Transient recovery and renewed decline in HPV vaccination coverage in Cameroon after single-dose and gender-neutral vaccination: a secondary analysis of national immunisation coverage estimates, 2020–2025
Este análisis secundario de los datos de inmunización de Camerún para el periodo 2020–2025 revela que, a pesar de un aumento inicial en la vacunación contra el VPH tras el cambio de 2023 a un esquema de dosis única y de género neutro, la cobertura cayó posteriormente debido a barreras de sostenibilidad y de entrega específicas del VPH en lugar de una debilidad general del sistema, lo que requiere una estrategia de recuperación dirigida específicamente a las niñas.
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El cáncer de cuello uterino es una enfermedad devastadora que se cobra la vida de miles de mujeres en Camerún cada año. Es causado por un virus llamado virus del papiloma humano, o VPH, el cual es tan común que casi todos los que tienen vida sexual activa lo encontrarán en algún momento. Afortunadamente, existe una vacuna que puede prevenir esta infección antes de que se establezca. El desafío no radica en la ciencia de la vacuna, sino en la logística para llevarla a los brazos de las personas que más la necesitan: las adolescentes. En muchos lugares, la prestación de servicios de salud a los adolescentes es difícil porque no se encuentran en los mismos lugares que los niños pequeños, y requieren distintos tipos de confianza y permiso de sus familias y comunidades. Cuando un país intenta implementar una nueva vacuna, es como construir un puente sobre un río ancho; los ingenieros deben diseñar la estructura para que soporte el peso, pero también deben asegurar que el camino que conduce a ella esté despejado, que los materiales estén disponibles y que la población local esté dispuesta a cruzarlo.
En Camerún, los funcionarios de salud enfrentaron un rompecabezas complejo con respecto a esta vacuna. Durante años, el país siguió una regla estándar que requería que los niños recibieran dos dosis de la vacuna contra el VPH para estar plenamente protegidos. Sin embargo, los datos mostraron un patrón preocupante: muchas niñas recibían la primera dosis, pero nunca regresaban para la segunda. En 2021, por cada cien niñas que recibieron la primera dosis, solo unas veinticuatro completaron el ciclo completo. Para 2022, la situación apenas había mejorado, con aproximadamente treinta niñas de cada cien que terminaban el curso. Esto significaba que la mayor parte del esfuerzo se desperdiciaba, dejando a la mayoría de las niñas desprotegidas. Para solucionar esto, el gobierno tomó la audaz decisión en enero de 2023 de cambiar a un esquema de dosis única, un cambio respaldado por expertos en salud global que significaba que una sola inyección sería suficiente para la protección completa. También decidieron ofrecer la vacuna a los niños, no solo a las niñas, en un esfuerzo por ser equitativos y detener la propagación del virus.
Los resultados de este cambio fueron inmediatos y dramáticos. En 2023, el número de niñas que recibían la vacuna casi se triplicó, saltando de un bajo 23 por ciento el año anterior a un 68 por ciento. Este aumento fue impulsado por una combinación de la regla más sencilla de una sola dosis, un impulso especial para llegar a las escuelas y comunidades, y la inclusión de los niños. Parecía que el país finalmente había resuelto el problema. Pero la historia no terminó ahí. En lugar de mantenerse estable en este nivel alto, las cifras comenzaron a caer. Para 2024, la cobertura había bajado al 36 por ciento, y para 2025, había caído nuevamente a solo un 30 por ciento. El país había escalado una colina empinada solo para deslizarse de nuevo hacia abajo, perdiendo el terreno ganado en solo dos años.
Los investigadores se propusieron comprender por qué sucedió esto. Examinaron de cerca los datos, comparando las cifras de la vacuna contra el VPH con el desempeño de otras vacunas de rutina aplicadas a bebés, como las del sarampión y la polio. Encontraron algo sorprendente: mientras las cifras del VPH se desplomaban, la cobertura de las otras once vacunas mejoraba o se mantenía estable durante el mismo periodo. Esto le indicó a los investigadores que el problema no era un fallo general del sistema de salud ni una falta de medicinas en el país. Si todo el sistema estuviera roto, todos los números habrían bajado al mismo tiempo. En cambio, el problema era específico del programa del VPH y de los desafíos únicos de llegar a los adolescentes.
El análisis señaló varios obstáculos específicos que causaron el declive. Un factor importante fue la presión de intentar vacunar tanto a niños como a niñas al mismo tiempo. Si bien incluir a los niños es un objetivo noble para la equidad a largo plazo, duplicó el número de personas a las que los trabajadores de la salud debían llegar, requiriendo más dosis de vacunas, más transporte y más planificación. Cuando el entusiasmo inicial de la campaña de 2023 se desvaneció, el sistema luchó por mantener este esfuerzo ampliado, y el enfoque en las niñas —el grupo con mayor riesgo de cáncer de cuello uterino— se diluyó. Otro obstáculo significativo fue la relación con las instituciones de base religiosa. Una gran parte de las escuelas y centros de salud en Camerún son gestionados por grupos religiosos, particularmente la Iglesia Católica. En algunas zonas, estas instituciones tuvieron un acceso restringido a la vacuna debido a preocupaciones u oposición, cerrando efectivamente una vía principal para llegar a miles de niños. Los investigadores señalaron que, si bien algunos líderes religiosos fueron de ayuda, la falta de un mensaje unificado y confiable de todos los grupos de fe creó brechas donde la vacuna no pudo llegar.
También hubo problemas con la cadena de suministro y la comunicación. Aunque el país tenía suficientes vacunas para otras enfermedades, el programa del VPH enfrentó sus propias escaseces y retrasos en la entrega de dosis a los lugares adecuados. Además, el cambio a una dosis única requería una explicación clara para padres y maestros. Sin un mensaje consistente, algunas personas seguían sin estar seguras de si una sola inyección era realmente suficiente, o mantenían viejos temores sobre la seguridad de la vacuna. Los investigadores encontraron que el aumento inicial en 2023 fue probablemente un impulso temporal derivado de un esfuerzo concentrado, pero una vez que ese esfuerzo disminuyó, las debilidades subyacentes del sistema quedaron expuestas.
El estudio concluye que el camino a seguir requiere un cambio de estrategia. Los autores sugieren que el país debería centrar temporalmente sus recursos en lograr la mayor cobertura posible entre las niñas antes de expandir el programa de rutina para incluir nuevamente a los niños. Esto permitiría a los trabajadores de la salud estabilizar el sistema, asegurar un suministro fiable de vacunas y reconstruir la confianza con las comunidades y los líderes religiosos. Enfatizan que la vacuna debe administrarse a través de las escuelas, donde los adolescentes ya se encuentran reunidos, y que esta entrega debe ser protegida y planificada cuidadosamente, en lugar de tratarse como un evento ocasional. Los investigadores también subrayan la necesidad de un plan a largo plazo para involucrar a los líderes religiosos y abordar la desinformación directamente.
En última instancia, el documento muestra que un cambio de política único, como pasar de dos dosis a una, no es una solución mágica. Puede abrir la puerta, pero mantener la puerta abierta requiere un esfuerzo constante, suministros fiables y el apoyo activo de la comunidad. El declive en la cobertura no fue una señal de que la vacuna hubiera dejado de funcionar, sino una señal de que el sistema que la sustentaba aún no era lo suficientemente fuerte para sostener el cambio. Al comprender estos obstáculos específicos, los funcionarios de salud pueden ahora trabajar para construir un programa más resiliente que garantice que cada niña en Camerún tenga la oportunidad de estar protegida de una enfermedad mortal.
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