Generative AI Use and Academic Integrity Behaviour among Law Students in Bangladesh
Este estudio de estudiantes de derecho de Bangladesh revela una brecha significativa entre su alto respaldo a la verificación de materiales jurídicos generados por IA y su menor disposición a declarar la asistencia de la IA, lo que sugiere la necesidad de flujos de trabajo educativos distintos para abordar la verificación y la transparencia por separado.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
En el aula moderna, ha llegado una nueva herramienta que puede escribir ensayos, explicar ideas compleías y redactar argumentos legales en segundos. Esta tecnología, conocida como inteligencia artificial generativa, ofrece a los estudiantes un atajo poderoso, pero plantea una pregunta difícil: ¿cómo mantenemos la honestidad en el aprendizaje cuando una máquina puede hacer gran parte del trabajo? Los educadores e investigadores están tratando de comprender dos reglas específicas que los estudiantes deben seguir para mantenerse honestos. La primera es la verificación, que significa comprobar que los hechos y las leyes que la computadora te proporciona son realmente ciertos y existen en el mundo real. La segunda es la divulgación, que significa decirle al profesor: "Usé una computadora para ayudarme a escribir esto". Aunque estas dos reglas a menudo se agrupan bajo el término "integridad académica", son en realidad tareas muy diferentes. Una trata sobre encontrar la verdad y la otra sobre ser transparente. Comprender si los estudiantes tratan estos dos deberes de la misma manera es crucial para diseñar exámenes y métodos de enseñanza justos en las facultades de derecho y más allá.
Un equipo de investigadores en Bangladesh se propuso observar cómo los estudiantes de derecho en su país manejan estas dos reglas distintas. Recopilaron respuestas de 245 estudiantes que actualmente estudian derecho en una universidad en Dhaka. Los investigadores pidieron a estos estudiantes que calificaran su grado de acuerdo con afirmaciones sobre sus propios hábitos y su sentido del deber. Querían saber si los estudiantes sentían la necesidad de verificar el trabajo de la computadora, si sentían la necesidad de admitir cuando la usaron y si sus sentimientos sobre estos deberes coincidían con lo que realmente decían hacer. El estudio se centró en un grupo específico de estudiantes para asegurar que las respuestas reflejaran la mentalidad de aquellos que se están formando para ser abogados, una profesión donde un solo hecho inventado puede tener consecuencias graves.
Los resultados revelaron una división clara y sorprendente en cómo los estudiantes ven estas dos obligaciones. Cuando se les preguntó sobre sus hábitos reales, el 83.3 por ciento de los estudiantes dijo que verifican las fuentes legales y los hechos proporcionados por la inteligencia artificial para asegurarse de que sean correctos. Sin embargo, solo el 65.3 por ciento dijo que realmente divulga o admite cuando ha utilizado la herramienta para ayudarse. Esta brecha de 18 puntos porcentuales sugiere que los estudiantes ven el hecho de verificar el trabajo como una parte mucho más importante de su labor que el admitir que recibieron ayuda. Los investigadores encontraron que este patrón se mantenía incluso cuando preguntaban sobre lo que los estudiantes deberían hacer en lugar de lo que hacían. En términos de deber, el 82.4 por ciento sintió la responsabilidad de verificar la información, mientras que solo el 66.9 por ciento se sintió responsable de divulgar la asistencia. Esto significa que la diferencia no es solo que los estudiantes no cumplan con lo que prometen; es una diferencia más profunda en cómo valoran estas dos acciones específicas.
El estudio también analizó si los estudiantes que sentían un fuerte sentido del deber realmente cumplían con sus acciones. Sorprendentemente, los datos no mostraron una gran brecha entre lo que los estudiantes decían que debían hacer y lo que decían que realmente hacían. Tanto para la verificación de hechos como para la admisión de ayuda, la diferencia entre el "deber" y el "hacer" fue pequeña y estadísticamente incierta. Este hallazgo desafía la suposición común de que los estudiantes simplemente conocen las reglas pero eligen ignorarlas. En cambio, la evidencia sugiere que, para estos estudiantes, el acto de verificar una fuente legal se siente como un paso natural y necesario en su trabajo, mientras que el acto de declarar que usaron una computadora se siente como una tarea de comunicación separada y, quizás, opcional. Es como si vieran a la computadora como un asistente de investigación que debe ser auditado, pero no necesariamente como un coautor que deba ser nombrado.
Los investigadores fueron cuidadosos al señalar que no podían probar que estos estudiantes estuvieran diciendo la verdad absoluta sobre su comportamiento, ni pudieron determinar exactamente cuántos estaban incurriendo en mala conducta académica. El estudio dependió de lo que los estudiantes reportaron sobre sí mismos, y los datos provinieron de un grupo específico que no fue seleccionado al azar de todos los estudiantes de derecho del país. Además, los investigadores no pudieron verificar la fuente original de los registros digitales que analizaron, por lo que trataron los hallazgos como una instantánea de actitudes reportadas en lugar de un registro confirmado de comportamiento. A pesar de estos límites, el patrón fue consistente a través de diferentes formas de analizar los datos. Incluso cuando los investigadores observaron a los estudiantes que usaban la tecnología con frecuencia o a aquellos que habían recibido capacitación, la brecha entre la verificación y la divulgación se mantuvo.
Este estudio sugiere que, para los estudiantes de derecho en Bangladesh, el concepto de "integridad" no es un bloque único de reglas, sino una colección de diferentes hábitos. Están altamente motivados para asegurar que los hechos legales que utilizan sean precisos, probablemente porque entienden que un abogado no puede confiar en un caso falso. Sin embargo, son menos consistentes respecto al requisito de ser transparentes sobre el uso de la herramienta en sí. Los investigadores proponen que las escuelas no deberían tratar estos dos problemas como el mismo problema. En lugar de una política única sobre el "uso de la IA", los educadores podrían necesitar enseñar dos flujos de trabajo separados: uno para verificar rigurosamente la autoridad de las fuentes legales, y otro para documentar claramente cómo se utilizó la tecnología en el proceso de redacción. Al separar estas tareas, los profesores pueden ayudar a los estudiantes a comprender que ser honestos sobre su proceso es tan vital como ser precisos en sus hechos, incluso si los estudiantes actualmente sienten algo distinto sobre ambos.
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