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Case series: The use of laser assisted blood coagulation (LBC) in socket preservation without primary closure in implant dentistry

Esta serie de casos de veinte años demuestra que el uso de un láser de diodo de 810 nm para la coagulación sanguínea asistida por láser (LBC) en la preservación de alvéolos sin cierre primario promueve la formación de un coágulo estable, preserva el tejido queratinizado y asegura una regeneración ósea predecible y una estabilidad de los implantes a largo plazo.

Autores originales: Kenneth Luk

Publicado 2026-09-09
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Autores originales: Kenneth Luk

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cuando se pierde un diente, el hueso mandibular que antes lo sostenía no se queda simplemente ocioso; comienza a encogerse y a remodelarse, de forma muy similar a cómo un paisaje se erosiona después de que un río cambia su curso. Este proceso natural, conocido como reabsorción ósea, puede dificultar la colocación de un implante dental más adelante, ya que puede no haber una base lo suficientemente sólida para soportar la nueva raíz artificial. Para prevenir esto, los dentistas suelen realizar un procedimiento llamado preservación de alveolo, donde llenan el hueco vacío con material de injerto óseo inmediatamente después de la extracción. Sin embargo, este delicado trabajo enfrenta una amenaza constante: la tendencia natural del cuerpo a rechazar materiales extraños o a no cubrirlos con tejido gingival sano. Si el injerto se expone al aire o a las bacterias de la boca antes de sanar, el tratamiento puede fallar, dejando al paciente con una mandíbula comprometida y un implante fallido. El objetivo es siempre crear un entorno estable y sellado donde el nuevo hueso pueda crecer sin perturbaciones, pero lograr esto sin suturar la encía firmemente cerrada ha sido durante mucho tiempo un desafío.

En una serie de casos que abarca veinte años, un investigador de la Universidad de Hong Kong exploró un enfoque diferente para este problema utilizando un tipo específico de láser. En lugar de depender únicamente de suturas para cerrar la herida, el equipo utilizó un láser de diodo de 810 nanómetros para asistir en la formación de un coágulo de sangre. El proceso comenzó fomentando el sangrado en el alveolo de la extracción, ya sea de forma natural o mediante la estimulación suave del tejido. Para algunos casos, se utilizó un láser diferente para descontaminar el área antes del procedimiento principal. Luego, el láser de 810 nm se dirigió hacia el alveolo con configuraciones de alta potencia. En lugar de quemar el tejido, la energía lumínica actuó sobre la sangre, provocando que esta coagulara rápidamente y formara una superficie firme y gelatinosa que selló la abertura. Esta técnica, llamada coagulación sanguínea asistida por láser, permitió que el alveolo sanara sin la necesidad de un cierre primario, que es el término médico para suturar los colgajos de la encía de forma apretada. El resultado fue un entorno estable donde el coágulo de sangre actuó como un vendaje natural, protegiendo el injerto óseo subyacente mientras el cuerpo realizaba su labor.

El estudio siguió a seis pacientes diferentes durante dos décadas, documentando resultados que variaron desde el éxito inmediato hasta la estabilidad a largo plazo. En un caso notable que involucró a un hombre de treinta años, se extrajo un diente y se colocó un implante junto con material de injerto óseo. Se utilizó el láser para sellar el sitio y no se aplicaron puntos de sutura. Seis meses después, se colocó una corona sobre el implante. Incluso después de que la corona se aflojara tres años más tarde, el implante subyacente permaneció sólido, y un seguimiento realizado veintiún años después de la cirugía inicial mostró que el nivel óseo alrededor del implante era excelente. En otro caso, un paciente con un injerto óseo expuesto fue tratado limpiando el área con un láser diferente y luego aplicando la técnica de coagulación sanguínea. En un plazo de seis semanas, el tejido gingival había madurado y cerrado sobre el sitio, y catorce años después, el implante permanecía estable con niveles óseos saludables. Estos patrones se repitieron en varios casos, incluyendo pacientes de mayor edad y aquellos con problemas de encías complejos, mostrando todos que los alveolos tratados con láser sanaban de manera predecible.

Lo que hace que este hallazgo sea significativo es la consistencia de los resultados sin la necesidad de un cierre quirúrgico complejo. Los investigadores observaron que los coágulos tratados con láser formaban una superficie oscura y carbonizada que se mantenía firme, evitando que el material de injerto se cayera o se infectara. Esta estabilidad permitió la regeneración tanto del hueso duro como del tejido blando de la encía, preservando el volumen del tejido queratinizado —el tejido gingival resistente y duradero que es esencial para la salud a largo plazo del implante. En varios casos, el cociente de estabilidad del implante, una medida de qué tan firmemente el hueso sujeta al implante, registró valores altos, indicando que los implantes estaban seguros. El estudio también señaló que los pacientes que siguieron instrucciones postoperatorias específicas, como evitar pajitas (popotes), alimentos picantes y fumar durante la primera semana, tuvieron los mejores resultados. Estas sencillas precauciones ayudaron a asegurar que el delicado coágulo formado por el láser no se desplazara durante la primera semana crítica de curación.

El artículo no afirma que este método sea una cura universal para cada situación dental, ni sugiere que los láseres reemplacen todas las demás técnicas quirúrgicas. En cambio, presenta una herramienta fiable que puede utilizarse cuando el cierre primario es difícil o cuando la prioridad es preservar la forma natural de la encía. El autor reconoce que diferentes configuraciones de láser pueden producir diferentes efectos; por ejemplo, las configuraciones de baja potencia podrían tardar más en formar un coágulo, mientras que las configuraciones de alta potencia utilizadas en esta serie crearon un sello rápido y firme. El estudio también insinúa posibilidades futuras, señalando que las nuevas unidades de láser pueden combinar diferentes colores de luz para penetrar el tejido a diversas profundidades, ofreciendo potencialmente un control aún mayor. Sin embargo, la conclusión central permanece fundamentada en los datos presentados: el uso de un láser de diodo de 810 nanómetros para coagular la sangre en un alveolo de extracción promueve una curación estable, una regeneración ósea predecible y el éxito del implante a largo plazo, todo ello evitando la necesidad de suturas apretadas. Este enfoque ofrece una solución práctica para mantener la estructura de la mandíbula, asegurando que, cuando un paciente reciba eventualmente un nuevo diente, este descanse sobre una base que ha sido cuidadosamente y efectivamente preservada.

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