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Occurrence and characterization of microplastics in tilapia (oreochromis niloticus) from Deduru Oya reservoir in Sri Lanka

Este estudio revela que la tilapia del Nilo de la reserva Deduru Oya de Sri Lanka está fuertemente contaminada con microplásticos, predominantemente fibras de polietileno, que se encontraron en casi el 83% de los peces muestreados y representan riesgos significativos para la ecología y la seguridad alimentaria.

Autores originales: R M N P Rathnayake, Dulanjalee Madhusha Rajapaksha, Muditha Lakshan Jayasundara, Thiwanka Lakmali Weerakkody, M. Senevirathne

Publicado 2026-09-07
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: R M N P Rathnayake, Dulanjalee Madhusha Rajapaksha, Muditha Lakshan Jayasundara, Thiwanka Lakmali Weerakkody, M. Senevirathne

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Los desechos plásticos se han convertido en una característica permanente de nuestro planeta, descomponiéndose con el tiempo en diminutos fragmentos conocidos como microplásticos. Estas partículas son tan pequeñas que pueden filtrarse a través de los filtros de agua y asentarse en el lodo de ríos y lagos, o flotar libremente en las corrientes. Debido a que son tan omnipresentes, ahora se encuentran en los estómagos de los peces, donde se acumulan junto con el alimento. Esto es una preocupación no solo para la salud de los peces, sino también para las personas que dependen de ellos como fuente de alimento. Cuando un pez come estas partículas, no solo está tragando escombros inofensivos; está ingiriendo una mezcla de materiales sintéticos que pueden transportar sustancias químicas tóxicas. Los científicos estudian estas diminutas partículas para comprender qué tan extendida está la contaminación, qué tipos de plástico están involucrados y si los peces que comemos son seguros.

En Sri Lanka, los investigadores centraron su atención en el reservorio de Deduru Oya, una fuente de agua vital que sostiene el riego y la pesca local. Se enfocaron en la tilapia del Nilo, un pez común y nutritivo que vive en estas aguas y sirve como alimento básico para muchas personas. El equipo quería saber si estos peces estaban tragando microplásticos y, de ser así, de qué tipo. Para averiguarlo, recolectaron treinta y cinco tilapias del reservorio. En lugar de capturar los peces específicamente para el estudio, trabajaron con pescadores locales para obtener peces que ya habían sido capturados para el mercado. Este enfoque aseguró que los peces fueran representativos de lo que la gente realmente compra y consume. Los investigadores extrajeron cuidadosamente los tractos digestivos de cada pez, los enjuagaron para eliminar la suciedad exterior y luego utilizaron una solución química para disolver el tejido orgánico, dejando atrás únicamente las partículas de plástico que el pez había tragado.

Una vez que el tejido desapareció, los científicos examinaron el material restante bajo un microscopio. Descubrieron que los microplásticos estaban presentes en los sistemas digestivos de casi todos los peces que analizaron. Específicamente, el 82.9 por ciento de las tilapias contenían estas partículas. En promedio, cada pez había tragado aproximadamente tres partículas, aunque algunos tenían muchas más, con un pez que contenía catorce. Las partículas venían en diferentes formas, pero la gran mayoría eran fibras largas y delgadas, que se asemejan a hilos diminutos, en lugar de trozos dentados o láminas planas. Estas fibras constituían más del 90 por ciento de lo encontrado. En cuanto al color, el negro fue el más común, seguido del azul y el rojo. El tamaño de las partículas variaba, pero el grupo más frecuente era lo suficientemente pequeño como para verse solo con aumento, con una longitud de entre 100 y 500 micrómetros.

Luego, los investigadores utilizaron una herramienta especializada basada en la luz para identificar exactamente de qué estaban hechas estas fibras y fragmentos de plástico. Descubrieron que el material más común era el polietileno, el mismo tipo de plástico utilizado para artículos cotidianos como bolsas de compras y empaques de alimentos. Este material constituía más de la mitad de todas las partículas encontradas. El segundo más común fue el policloruro de vinilo, un plástico más duro que se utiliza a menudo en tuberías y materiales de construcción. Otros tipos, incluyendo el poliestireno, el nailon y el poliuretano, también estaban presentes en cantidades menores. La presencia de polietileno sugiere que los plásticos ligeros que flotan en el agua son fácilmente confundidos con comida por los peces. La detección de policloruro de vinilo, sin embargo, apunta a una fuente diferente, probablemente relacionada con tuberías agrícolas o desechos de construcción que han ingresado al reservorio.

Para comprender el peligro potencial de estos hallazgos, el equipo calculó una puntuación de riesgo basada en los peligros químicos asociados con cada tipo de plástico. Aunque el polietileno es común, la presencia de policloruro de vinilo y poliuretano elevó significativamente el nivel de riesgo debido a que estos materiales pueden liberar sustancias químicas nocivas a medida que se descomponen. El cálculo final indicó un nivel de peligro extremadamente alto para la mezcla de plásticos encontrados en los peces. Esto no significa necesariamente que comer un solo pez sea inmediatamente peligroso, pero señala que el ecosistema del reservorio está bajo un estrés severo debido a la contaminación por plástico. El estudio también analizó si el tamaño o la salud de los peces influía en la cantidad de plástico que consumían, pero no encontró un vínculo claro; peces de todos los tamaños y condiciones habían tragado plástico.

Los resultados pintan un panorama claro de un ecoso de agua dulce profundamente afectado por la actividad humana. La alta tasa de ingestión muestra que las tilapias en el reservorio de Deduru Oya están constantemente expuestas a desechos plásticos, probablemente confundiendo las fibras con comida o tragándolas accidentalmente mientras se alimentan cerca del fondo. Si bien el estudio se centró en el contenido estomacal y no encontró evidencia de que el plástico se hubiera desplazado al tejido comestible del pez, el volumen de contaminación en el sistema digestivo es una señal de advertencia. Sugiere que la contaminación por plástico en esta parte de Sri Lanka no es solo un problema superficial, sino que ha penetrado en la red trófica. Los hallazgos resaltan la necesidad urgente de una mejor gestión de los desechos plásticos en la región para proteger tanto la vida acuática como a las personas que dependen de estas aguas para su sustento y nutrición.

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