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🧠 neuroscience

Differential impact of ageing on reward driven changes in motor control

Este estudio revela que, si bien la recompensa monetaria mejora tanto la velocidad de movimiento como la selección de acciones en adultos jóvenes y mayores, el envejecimiento atenúa específicamente el aumento del vigor del movimiento impulsado por la recompensa sin alterar significativamente los efectos de la recompensa sobre la precisión en la selección de acciones.

Autores originales: Alghamdi, A. A., Galea, J. M.

Publicado 2026-08-27
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Autores originales: Alghamdi, A. A., Galea, J. M.

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

El movimiento humano rara vez es solo un acto mecánico; está profundamente ligado a la motivación. Cuando estiramos la mano para alcanzar una taza de café o nos subimos a una cinta transportadora, nuestros cerebros sopesan el valor de la meta frente al esfuerzo requerido para llegar a ella. Este proceso, conocido como procesamiento de recompensa, nos ayuda a decidir qué tan rápido movernos y qué camino tomar. A medida que las personas envejecen, la forma en que sus cerebros gestionan estas recompensas cambia. Los científicos se han preguntado durante mucho tiempo si estos cambios en cómo los adultos mayores perciben el valor podrían también cambiar su forma de moverse. Si el sistema de recompensa del cerebro se vuelve menos sensible con la edad, esto podría significar que los adultos mayores no aceleran o se mueven con la misma energía cuando hay un premio de por medio, lo que potencialmente afectaría su capacidad para realizar las tareas diarias de manera eficiente.

Para explorar esto, los investigadores reunieron a dos grupos de voluntarios: veintiocho adultos jóvenes y veintiocho adultos mayores. Les pidieron a todos que realizaran una tarea sencilla que consistía en alcanzar un objetivo en una pantalla. El experimento fue diseñado para observar dos partes diferentes del movimiento. Primero, examinaron cómo las personas se movían una vez que ya habían decidido hacia dónde ir, lo cual se denomina ejecución de la acción. Segundo, observaron cómo las personas elegían hacia dónde ir cuando aparecía una opción distractora en la pantalla, lo cual se llama selección de la acción. En algunas pruebas, los investigadores ofrecieron una recompensa monetaria por completar la tarea de forma rápida y precisa, mientras que en otras, no se ofreció ninguna recompensa. Esta configuración permitió al equipo ver si la promesa de dinero cambiaba la forma en que los participantes se movían y si estos cambios eran diferentes para el grupo de mayores en comparación con el de jóvenes.

Los resultados revelaron un patrón claro en cómo la promesa de una recompensa influyó en el movimiento. Cuando había dinero en juego, tanto los adultos jóvenes como los mayores movieron sus manos más rápido y completaron la tarea de alcance en menos tiempo. Crucialmente, este aumento de velocidad no tuvo como costo la precisión; ninguno de los grupos cometió más errores cuando intentaban ganar la recompensa. Sin embargo, un análisis más detallado mostró que los adultos jóvenes respondieron con mayor fuerza al incentivo. Sus movimientos se volvieron significativamente más vigorosos, lo que significa que ganaron más velocidad e impulso, en comparación con los adultos mayores. Aunque los adultos mayores sí se movieron más rápido cuando fueron recompensados, el aumento en la energía de su movimiento no fue tan grande como el del grupo de jóvenes.

La historia fue diferente cuando los investigadores observaron cómo las personas elegían sus objetivos. Cuando apareció una opción distractora, la promesa de una recompensa hizo que todos reaccionaran más rápido, pero también los hizo ligeramente menos precisos al elegir el objetivo correcto. Este intercambio entre velocidad y precisión ocurrió en ambos grupos de edad, y la magnitud de este efecto fue la misma para jóvenes y mayores. Este hallazgo sugiere que, si bien el cerebro que envejece puede volverse menos sensible a las recompensas en lo que respecta a la potencia física de un movimiento, la forma en que equilibra la velocidad y la precisión durante una decisión permanece intacta. El estudio indica que el envejecimiento no embota la respuesta del cerebro a las recompensas de una manera uniforme. En cambio, reduce específicamente la energía extra que ponemos en nuestros movimientos cuando estamos motivados, mientras deja sin cambios nuestra velocidad de decisión y precisión bajo presión. Estos conocimientos ayudan a esclarecer cómo interactúan la motivación y el envejecimiento, sugiriendo que los esfuerzos futuros para fomentar el movimiento en adultos mayores podrían necesitar enfocarse en estrategias diferentes a las utilizadas para las personas jóvenes.

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