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Sprint-related hamstring injuries in professional football occur closer to individual maximal running speed: a matched video and tracking case–control study

Este estudio de casos y controles emparejados que combina datos de video y de seguimiento revela que las lesiones de isquiotibiales relacionadas con el sprint en el fútbol profesional ocurren a velocidades absolutas más altas y más cerca de la velocidad máxima de carrera individual de un jugador en comparación con los sprints sin lesión, con el riesgo de lesión aumentando significamente a medida que la velocidad del sprint se aproxima al máximo estacional del jugador.

Autores originales: Aaron Miralles-Iborra, Tomás Urbán, Juan Del Coso, Roberto López-Del Campo, Ricardo Resta, Víctor Moreno-Pérez

Publicado 2026-10-14
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Aaron Miralles-Iborra, Tomás Urbán, Juan Del Coso, Roberto López-Del Campo, Ricardo Resta, Víctor Moreno-Pérez

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo de alto riesgo del fútbol profesional, el músculo isquiotibial es una víctima frecuente de las acciones físicas más exigentes del deporte. Estos músculos, ubicados en la parte posterior del muslo, son esenciales para correr, pero son propensos a desgarrarse cuando el cuerpo se ve llevado a sus límites. Durante décadas, entrenadores y personal médico han sabido que estas lesiones suelen ocurrir mientras un jugador corre a gran velocidad. Para entender por qué, los investigadores han dependido durante mucho tiempo de la medición de qué tan rápido se mueve un jugador en términos absolutos, como kilómetros por hora. Sin embargo, un único número de velocidad cuenta solo parte de la historia. Para un atleta, correr a cierta velocidad puede sentirse como un trote casual, mientras que para otro, esa misma velocidad podría representar un esfuerzo casi máximo que lleva su cuerpo al límite de su capacidad. Esta diferencia en la capacidad individual sugiere que el riesgo de lesión podría depender menos de la lectura bruta del velocímetro y más de qué tan duro se siente esa velocidad para el jugador específico que corre.

Un nuevo estudio se propuso investigar esta pregunta precisa analizando de cerca los momentos en que los jugadores profesionales realmente se lesionaron. Los investigadores recopilaron datos de cuarenta lesiones de isquiotibiales distintas que ocurrieron durante partidos oficiales en la máxima liga de España. Para comprender qué hizo que estos sprints fueran peligrosos, no solo analizaron la lesión de forma aislada. En su lugar, emparejaron cada evento de lesión con otros dos sprints realizados por el mismo jugador durante el mismo partido, donde no ocurrió ninguna lesión. Este método les permitió comparar una carrera peligrosa con una carrera segura, controlando los rasgos físicos únicos y el estilo de juego de cada individuo. Al combinar las imágenes de video con datos precisos de seguimiento óptico que registraban los movimientos de los jugadores, el equipo pudo medir exactamente qué tan rápido iban los jugadores y qué tan cerca estaba esa velocidad de sus máximos personales registrados anteriormente en la temporada.

El análisis reveló un patrón claro: los sprints que terminaron en lesión se realizaron a velocidades ligeramente superiores que los sprints seguros que los mismos jugadores completaron durante el mismo partido. En promedio, los sprints de lesión alcanzaron una velocidad máxima de 27,2 kilómetros por hora, mientras que los sprints seguros promediaron 26,0 kilómetros por hora. Más importante aún, cuando los investigadores observaron estas velocidades en relación con lo que cada jugador era capaz de hacer, la diferencia se volvió aún más significativa. Los sprints de lesión ocurrieron cuando los jugadores corrían aproximadamente al 85 por ciento de su velocidad máxima registrada anteriormente en la temporada, mientras que los sprints seguros ocurrieron a un 81 por ciento. Esto sugiere que cuanto más cerca corre un jugador de su velocidad máxima personal, mayor es la probabilidad de que ocurra una lesión de isquiotibiales. Los datos mostraron que por cada diez puntos porcentuales que la velocidad de un jugador aumentaba en relación con su máximo personal, las probabilidades de que ese sprint específico resultara en una lesión se duplicaban aproximadamente.

El estudio también examinó el contexto de estas lesiones para ver si otros factores jugaban un papel. La gran mayoría de las lesiones, alrededor del 95 por ciento, ocurrieron sin contacto físico de otro jugador. La mayoría ocurrió cuando el jugador no tenía la posesión del balón, y típicamente sucedieron mientras el pie del jugador estaba en el aire, una fase de la carrera conocida como cadena cinética abierta. Estos hallazgos refuerzan la idea de que la lesión es el resultado de la mecánica interna del cuerpo bajo una carga extrema, más que de una colisión externa. Sin embargo, los investigadores fueron cuidadosos al señalar que correr rápido no es la única causa de la lesión. En la mitad de los casos, el jugador completó al menos un sprint durante el partido que fue más rápido que el de la lesión, y aun así permaneció ileso. Esto indica que, si bien la alta velocidad es un factor de riesgo importante, no es un desencadenante garantizado.

Los resultados desafían la idea simple de que existe una única "zona de peligro" de velocidad, como correr a más del 90 por ciento de uno's máximo, que debería evitarse a toda costa. El estudio encontró que, aunque las lesiones eran más comunes a estas intensidades altas, no eran exclusivas de ellas, y muchos jugadores completaron con éxito sprints a intensidades similares o incluso superiores sin sufrir daños. Los investigadores concluyen que la velocidad debe verse como una pieza de un rompecabezas más grande que incluye la fatiga, la fuerza muscular y las demandas tácticas. En lugar de establecer límites de velocidad rígidos para prevenir lesiones, los hallazgos sugieren que monitorear qué tan duro está trabajando un jugador en relación con su propia capacidad personal proporciona una imagen más útil del riesgo. Este enfoque ayuda a los entrenadores a comprender la intensidad de un momento específico de un juego, ofreciendo una forma más clara de gestionar la carga de trabajo del jugador sin asumir que la alta velocidad por sí sola es el enemigo.

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