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📄 psiquiatría y psicología clínica

Understanding How the Self-Regulation in Sport Practice Survey is Received by Mental Performance Consultants for Prospective Use in Applied Practice

Este estudio encontró que, si bien la mayoría de los Consultores de Rendimiento Mental canadienses consideran la encuesta de Práctica de Autorregulación en el Deporte (SRSP, por sus siglas en inglés) como una herramienta valiosa para mejorar la autoconciencia del atleta y la conceptualización de casos, su aplicación prospectiva se ve complicada por divisiones filosóficas y escepticismo respecto a la evaluación cuantitativa entre algunos profesionales.

Autores originales: Young, B. W., Hoar, S., Bain, L., Baker, J.

Publicado 2026-10-31
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Autores originales: Young, B. W., Hoar, S., Bain, L., Baker, J.

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ⚕️ Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo de alto riesgo de los deportes competitivos, la diferencia entre un buen atleta y uno excelente se encuentra a menudo no en el juego final, sino en las horas silenciosas y repetitivas de práctica. Mientras que los entrenadores se enfocan en la técnica y el acondicionamiento físico, un número creciente de especialistas conocidos como consultores de rendimiento mental trabajan en el lado psicológico del entrenamiento. Estos profesionales ayudan a los atletas a gestionar su enfoque, su motivación y su capacidad para aprender de los errores. Una idea central en su trabajo es el "aprendizaje autorregulado", que simplemente significa la capacidad de un atleta para tomar el control de su propio proceso de aprendizaje: establecer una meta, intentar una tarea, comprobar cómo fue y ajustar para la próxima vez. Para los atletas jóvenes, desarrollar esta habilidad es crucial porque les permite convertirse en aprendices independientes que pueden mejorar incluso cuando nadie los está mirando. Sin embargo, durante mucho tiempo ha existido una brecha entre las herramientas académicas diseñadas para medir estas habilidades y los métodos del mundo real que los consultores utilizan para ayudar a sus clientes. Muchos profesionales se han vuelto escépticos ante los cuestionarios estandarizados, temiendo que se sientan demasiado como una prueba clínica y no lo suficiente como una conversación.

Para cerrar esta brecha, un equipo de investigadores en Canadá se propuso ver cómo estos consultores de rendimiento mental recibirían y utilizarían realmente una herramienta específica llamada la encuesta de Autorregulación en la Práctica Deportiva. Esta encuesta fue diseñada para preguntar a los atletas sobre sus hábitos durante el entrenamiento, como si planifican sus sesiones, comprueban su progreso o reflexionan sobre lo que salió mal. Los investigadores querían saber si los consultores, que son las personas que realmente realizan el trabajo con los atletas, encontrarían útil esta encuesta o si la descartarían como otro pedazo de papeleo. Reunieron a doce consultores experimentados de todo Canadá y les pidieron que hicieran algo inusual: tenían que completar la encuesta ellos mismos, pero no como ellos mismos. En su lugar, cada consultor tenía que imaginar a un cliente adolescente específico y completar las preguntas como si fuera esa persona joven. Después, los investigadores se sentaron con cada consultor para una larga conversación para discutir qué pensaban de la encuesta, qué información creían que podría revelar y cómo podrían usarla en su trabajo diario.

Los resultados revelaron una división fascinte en cómo estos profesionales ven el papel de los números en su trabajo. Aproximadamente la mitad de los consultores abordaron la encuesta con reticencia. Describieron una preferencia profunda por hablar con los atletas en lugar de evaluarlos. Para estos consultores, completar un formulario se sentía impersonal, como una prueba diagnóstica que podría encasillar a un joven en una caja basada en una puntuación. Temían que depender de una encuesta detuviera su capacidad de construir el rapport necesario con un atleta o de escuchar la historia completa detrás de las respuestas. Expresaron la firme creencia de que comprender a un atleta requiere un enfoque narrativo, donde el consultor hace preguntas abiertas y escucha las experiencias únicas del atleta, en lugar de marcar casillas en una página.

Sin embargo, la otra mitad del grupo vio la encuesta como un recurso poderoso. Estos consultantes veían las preguntas no como una prueba para ser calificada, sino como un mapa para guiar una conversación. Creían que la encuesta podría ayudarles a detectar áreas donde un atleta podría estar teniendo dificultades sin darse cuenta. Por ejemplo, si un atleta diera una puntuación baja en una pregunta sobre planificación, no significaría necesariamente que el atleta fuera malo planificando; simplemente sería una señal de un tema que vale la pena explorar. Estos consultores imaginaban usar los resultados de la encuesta para iniciar un diálogo, preguntando al atleta: "Veo que calificaste tu preparación con un puntaje bajo; ¿puedes contarme cómo es eso para ti?". En esta visión, los números servían como un punto de partida para una discusión más profunda, ayudando a descubrir los verdaderos sentimientos y hábitos del atleta. Vieron la encuesta como una forma de ayudar a los atletas jóvenes a ser más conscientes de sus propios procesos de aprendizaje, dándoles un vocabulario para describir lo que estaban haciendo y por qué.

Incluso entre aquellos que eran inicialmente escépticos, la conversación cambió a medida que interactuaban con el contenido específico de la encuesta. Muchos de los consultores reticentes comenzaron a ver que las preguntas en sí mismas eran valiosas, incluso si no querían usar las puntuaciones finales. Se dieron cuenta de que las afirmaciones específicas de la encuesta podían extraerse y usarse como temas de discusión durante una reunión presencial. En lugar de entregar a un atleta un formulario para que lo completara solo, un consultor podría sentarse con el atleta y discutir cada pregunta juntos, usando la encuesta como una herramienta de "pensar en voz alta". Este enfoque les permitía mantener la fluidez de la conversación mientras seguían recopilando la información estructurada que proporcionaba la encuesta. Encontraron que la encuesta cubría terrenos importantes que a menudo se pasan por alto en una conversación casual, como cómo un atleta maneja cambios inesperados en una práctica o cómo gestiona su esfuerzo cuando las cosas se ponen difíciles.

El estudio también destacó cómo la encuesta podría ayudar a los consultores a comprender el entorno en el que entrena un atleta. Algunos consultores señalaron que la encuesta podría revelar si un atleta está aprendiendo realmente por su cuenta o si simplemente está siguiendo órdenes de un entrenador. Si un atleta puntuara alto en autorregulación, podría significar que tenía un entrenador que fomentaba la independencia, o podría significar que el atleta era naturalmente impulsado. Si puntuaba bajo, podría indicar que el entorno de entrenamiento era demasiado controlador, dejando al atleta sin espacio para practicar la toma de sus propias decisiones. Este conocimiento permitió a los consultores mirar más allá de las habilidades personales del atleta y considerar el contexto más amplio de su entrenamiento, incluyendo el estilo de coaching y la cultura del equipo.

En última instancia, la investigación sugiere que el valor de una encuesta como esta depende enteramente de cómo se utilice. El artículo no afirma que la encuesta sea una solución mágica que resolverá todos los problemas, ni sugiere que todos los consultores deban empezar a usarla de inmediato. En cambio, muestra que la encuesta tiene una "validez práctica prospectiva", lo que significa que tiene el potencial de ser una herramienta útil si se aplica con cuidado y creatividad. Los consultores que estaban abiertos a ella la vieron como una forma de estructurar sus conversaciones y ayudar a los atletas a reflexionar sobre su propio crecimiento. Aquellos que se resistían la veían como una barrera potencial para la conexión genuina, pero incluso ellos reconocieron que las preguntas específicas podrían ser útiles si se integraban en un enfoque más amplio y personal. El estudio concluye que el futuro de la consultoría de rendimiento mental reside en mezclar estos dos mundos: usar la estructura de una encuesta para guiar la conversación, mientras se depende de la conexión humana entre el consultor y el atleta para dar sentido a las respuestas. Es un recordatorio de que, en el complejo mundo de la psicología deportiva, las mejores herramientas son a menudo aquellas que pueden adaptarse para ajustarse a las necesidades únicas de la persona que las utiliza.

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