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Negotiating teachers’ identities: the collaborative online learning design and delivery

Este artículo explora cómo los docentes de la educación superior rusa negocian sus identidades profesionales mediante el ejercicio de la agencia, la adaptación a nuevos métodos y la colaboración durante la digitalización del diseño y la impartición del aprendizaje en línea.

Autores originales: Olga Rotar

Publicado 2026-08-25
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Olga Rotar

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En la universidad moderna, el papel del profesor está experimentando un cambio silencioso pero profundo. Durante generaciones, el núcleo de esta profesión se definió por un intercambio simple y directo: un experto se paraba ante una sala de estudiantes, compartía conocimientos y guiaba el aprendizaje mediante la interacción personal. Esta dinámica estaba arraigada en la presencia física tanto del instructor como del alumno. Sin embargo, el rápido ascenso de la tecnología digital ha comenzado a remodelar este panorama, trasladando la educación de la sala de conferencias a la pantalla. Esta transformación no es meramente un intercambio de una pizarra por un proyector; cambia la naturaleza misma de cómo se enseña, quién participa en el proceso y cómo se ven a sí mismos los profesores. Cuando la educación se traslada al entorno en línea, a menudo requiere un enfoque de equipo, reuniendo a expertos en la materia, especialistas técnicos y diseñadores para crear un único curso. Esta nueva forma de trabajar obliga a los educadores a navegar por territorios desconocidos, equilibrando su experiencia tradicional con las nuevas demandas técnicas y las presiones colaborativas. La pregunta para muchos ya no es solo qué enseñan, sino cómo sobrevive y se adapta su identidad profesional cuando el aula desaparece y una cámara toma su lugar.

Un estudio reciente realizado en una universidad líder en Rusia explora precisamente esta transición. La investigadora, Olga Rotar, entrevistó a trece profesores universitarios que participaban activamente en el diseño y la impartición de cursos en línea junto a un equipo de otros profesionales. Estos profesores no se limitaban a grabar lecciones; trabajaban en un entorno colaborativo que incluía gestores, ingenieros de vídeo y redactores de contenidos. El objetivo del estudio era comprender cómo estos educadores estaban renegociando sus identidades profesionales; esencialmente, cómo estaban redefiniendo quiénes eran como profesores mientras trabajaban en este nuevo contexto digital. Los hallazgos revelan que, si bien los profesores sintieron el peso del aumento de la carga de trabajo y las nuevas responsabilidades, también encontraron formas de afirmar su valor y adaptarse a un nuevo género de enseñanza que combina la educación con la producción.

Los profesores del estudio describieron una expansión significativa de sus responsabilidades diarias. Ya no se limitaban a preparar un plan de clase para una audiencia en vivo; se estaban convirtiendo en autores de un producto digital permanente. Este cambio requería que dominaran nuevas habilidades, como hablar directamente a una cámara sin la retroalimentación inmediata de una sala llena de estudiantes, y adherirse a estrictos estándares de calidad técnica establecidos por las plataformas en línea de la universidad. Un profesor señaló que grabar una lección se sentía como un género enteramente distinto, uno que demandaba más atención y esfuerzo que la enseñanza tradicional. La carga de trabajo aumentó porque tenían que preparar más materiales, aprender nuevas herramientas de evaluación y negociar con varios miembros del equipo. A pesar de estos desafíos, los profesores no se sintieron receptores pasivos del cambio. En cambio, afirmaron activamente su agencia, enfatizando que su profundo conocimiento de su materia seguía siendo el elemento más crucial del curso. Se veían a sí mismos como el autor y el núcleo del proyecto, con otros miembros del equipo, como los editores de vídeo, desempeñando un papel de apoyo pero secundario.

Este cambio también introdujo una nueva dimensión al papel del profesor: la de poseedor de una imagen pública. En el mundo digital, una lección grabada es un producto comercial que representa tanto al profesor individual como a la propia universidad. Los profesores reconocieron que su desempeño ante la cámara contribuía a la reputación de su institución. Un curso bien producido podía mejorar la marca de la universidad y la propia posición profesional del profesor, mientras que uno mal ejecutado podía dañarla. Esta realidad significaba que los profesores debían ser conscientes de su conducta, presentación y la calidad de su contenido, sabiendo que su trabajo sería visible para una audiencia global. Algunos profesores expresaron preocupación de que no todos los educadores fueran aptos para este nuevo formato, señalando que la capacidad de actuar ante una cámara era una habilidad específica que requería adaptación. Aquellos que no pudieran o no quisieran realizar este cambio corrían el riesgo de quedarse atrás, ya que el entorno digital no tolera la falta de preparación.

La naturaleza colaborativa de este trabajo fue otro hallazgo clave. Crear un curso en línea era un esfuerzo de equipo que dependía en gran medida de la confianza y la comunicación clara. Los profesores recibían orientación de personal técnico, incluyendo camarógrafos y productores, quienes los ayudaban a navegar las complejidades de la grabación y la edición. Aunque algunos profesores inicialmente sintieron la necesidad de instrucciones estrictas y plantillas para evitar malentendidos, muchos llegaron a apreciar el apoyo. Encontraron que trabajar estrechamente con otros les permitía concentrarse en su pericia mientras confiaban en el equipo para manejar los detalles técnicos. Sin embargo, esta colaboración también puso de relieve una tensión entre el deseo de un entorno de trabajo cómodo y la necesidad pragmática de producir un producto final de alta calidad. Algunos profesores señalaron que el objetivo compartido de crear un curso exitoso era lo que finalmente unía al equipo, incluso si sus estilos de trabajo individuales diferían.

El estudio sugiere que la transformación digital de la educación no es solo un cambio en las herramientas, sino una reconfiguración fundamental del papel del profesor. Es un proceso en el que los profesores deben negociar constantemente su identidad, equilibrando sus valores tradicionales con las demandas de una forma de trabajo nueva, colaborativa y altamente visible. Los profesores de este estudio demostraron que podían abrazar estos cambios, pero solo cuando sentían que su pericia central era valorada y cuando contaban con el apoyo necesario para navegar el nuevo panorama. La investigación indica que, si bien la digitalización ofrece nuevas oportunidades de alcance e innovación, también impone una pesada carga sobre los educadores para que se adapten rápidamente. Para que la transición sea sostenible, las instituciones deben reconocer que los profesores no son solo proveedores de contenido, sino agentes activos que necesitan tiempo, formación y respeto para remodelar sus vidas profesionales en este mundo digital en evolución.

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