Rare deglacial-aged corals point to weaker El Niño in a colder world
Al combinar los primeros registros de corales fósiles con resolución mensual de la última desglaciación con simulaciones de modelos climáticos, este estudio demuestra que los eventos de El Niño eran más débiles y menos frecuentes en climas más fríos, validando así las proyecciones de los modelos de que los eventos extremos de El Niño se volverán más frecuentes a medida que el planeta se caliente.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
El océano no es una lámina de agua estática; respira. Cada pocos años, un enorme pulso de calor surge a través del Pacífico tropical, desplazando vientos y lluvias a través del globo. Este fenómeno, conocido como El Niño, es la fase cálida de un ciclo natural más amplio llamado El Niño-Oscilación del Sur. Cuando este ciclo está activo, puede desencadenar sequías en Australia, inundaciones en América del Sur y un calor estacionalmente inusual en América del Norte. Durante décadas, los científicos han observado este ciclo con creciente preocupación. En años recientes, las versiones más extremas de estos eventos cálidos parecen estar ocurriendo con mayor frecuencia, lo que genera temores de que un planeta en calentamiento pueda estar subiendo el volumen de estas perturbaciones globales. Pero observar los últimos 150 años de registros humanos es como intentar comprender una tormenta observando apenas una hora de lluvia. Para saber cómo se comporta realmente el clima, los investigadores necesitan mirar mucho más atrás, a un tiempo en que el mundo era muy diferente, para ver cómo reaccionó el pulso del océano ante una Tierra más fría y cubierta de hielo.
Durante mucho tiempo, esta historia profunda fue un punto ciego. La superficie del océano cambia constantemente, y los arrecifes de coral que guardan los secretos de los climas pasados quedaron a menudo sumergidos bajo el aumento del nivel del mar tras la última era glacial. Esto dejó a los científicos con muy pocos registros físicos de la época en que el mundo transitaba de un estado congelado al más cálido en el que vivimos hoy. Sin estos registros, los modelos informáticos que intentan predecir el futuro tenían que adivinar cómo se comportaría El Niño en un mundo frío, y esas conjeturas solían discrepar. Algunos modelos sugerían que el ciclo se debilitaría, mientras que otros predecían que se fortalecería. Para resolver esto, un equipo de investigadores necesitaba una máquina del tiempo, pero en lugar de una máquina, utilizaron el suelo bajo sus pies en la República de Vanuatu.
En el suroeste del Pacífico, una cadena de islas conocida como Vanuatu está emergiendo rápidamente del mar debido a la actividad tectónica. Este levantamiento geológico ha actuado como un ascensor natural, elevando antiguos arrecifes de coral que se formaron hace miles de años, cuando los niveles del mar eran mucho más bajos, hacia el aire donde se encuentran accesibles ahora. Los investigadores viajaron a estas islas para perforar estos esqueletos de coral fosilizados, que habían crecido bajo el agua aproximadamente hace 12,000 a 15,000 años. Los corales son como los anillos de los árboles vivos; construyen sus esqueletos capa por capa, atrapando diminutas firmas químicas del agua en la que crecieron. Al analizar los isótopos de oxígeno dentro de estas capas, el equipo pudo reconstruir la temperatura y la salinidad del océano mes a mes, creando un registro continuo del clima durante la deglaciación, el periodo en que las grandes capas de hielo se estaban derritiendo.
La historia contada por estos antiguos corales fue clara y distinta. Cuando el mundo estaba en su estado más frío, justo cuando las capas de hielo comenzaban a retirarse, el pulso del océano era sorprendentemente silencioso. Los registros mostraron que las oscilaciones entre las fases cálidas y frías eran mucho más débiles de lo que son hoy. Los eventos extremos que causan tales perturbaciones climáticas dramáticas eran raros, ocurriendo quizás cero o una vez por siglo. Este hallazgo no fue solo una suposición basada en las rocas; los investigadores vincularon sus datos físicos con nuevas simulaciones climáticas de alta resolución de ese mismo periodo frío. Las simulaciones contaban la misma historia: en un mundo más frío, el motor que impulsa a El Niño funcionaba a un ralentí bajo. Las vastas diferencias de temperatura entre el ecuador y los polos, que ayudan a alimentar los sistemas de vientos globales, eran lo suficientemente distintas en esa era fría como para suprimir la intensidad de estas oscilaciones oceánicas.
Este descubrimiento proporciona una pieza crucial que faltaba en el rompecabezas para comprender nuestro futuro. El estudio confirma que el comportamiento de El Niño no es fijo; cambia dependiendo del clima de fondo. Los investigadores encontraron un vínculo directo entre la fuerza de la variabilidad del océano y la frecuencia de sus eventos extremos. A medida que el mundo se calentaba desde la fría deglaciación hacia la actual era del Holoceno, las simulaciones y los registros de coral muestran que las oscilaciones se volvieron más fuertes y los eventos extremos se volvieron más frecuentes. Ahora, mirando hacia un futuro donde la actividad humana está añadiendo calor a la atmósfera, el patrón sugiere una trayectoria preocupante. Las simulaciones indican que, si los niveles de dióxido de carbono se duplican, el sistema podría cambiar hacia un régimen nuevo y más volátil donde los eventos extremos de El Niño ocurran con mucha más frecuencia de lo que han ocurrido en los últimos 15,000 años.
El acuerdo entre los antiguos datos de coral y los modelos informáticos modernos otorga a los científicos una clase de confianza poco común. Demuestra que los modelos son capaces de capturar cómo el sistema climático responde a cambios importantes de temperatura. Los datos descartan la idea de que El Niño simplemente desaparecería o se mantendría igual en un clima cambiante; en cambio, apuntan a un sistema que amplifica sus extremos a medida que el planeta se calienta. Mientras que el mundo frío de la última era glacial mantuvo estos eventos bajo control, el mundo cálido del futuro parece preparado para desatarlos con mayor regularidad. Al leer la historia química encerrada en los huesos de los corales antiguos, los científicos han encontrado una forma de contrastar sus predicciones con el pasado profundo, y los resultados sugieren que las tormentas del futuro pueden ser más frecuentes y más severas que las tormentas del pasado reciente.
¿Ahogado en artículos de tu campo?
Recibe resúmenes diarios de los artículos más novedosos que coincidan con tus palabras clave de investigación — con resúmenes técnicos, en tu idioma.