Asymmetrical structuralist analysis of institutional coordination and ecological integration in localising urban climate governance across Pune and Curitiba
Este artículo emplea un análisis estructuralista asimétrico para demostrar cómo la fragmentada coordinación institucional de Pune conduce a una severa degradación ecológica, mientras que el modelo de planificación integrado y duradero de Curitiba localiza con éxito los ODS 11 y 13 a través de una infraestructura verde-azul y una gobernanza transversal efectivas.
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Las ciudades son los lugares donde el cambio climático golpea con más fuerza y donde las soluciones deben echar raíces. A medida que más personas se trasladan a las zonas urbanas, especialmente en el mundo en desarrollo, la presión sobre los sistemas locales aumenta. El desafío no consiste solo en construir muros más fuertes o plantar más árboles; se trata de cómo se organizan las personas que dirigen una ciudad. Una ciudad es una máquina compleja compuesta por reglas, departamentos y límites. Cuando estas reglas no coinccen con la forma en que la naturaleza funciona realmente, el sistema se rompe. Por ejemplo, un río no deja de fluir solo porque cruza una línea municipal, pero la agencia gubernamental responsable de ese río podría tener autoridad solo hasta una calle específica. Este desajuste entre los mapas humanos y los paisajes naturales es el problema central que esta investigación explora. El estudio analiza cómo las diferentes formas de organizar el poder —algunas donde muchos grupos trabajan juntos, otras donde un solo grupo lidera— cambian la capacidad de una ciudad para sobrevivir a inundaciones, calor y contaminación.
Dos investigadores, Vivek Singh y Gaurav Sushant, se propusieron comprender esta dinámica comparando dos ciudades muy diferentes: Pune, en la India, y Curitiba, en Brasil. Ambas ciudades crecen rápidamente y enfrentan amenazas similares debido a las lluvias intensas y el aumento de las temperaturas, pero han elegido caminos distintos para gestionar estos riesgos. Los investigadores no se limitaron a contar cuántos parques tiene cada ciudad o cuánto dinero gastaron. En su lugar, profundizaron en los documentos oficiales, las sentencias judiciales y los mapas de planificación que dictan cómo se construyen estas ciudades. Buscaron la arquitectura invisible de la toma de decisiones: quién tiene el poder de decir sí o no, qué voces son escuchadas y si los planes realizados hoy seguirán teniendo sentido dentro de diez años. Su objetivo era ver si la forma en que se gobierna una ciudad determina si puede adaptarse a un clima cambiante o si permanece atrapada en un ciclo de daños y reparaciones.
La investigación reveló un marcado contraste entre las dos ciudades, comenzando con la forma en que gestionan el agua. En Pune, la gestión del río Mula-Mutha está dividida entre varias agencias diferentes. Un grupo controla la tierra, otro gestiona el flujo del agua y un tercero se encarga del alcantarillado. Debido a que ninguna autoridad única tiene el poder de coordinar a todas ellas, los planes suelen chocar. La ciudad ha invertido fuertemente en embellecer el río, construyendo amplios paseos y plantando árboles a lo largo de las riberas. Sin embargo, este enfoque en la apariencia ha tenido un costo. Los investigadores descubrieron que estos proyectos de embellecimiento han perjudicado la capacidad natural del río para manejar inundaciones. Al endurecer las márgenes del río y eliminar los bordes blandos y lodosos donde el agua suele filtrarse en el suelo, la ciudad ha agravado las inundaciones. Además, debido a que las agencias no se comunican entre sí, la ciudad sigue vertiendo entre 177 y 503 millones de litros de aguas residuales sin tratar en el río cada día, a pesar de contar con plantas de tratamiento que deberían estar limpiándola. El dinero se está gastando en reparar los síntomas en lugar de la causa.
En contraste, Curitiba ha operado bajo una estrategia de planificación única y unificada durante décadas. Desde 1965, un instituto específico ha sido responsable de coordinar el uso del suelo, el transporte y el medio ambiente. Esta consistencia a largo plazo ha permitido que la ciudad trabaje con la naturaleza en lugar de contra ella. En lugar de construir muros de concreto para contener las aguas de las inundaciones, Curitiba convirtió sus llanuras aluviales en una red de parques y lagos de retención. Cuando llueve intensamente, estos espacios verdes se llenan de agua, actuando como una esponja que protege al resto de la ciudad. Este enfoque ha preservado millones de metros cuadrados de zonas verdes y ha creado un sistema donde el crecimiento de la ciudad no destruye su red de seguridad ecológica. Los investigadores señalaron que, mientras Pune gasta miles de millones en proyectos que a menudo no resuelven los problemas subyacentes del agua, Curitiba ha mantenido un plan coherente que integra la naturaleza en el tejido mismo de la ciudad.
Sin embargo, el estudio también encontró que tener un plan unificado no es una solución perfecta. En Curitiba, la fuerte autoridad central ha dificultado en ocasiones que los ciudadanos comunes, especialmente aquellos que viven en los barrios más pobres, tengan una voz real en la configuración de la ciudad. La planificación es eficiente, pero puede ser rígida, y los beneficios de las zonas verdes no siempre se comparten de manera equitativa. En Pune, el problema es el opuesto: hay tanta fragmentación que nadie está realmente a cargo, y las voces de las personas más vulnerables suelen ser ignoradas en favor de los promotores inmobiliarios poderosos. Los investigadores concluyeron que ninguna de las dos ciudades ha encontrado el equilibrio perfecto. Pune sufre por la falta de coordinación, mientras que Curitiba lucha con los límites de su propia estructura de larga data.
El hallazgo central de este trabajo es que la capacidad de una ciudad para sobrevivir al cambio climático depende menos de la tecnología que utiliza y más de qué tan bien pueden comunicarse sus instituciones entre sí. Una ciudad no puede simplemente comprar su salida del riesgo climático si las reglas que la gobiernan están rotas. El estudio sugiere que, para que las ciudades del mundo en desarrollo sean verdaderamente resilientes, necesitan crear órganos de gobierno que coincidan con la escala de la naturaleza misma. Una cuenca de un río no puede ser gestionada por una docena de departamentos diferentes que no comparten información; requiere una visión única que conecte el agua, la tierra y las personas que viven allí. El camino a seguir no consiste en elegir entre el control estricto o la libertad total, sino en encontrar una manera de coordinar a los diferentes grupos para que trabajen hacia el mismo objetivo. Sin este tipo de armonía institucional, incluso los proyectos más costosos fallarán en proteger a las personas que más los necesitan.
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