan este asistente digital con los métodos de estudio tradicionales, como libros de texto o clases magistrales, la mayoría de los estudiantes sintió que el chatbot era más efectivo. Apreciaron su capacidad para proporcionar respuestas inmediatas y personalizadas, y para simular escenarios clínicos. Los estudiantes no eran solo consumidores pasivos de esta tecnología; estaban integrándola activamente en su flujo de trabajo. La utilizaban para generar tarjetas de memoria (flashcards), traducir textos médicos e incluso ayudar a estructurar su redacción académica. El sentido de autonomía era fuerte, con más del 80 por ciento de los usuarios sintiendo que la herramienta mejoraba su capacidad para buscar información y estudiar de forma independiente.

A pesar de esta adopción generalizada y alta satisfacción, los estudiantes no eran ciegos ante los peligros. De hecho, una parte significativa del grupo, casi el 70 por ciento, expresó serias preocupaciones éticas. Sus temores no eran abstractos; eran prácticos y específicos. El temor más común era que los estudiantes pudieran volverse demasiado dependientes de la herramienta, perdiendo su propia capacidad de razonar un problema sin ella. También les preocupaba la fiabilidad de las respuestas, sabiendo que la máquina a veces podía inventar hechos o proporcionar información incorrecta. También hubo preocupaciones sobre la privacidad de los datos de los pacientes y el potencial de que la tecnología cambiara la relación entre médico y paciente. Los estudiantes reconocieron que, si bien la herramienta era poderosa, no era un sustituto del juicio humano ni de las habilidades esenciales de empatía y pensamiento crítico.

El estudio también mostró que los estudiantes estaban ávidos de orientación. Más del 95 por ciento apoyaba la idea de incluir la formación en inteligencia artificial en su currículo médico oficial. No querían aprender sobre estas herramientas por su cuenta; querían lecciones estructuradas sobre cómo usarlas de forma segura y crítica. Sugirieron que el currículo debería incluir módulos sobre cómo verificar la información, cómo hacer las preguntas correctas y cómo detectar errores. Los investigadores concluyeron que, si bien los estudiantes habían adoptado la tecnología de forma natural, su educación necesitaba ponerse al día. El camino a seguir, según los hallazgos, no es prohibir estas herramientas o dejar que los estudiantes las usen sin supervisión, sino integrarlas cuidadosamente. Al enseñar a los estudiantes cómo usar estos poderosos sistemas de manera responsable, las facultades de medicina pueden asegurar que los futuros médicos sigan siendo pensadores agudos y críticos que utilizan la tecnología como una aliada y no como una muleta.

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