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📄 ciencias de la Tierra

Local Ecological Knowledge as a Quantifiable Attribute: Variation Among Small-Scale Fishers in Southeastern Brazil

Este estudio demuestra que el conocimiento ecológico local (CEL) entre los pescadores artesanales del sureste de Brasil es un atributo cuantificable que varía significativamente según la experiencia y el conocimiento de las especies, desempeñando un papel fundamental en la mejora de la capacidad de adaptación de la comunidad ante los cambios socioambientales.

Autores originales: Tiago Ribeiro de Souza, Davi Butturi-Gomes, Miguel Petrere Jr. Petrere, Ursulla Pereira Souza

Publicado 2026-10-16
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Autores originales: Tiago Ribeiro de Souza, Davi Butturi-Gomes, Miguel Petrere Jr. Petrere, Ursulla Pereira Souza

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Las comunidades costeras de todo el mundo dependen en gran medida del océano para su alimentación, ingresos e identidad cultural. Los pescadores artesanales, que utilizan embarcaciones y redes sencillas en lugar de enormes barcos de arrastre industriales, suelen ser los primeros en notar cuando el mar cambia. Observan las mareas, el clima y el comportamiento de los peces que capturan. Con el tiempo, esta observación constante construye una comprensión profunda y práctica del entorno marino, conocida como conocimiento ecológico local. Este no es un conocimiento científico formal enseñado en las aulas, sino una biblioteca viva de información transmitida de generación en generación, que detalla dónde viven los peces, cuándo se reproducen, qué comen y cómo se desplazan. A medida que el clima cambia y los entornos costeros se transforman, este conocimiento se convierte en una herramienta crítica para la supervivencia. Ayuda a las comunidades a adaptarse a las nuevas realidades, como el desplazamiento de los peces a diferentes aguas o sus cambios en los patrones estacionales. Comprender cómo se construye este conocimiento, quién lo posee y cómo varía entre diferentes grupos es esencial para proteger tanto a los pescadores como a los ecosistemas de los que dependen.

En los pueblos costeros del sureste de Brasil, un grupo de investigadores se propuso medir esta biblioteca invisible de conocimiento para ver cómo difiere entre los pescadores artesanales. El estudio se centró en cuatro comunidades distintas ubicadas entre las localidades de Peruíbe e Iguape. Estos lugares varían desde zonas con un creciente desarrollo urbano hasta puntos más aislados cerca de reservas naturales protegidas. Los investigadores entrevistaron a 46 pescadores activos, todos los cuales utilizan redes de enmalle para capturar peces. El grupo incluía hombres con edades comprendidas entre los 20 y los 75 años, algunos de los cuales habían pasado apenas cinco años en el agua y otros habían dedicado casi seis décadas al oficio. El equipo realizó preguntas detalladas sobre la vida diaria de los pescadores, sus observaciones de los cambios ambientales y su conocimiento específico sobre las especies que capturan. Para cuantificar este conocimiento, los investigadores no se limitaron a preguntar si un pescador conocía el nombre de un pez. En su lugar, evaluaron cuánto entendía el pescador sobre seis rasgos biológicos específicos de cada especie que mencionaba: qué come el pez, dónde vive, qué lo come, cómo se reproduce, sus etapas de vida y si viaja en grupos.

Los hallazgos revelan que este conocimiento no está distribuido de manera uniforme. Varía significamente de una comunidad a otra y está fuertemente vinculado a cuánto tiempo lleva una persona pescando y a cuántas especies diferentes puede identificar. Los pescadores con más años de experiencia y aquellos que conocen una mayor variedad de especies demostraron tener una comprensión más profunda y sustancial del mundo marino. Por ejemplo, el estudio encontró que por cada especie adicional que un pescador podía nombrar, su probabilidad de poseer un alto nivel de conocimiento ecológico aumentaba drásticamente. Del mismo modo, cada año adicional de experiencia aportaba a su capacidad para reconocer y describir patrones ecológicos complejos. Sin embargo, el estudio también descubrió una brecha generacional. Los pescadores más jóvenes, que comenzaron sus carreras en ecosistemas que ya habían cambiado, a menudo poseían una base de conocimiento diferente a la de los pescadores mayores, que recordaban el océano tal como era hace décadas. Este fenómeno, en el que cada generación acepta las condiciones que encuentra por primera vez como "normales", significa que la memoria colectiva de la comunidad es una mezcla de diferentes experiencias históricas.

Al ser consultados sobre los cambios en su entorno, los pescadores confirmaron que el mar está cambiando. Informaron que los peces están apareciendo en nuevas áreas, a veces en lugares donde nunca antes se habían visto, y que el tiempo de sus llegadas estacionales se ha vuelto menos predecible. En respuesta a estos cambios, han adaptado sus prácticas. Están pescando en aguas más distantes y han modificado su equipo, utilizando específicamente redes más altas que pueden capturar peces que nadan cerca de la superficie así como aquellos que están cerca del fondo. Este cambio les permite dirigirse a una gama más amplia de especies a medida que las capturas tradicionales se vuelven menos fiables. Curiosamente, los investigadores encontraron que, si bien este profundo conocimiento ayuda a los pescadores a reconocer que el cambio está ocurriendo, no dicta automáticamente cómo cambiarán exactamente su equipo. La decisión de alterar el equipo de pesca es una mezcla compleja de observación ecológica, necesidad económica y elección individual. El conocimiento actúa como una base que hace posible la adaptación, pero no es el único factor que impulsa las acciones específicas tomadas.

El estudio también destacó cómo el entorno circundante influye en lo que los pescadores saben. Las comunidades que son más aisladas y que siguen dependiendo fuertemente de la pesca como su principal medio de subsistencia tendieron a retener niveles más altos de conocimiento ecológico. En contraste, los pescadores en áreas más urbanizadas, donde las personas pueden tener otras opciones de empleo y un contacto diario menos directo con la naturaleza, mostraron niveles más bajos de este conocimiento especializado. Esto sugiere que, a medida que las comunidades se integran más en la vida urbana moderna, la transmisión del conocimiento ecológico tradicional puede debilitarse. La investigación concluye que el conocimiento ecológico local es un activo vital y mensurable para las pesquerías artesanales. No es un conjunto estático de hechos, sino un recurso dinámico que crece con la experiencia y se moldea por la relación de la comunidad con la tierra y el mar. Al reconocer y valorar este conocimiento, los gestores y responsables políticos pueden apoyar mejor a estas comunidades mientras navegan por un futuro incierto, asegurando que la sabiduría ganada tras décadas de observar las mareas continúe guiándolas.

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