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📄 ciencias de la Tierra

Evidence the ocean is losing less heat in the northern Atlantic and the AMOC has started to slowly weaken

Este estudio proporciona evidencia robusta de que la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC) se ha debilitado aproximadamente un 14% durante los últimos 30 años, un cambio impulsado por una reducción significativa en la pérdida de calor oceánico en el Atlántico norte que se atribuye al cambio climático forzado.

Autores originales: Michael Bell, Richard Allan, Jonathan Baker, Helene Hewitt, Laura Jackson, Helen Johnson, William Kay, Chunlei Liu, Michael Mayer, Rowan Sutton, Richard Wood, Ke Yang

Publicado 2026-10-07
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Autores originales: Michael Bell, Richard Allan, Jonathan Baker, Helene Hewitt, Laura Jackson, Helen Johnson, William Kay, Chunlei Liu, Michael Mayer, Rowan Sutton, Richard Wood, Ke Yang

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El Océano Atlántico es el hogar de una enorme y lenta cinta transportadora de agua conocida como la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico. Este sistema actúa como un motor térmico global, atrayendo agua cálida desde los trópicos hacia el norte y transportando agua fría y profunda de regreso al sur. A medida que esta agua cálida viaja hacia el norte, libera calor a la atmósfera, un proceso que mantiene el clima de Europa significamente más templado de lo que sería a tales latitudes elevadas. Los científicos han comprendido durante mucho tiempo que si esta circulación se ralentizara o se detuviera, las consecuencias para los patrones meteorológicos y el nivel del mar podrían ser profundas. Sin embargo, medir la fuerza de esta corriente submarina es difícil porque fluctúa naturalmente de un año a otro, lo que dificulta distinguir si un descenso temporal es solo ruido o el comienzo de un declive a largo plazo.

Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Oficina Meteorológica del Reino Unido (UK Met Office) y otras instituciones ofrece una nueva forma de abordar este problema. En lugar de intentar medir la corriente directamente, lo que requiere décadas de observación continua para separar la señal del ruido, el equipo analizó el calor que el océano pierde hacia la atmósfera. La lógica es sencilla: la fuerza del flujo hacia el norte del océano está estrechamente vinculada a la cantidad de calor que desprende en el camino. Si la circulación se debilita, llega menos agua cálida al norte y el océano pierde menos calor hacia el aire. Al analizar datos satelitales y registros atmosféricos de 1985 a 2023, los investigadores descubrieron que la cantidad de calor perdido por el Atlántico norte ha disminuido significativamente. Calcularon que el océano en esta región está perdiendo aproximadamente un 18 por ciento menos de calor de lo que perdía al inicio de su periodo de estudio. Esta reducción es tan grande que es extremadamente raro ver un cambio de este tipo en las simulaciones climáticas computarizadas antes de que la influencia humana comenzara, lo que sugiere que el cambio es un resultado directo del calentamiento global.

Utilizando la fuerte relación entre la pérdida de calor y la fuerza de la corriente hallada en los modelos climáticos, los investigadores tradujeron esta caída en la pérdida de calor en una estimación de la velocidad de la corriente oceánica. Sus cálculos sugieren que la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico se ha debilitado aproximadamente un 14 por ciento durante los últimos 30 años. Este hallazgo concuerda con, y ayuda a explicar, el declive más lento observado en las mediciones directas realizadas por una red de sensores anclados en el océano desde 2004. El estudio sostiene que observar la pérdida de calor es una forma más fiable de detectar tendencias a largo plazo que confiar únicamente en el registro corto y ruidoso de las mediciones directas o en pistas indirectas como las temperaturas de la superficie del mar, que pueden ser engañosas. Si bien la corriente no se ha colapsado, la evidencia apunta a una desaceleración constante y provocada por el hombre que ya ha comenzado, ofreciendo un panorama más claro de cómo el corazón oceánico del planeta está respondiendo a un mundo en calentamiento.

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