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Out-of-pocket payments and income-related inequality in unmet medical needs: within-country evidence from Central and Eastern Europe

Este estudio demuestra que en los países de Europa Central y Oriental, una mayor proporción de pagos directos del bolsillo amplía significativamente las desigualdades relacionadas con los ingresos en las necesidades médicas no satisfechas, principalmente al impedir desproporcionadamente que las personas de bajos ingresos accedan a la atención debido al costo.

Autores originales: Paweł Prędkiewicz

Publicado 2026-08-25
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Autores originales: Paweł Prędkiewicz

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el panorama de la atención médica moderna, a menudo se hace la promesa de que la atención médica es un derecho, no un privilegio. En muchas naciones, particularmente en Europa Central y del Este, los gobiernos han construido sistemas donde cada ciudadano tiene formalmente el derecho de ver a un médico o recibir tratamiento, independientemente de su cuenta bancaria. Este es el concepto de cobertura universal: una red de seguridad diseñada para atrapar a todos. Sin embargo, suele existir una brecha entre lo que se promete en el papel y lo que una persona puede realmente acceder en la realidad. Esta brecha se amplía cuando se pide a las personas que paguen por su propia atención en el momento en que la necesitan. Estos pagos directos, conocidos como costos de bolsillo, pueden variar desde pequeñas tarifas por una receta hasta sumas mayores por un trabajo dental o visitas al especialista. Cuando estos costos son altos, actúan como una barrera, impidiendo que las personas obtengan la atención que necesitan. La pregunta que los investigadores se han planteado durante mucho tiempo es si estos obstáculos financieros son la razón principal por la cual los pobres se quedan sin atención mientras que los ricos no, incluso en países que afirman ofrecer atención médica gratuita para todos.

Un nuevo estudio de Paweł Prędkiewicz, economista de la Universidad de Economía y Negocios de Wroclaw, investiga este mismo enigma dentro de once países de Europa Central y del Este. Estas naciones, que incluyen a Bulgaria, Polonia y Rumania, comparten una historia de gestión estatal de la salud que transicionó hacia sistemas modernos. Aunque todos mantienen la regla formal de que la atención médica es universal, difieren significamente en cuánto dependen de que los pacientes paguen directamente por ella. Algunos países han mantenido estos pagos directos relativamente bajos, mientras que otros han trasladado una gran parte de la carga financiera a los individuos, con los pagos de bolsillo representando casi una cuarta parte de todo el gasto en salud en la región. Prędkiewicz quería saber si esta dependencia del pago personal explica por qué los ciudadanos más pobres tienen mucha más probabilidad de omitir visitas médicas debido al costo que los más ricos. Para encontrar la respuesta, no observó una sola instantánea en el tiempo, sino que examinó una larga línea de tiempo de datos, rastreando los cambios dentro de cada país durante casi dos décadas, desde 2009 hasta 2023.

El investigador recopiló datos sobre dos cosas principales: cuánto del presupuesto de salud en cada país provenía de los propios bolsillos de las personas, y cuántas personas en diferentes grupos de ingresos informaron que necesitaban atención médica pero no pudieron obtenerla. Específicamente, observó la diferencia entre el quinto más pobre de la población y el quinto más rico. Al analizar cómo cambiaba esta brecha cada vez que la dependencia de un país de los pagos de bolsillo cambiaba, pudo aislar el efecto del dinero de otros factores como el número de médicos disponibles o la distancia que las personas tenían que recorrer. El estudio encontró un vínculo claro y directo: cuando un país aumentaba su proporción de pagos de bolsillo, la brecha entre los ricos y los pobres en cuanto a necesidades médicas no satisfechas crecía significamente. Específicamente, por cada punto porcentual de aumento en la proporción de gastos de salud pagados directamente por los pacientes, la diferencia en las necesidades no satisfechas entre los grupos más pobres y los más ricos se ampliaba casi medio punto porcentual. Esto significa que, a medida que la carga financiera sobre los pacientes crecía, los ciudadanos más pobres quedaban cada vez más rezagados, mientras que los ricos permanecían mayormente inafectados.

Crucialmente, el estudio descartó otras razones comunes por las cuales las personas perdían la atención. El investigador comprobó si el aumento en las necesidades no satisfechas era causado por largas listas de espera o porque las clínicas estaban demasiado lejos. Los datos mostraron que no existía tal conexión. Cuando los pagos de bolsillo aumentaban, el número de personas que omitían la atención debido a que era "demasiado caro" subía, pero el número de personas que omitían la atención debido a listas de espera o distancia de viaje no cambiaba. Esta distinción es vital porque confirma que la barrera es puramente financiera, no organizacional. El efecto no fue uniforme en toda la población tampoco; afectó a las personas más pobres con mayor dureza. La respuesta ante el aumento de los costos fue más fuerte para aquellos en el grupo de ingresos más bajos y se desvanecía gradualmente a medida que el ingreso aumentaba. Incluso los ciudadanos más ricos mostraron una reacción mínima ante los costos más altos, pero fue insignificante en comparación con la lucha enfrentada por los pobres. De hecho, la barrera financiera fue tan potente que representó casi todo la desigualdad observada; casi el 98 por ciento de la brecha entre ricos y pobres fue impulsada específicamente por el costo de la atención.

Los hallazgos sugieren que en sistemas donde la atención médica es oficialmente gratuita, el acceso real a esa atención está determinado por cómo se financia el sistema. Cuando un país traslada más del costo a los pacientes, no solo hace que la atención médica sea más cara para todos; crea activamente una división donde los pobres quedan fuera del sistema por sus precios. El estudio destaca que esto no es un problema temporal o resultado de la mala suerte, sino una característica estructural de cómo están diseñados estos sistemas de salud. La investigación señala palancas específicas que los responsables de las políticas pueden mover para solucionar esto: ampliar lo que está cubierto por el seguro público, rediseñar cómo se comparten los costos para que no recaigan en los más vulnerables, y crear protecciones más fuertes basadas en los ingresos. La evidencia muestra que, sin estos cambios, la promesa de la atención médica universal permanece incompleta, dejando a una parte significativa de la población incapaz de acceder a la atención que necesita simplemente porque no pueden pagarla.

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