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Developing a Material Flow Cost Accounting Model for Integrated Supply Chains Under the Circular Carbon Economy

Este estudio desarrolla y valida un modelo integrado de Contabilidad de Costos de Flujo de Materiales (MFCA) para las cadenas de suministro agrobioquímicas bajo la Economía de Carbono Circular, el cual unifica las métricas de masa y carbono para cuantificar los costos de los residuos y el potencial de descarbonización, ofreciendo así un marco práctico para avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 12 y 13.

Autores originales: Ezzaddin Hasan Kadhim

Publicado 2026-10-09
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Autores originales: Ezzaddin Hasan Kadhim

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el mundo moderno, las empresas se enfrentan a una presión creciente para rendir cuentas de algo más que el dinero que ganan y gastan. Se les pide que rastreen la huella invisible de sus operaciones: el dióxido de carbono liberado a la atmósfera. Durante décadas, las empresas han utilizado métodos contables estándar para medir cuánta materia prima desperdician, calculando el costo de la madera, el metal o los alimentos perdidos. Sin embargo, estos métodos tradicionales suelen tratar el desperdicio como una simple pérdida física, ignorando el costo ambiental del carbono contenido en ese residuo. A medida que los gobiernos comienzan a cobrar tasas por las emisiones de carbono y los inversores exigen transparencia, se necesita un nuevo enfoque. Este enfoque debe conectar el peso físico de un producto desechado con la cantidad específica de carbono que representa, tratando el ciclo del carbono no solo como un problema ambiental, sino como uno financiero. El objetivo es crear un sistema donde cerrar el ciclo del carbono —capturándolo y utilizándolo de nuevo en lugar de dejar que escape— sea tan claro y medible como contar las monedas en una caja registradora.

Un investigador llamado Ezzaddin Hasan Kadhim ha desarrollado un nuevo modelo contable diseñado para resolver este problema exacto. El estudio se centra en un concepto llamado "economía de carbono cerrada", que va más allá de la idea general de reciclaje para centrarse específicamente en mantener el carbono en uso. En este sistema, el carbono residual no se libera al cielo, sino que se recupera y se reintroduce en el proceso de producción. Para probar si esta idea podría funcionar en el mundo real, Kadhim aplicó un nuevo método llamado Contabilidad de Costos de Flujo de Materiales a una cadena de suministro compleja en el sector agrobioquímico. Esta cadena específica involucra el cultivo de caña de azúcar, su transformación en azúcar cruda, la fermentación en combustible de bioetanol y, finalmente, el uso de los residuos sobrantes para generar electricidad. El investigador rastreó cinco etapas distintas de este proceso, midiendo no solo las toneladas de material que se mueven a través de cada paso, sino también la densidad de carbono de cada flujo.

La investigación reveló un costo oculto significativo que la contabilidad tradicional pasó por alto. A lo largo de toda la cadena de suministro, el proceso generó 5.478 toneladas de desperdicio de material, lo que representaba casi el 20% de todos los insumos. Mientras que la contabilidad estándar simplemente sumaría el costo de este material desperdiciado, el nuevo modelo añadía una segunda capa: el costo del carbono contenido en ese desperdicio. Al aplicar un precio de quince dólares por tonelada de equivalente de dióxido de carbono, el estudio calculó que el desperdicio de carbono por sí solo le costó a la cadena de suministro 187.260 dólares estadounidenses. Esta cifra representa una carga financiera sustancial que antes era invisible para los gerentes. El estudio también introdujo una nueva forma de medir la eficiencia llamada Índice de Cierre del Ciclo de Carbono. Este índice actúa como una tarjeta de puntuación, mostrando qué porcentaje del carbono que entra en una etapa se recupera y reutiliza con éxito frente a qué porcentaje se pierde. En este caso específico, la puntuación promedio para toda la cadena fue de 0,79, lo que significa que aproximadamente el 79% del carbono se mantenía en el ciclo, mientras que el resto escapaba.

Los resultados mostraron que la eficiencia de mantener el carbono en el ciclo variaba significativamente dependiendo de la etapa de producción. La etapa inicial de cultivo y cosecha tuvo el mejor desempeño, con una puntuación de 0,85, lo que indica que la mayor parte del carbono en los cultivos fue capturada con éxito en los productos finales o reutilizada. Sin embargo, a medida que el material avanzaba a través de las etapas industriales de refinación y, especialmente, hacia la fase de generación de energía, la eficiencia disminuía. La etapa de generación de energía, que quema residuos para crear electricidad, tuvo una puntuación de 0,70, indicando que es aquí donde más carbono se estaba perdiendo. El estudio sugiere que esta caída se debe a la naturaleza de los procesos de combustión, que son intrínsecamente menos eficientes en la retención de carbono en comparación con las transformaciones biológicas o químicas. Al identificar estos puntos débiles específicos, el modelo permite a las empresas ver exactamente dónde están perdiendo dinero y carbono simultáneamente.

Para comprender el potencial de este nuevo modelo, el investigador realizó varias simulaciones para ver cómo reaccionaría el sistema ante diferentes cambios. Un escenario implicaba mejorar la tecnología en la etapa de generación de energía para capturar más ceniza y residuos para su uso como fertilizante. Este cambio por sí solo proyectaba elevar la puntuación de eficiencia de esa etapa de 0,70 a 0,88 y ahorrar a la empresa miles de dólares en costos de carbono. Otra simulación probó el impacto de aumentar el precio interno del carbono. El estudio encontró que, si la empresa comenzaba a cobrarse a sí misma una tarifa más alta por cada tonelada de carbono desperdiciada, esto haría que las inversiones en tecnología de reducción de residuos fueran financieramente atractivas de inmediato. Los datos sugirieron que, una vez que el precio del carbono alcanzara cierto umbral, el costo de solucionar el problema sería menor que el costo de continuar desperdiciándolo.

El artículo concluye que este modelo integrado ofrece una herramienta práctica para que las empresas cumplan con los objetivos globales de sostenibilidad. Al combinar la medición del desperdicio físico con el costo del carbono, las empresas pueden tomar decisiones que sean buenas tanto para el medio ambiente como para su rentabilidad. El estudio sostiene que, sin este nivel de detalle, las empresas están volando a ciegas, incapaces de ver el verdadero costo de sus ineficiencias. El modelo proporciona una hoja de ruta clara para la mejora, mostrando que, al cerrar el ciclo del carbono, las industrias pueden reducir su desperdicio, bajar sus costos y contribuir a la acción climática de una manera medible y financieramente sólida. Este enfoque transforma el concepto abstracto de la economía circular en una práctica contable concreta, convirtiendo la recuperación de carbono de un ideal teórico en una realidad operativa diaria.

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