No need, or no category? Recording refusal of generative AI in European official statistics
Este artículo sostiene que las estadísticas oficiales europeas atribuyen erróneamente la falta de uso de la IA generativa a una carencia de necesidad debido a que las limitaciones en el diseño de las encuestas no logran captar barreras críticas como la discapacidad y el costo, confundiendo así los artefactos de medición con una verdadera indiferencia pública.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
Cuando los gobiernos quieren comprender cómo vive la gente, a menudo recurren a las encuestas oficiales. Estas no son conversaciones casuales; son herramientas cuidadosamente diseñadas que convierten las complejas vidas humanas en números que el Estado puede contar y gestionar. Para hacer esto posible, los diseñadores de encuestas deben crear categorías: cajas en las cuales las personas puedan encajar sus respuestas. Si la experiencia de una persona no encaja perfectamente en una caja, el sistema a menudo la obliga a elegir la opción más cercana o la coloca en un montón de sobrantes etiquetado como "otro". Este proceso no es solo una cuestión de organización; moldea lo que el gobierno puede ver. Si una encuesta no ofrece una caja para un motivo específico, ese motivo desaparece efectivamente del registro oficial, haciendo que las personas que sostienen ese punto de vista sean invisibles para los responsables políticos. Este es el problema central explorado en un estudio reciente sobre cómo Europa mide su relación con la inteligencia artificial.
El estudio se centra en un momento específico en 2025, cuando la Unión Europea publicó sus primeras estadísticas oficiales sobre por qué las personas no utilizan las herramientas de IA generativa. La historia predominante de estos números era una de indiferencia. Los datos sugerían que la gran mayoría de las personas que no utilizan estas herramientas simplemente no sienten la necesidad de hacerlo. Esta conclusión implicaba que la brecha entre usuarios y no usuarios no era una fractura social profunda, sino más bien una colección de elecciones individuales que requerían poca intervención gubernamental. Sin embargo, un investigador llamado Jonas A. Mandalunes, trabajando con datos de la encuesta oficial de la Unión Europea sobre el uso de la tecnología, descubrió que esta historia tranquilizadora era una ilusión creada por la propia encuesta. La ilusión no fue un error de cálculo, sino un fallo en el diseño de las preguntas formuladas.
Para entender el fallo, uno debe observar cómo se construyó la encuesta. El mismo cuestionario planteó dos preguntas muy similares a dos grupos diferentes de personas. Un grupo, aquellos que no utilizaban internet, recibió la pregunta de por qué permanecían desconectados. Se les dio una larga lista de razones y se les dijo que podían marcar todas las que se aplicaran. Esta lista incluía opciones para discapacidades físicas o mentales, el alto coste de los equipos y una oposición general a internet. El segundo grupo, aquellos que utilizaban internet pero no habían probado la IA generativa, recibió la pregunta de por qué la evitaban. Se les dio una lista mucho más corta y se les pidió que eligieran solo una razón principal. Crucialmente, esta lista corta no incluía opciones para discapacidad, coste u oposición de principios. Una persona que no podía usar la IA debido a una discapacidad visual, o porque no podía permitirse una suscripción, o porque se oponía moralmente a la tecnología, no tenía una caja para marcar. Se veía obligada a elegir una razón que no la describiera o a caer en la categoría de "otro".
El investigador comparó las respuestas de diecinueve países europeos para ver qué le costó esta elección de diseño a los datos. Los hallazgos fueron contundentes. En la encuesta sobre internet, las tres categorías ausentes —discapacidad, coste y oposición de principios— representaban una mediana del 26 por ciento de las razones dadas por los no usuarios. En contraste, la categoría "otro" en la encuesta de IA, que supuestamente debía recoger todas las razones que no encajaban en la lista principal, capturó solo una mediana del 4,5 por ciento. Esta brecha existía en cada uno de los países estudiados. No fue un error fortuito de los datos; persistió incluso cuando el investigador ajustó las cifras para tener en cuenta el hecho de que la encuesta de internet permitía múltiples respuestas mientras que la de IA no lo hacía. Incluso tras este ajuste conservador, la brecha seguía siendo grande, lo que sugiere que una parte significativa de las razones para evitar la IA simplemente no estaba siendo registrada.
El estudio también analizó a quién se estaba dejando fuera. Uno podría asumir que las personas forzadas a la categoría de "otro" eran los mismos grupos de personas mayores o con menor nivel educativo que suelen tener dificultades con la tecnología. Los datos mostraron lo contrario. La brecha era en realidad mayor entre las personas con mayor nivel educativo. Esto tiene sentido si se considera que la categoría ausente era la "oposición de principios". Se requiere recursos y educación para formar una objeción ética y considerada ante una nueva tecnología. Al no ofrecer una caja para este punto de vista, el sistema de encuestas estaba silenciando efectivamente a las personas con mayor probabilidad de tener una razón reflexiva para decir que no. El sistema no solo estaba perdiendo datos; estaba tergiversando la naturaleza del rechazo, convirtiendo una postura reflexiva en una simple falta de interés.
El investigador probó si estas razones ausentes podrían estar escondidas dentro de la respuesta "no hay necesidad". ¿Quizás las personas que se oponían por principios simplemente marcaban "no hay necesidad" porque no tenían otra opción? Los datos no respaldaron esto. El número de personas que decían "no hay necesidad" no aumentó en los países donde las razones ausentes eran más comunes. Tampoco creció la categoría "otro" en esos países. Las razones ausentes no parecían haber ido a ninguna parte; simplemente desaparecieron del registro. Esto llevó a una conclusión preocupante: el aparato estadístico era incapente de ver la discapacidad, el coste o la objeción ética como motivos válidos para rechazar la IA. Cuando un gobierno no puede ver un problema, no puede solucionarlo. Si los datos dicen que la gente simplemente no necesita la tecnología, la respuesta política es no hacer nada o realizar campañas de concienciación. Si los datos mostraran que las personas están excluidas por el coste o la discapacidad, la respuesta sería proporcionar acceso o apoyo.
La historia no termina con una crítica estática, sin embargo. El investigador señaló que el sistema estadístico europeo ya ha comenzado a corregir la parte más obvia de este error. En la versión de la encuesta de 2026, la regla que exigía a las personas elegir solo una razón ha cambiado para permitir múltiples respuestas, y se ha añadido una nueva categoría para "preocupaciones éticas". Esta adición reconoce que las personas pueden rechazar la IA debido a cuestiones como el sesgo o la falta de rendición de cuentas. Sin embargo, el sistema aún no ha añadido cajas para la discapacidad o el coste en la sección de la IA, a pesar de que mantiene esas cajas para la sección de internet. Esto significa que, si bien la encuesta está aprendiendo a escuchar sobre las objeciones éticas, todavía no puede escuchar sobre las barreras materiales que impiden a las personas utilizar la tecnología.
La lección final de este estudio es que la forma en que hacemos las preguntas determina lo que podemos saber sobre el mundo. La encuesta de 2025 produjo una imagen de Europa donde la mayoría de la gente simplemente no quería la IA. Pero esa imagen era un reflección del vocabulario limitado de la encuesta, no necesariamente de la realidad de la vida europea. Los datos demostraron que el sistema estaba construido para escuchar solo un rango estrecho de razones para decir que no. Hasta que la encuesta ofrezca cajas para la discapacidad, el coste y la objeción de principios, las estadísticas oficiales seguirán confundiendo un error de medición con la indiferencia pública, dejando las barreras reales al uso de la tecnología invisibles para los responsables políticos que necesitan verlas.
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