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Efficiency analysis of repeated low-level red-light as an alternative treatment therapy for children myopia control

Este estudio de cohorte retrospectivo de 70 niños y adolescentes demuestra que la terapia de luz roja de bajo nivel (RLRL) repetida ralentiza significativamente el crecimiento de la longitud axial y la progresión de la miopía durante tres años en comparación con los anteojos de foco único, con una alta tasa de efectividad y sin complicaciones oculares graves.

Autores originales: Jingjing Li, Yiyi Chen

Publicado 2026-10-07
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Autores originales: Jingjing Li, Yiyi Chen

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el congestionado panorama de la visión infantil, la miopía se ha convertido en un desafío generalizado, particularmente en partes del mundo donde afecta a un gran número de jóvenes. Cuando un niño es miope, su globo ocular crece ligeramente demasiado largo, lo que provoca que la luz se enfoque delante de la retina en lugar de directamente sobre ella, lo que desenfoca los objetos distantes. A medida que el ojo continúa elongándose, la condición empeora y, en casos graves, este estiramiento puede derivar en complicaciones serias más adelante en la vida. Durante décadas, el enfoque estándar para gestionar esta progresión ha consistido en usar gafas especiales o lentes de contacto, o utilizar gotas oculares que relajan temporalmente el músculo de enfoque del ojo. Sin embargo, estos métodos no son perfectos; algunos conllevan efectos secundarios, mientras que otros requieren hábitos diarios estrictos que son difíciles de mantener para los niños. Los científicos han sospechado durante mucho tiempo que la salud de la capa de tejido detrás de la retina, conocida como la coroides, juega un papel crítico en cómo crece el ojo. Si esta capa se vuelve delgada o carece de un flujo sanguíneo adecuado, el ojo puede responder estirándose aún más. Este entendimiento ha llevado a los investigadores a explorar si una terapia de luz suave y no invasiva podría ayudar a estabilizar el crecimiento del ojo al mejorar la salud de este tejido subyacente.

Un equipo de investigadores en Shanghái investigó recientemente un tratamiento específico llamado terapia de luz roja de baja intensidad repetida para ver si podía ofrecer una nueva forma de frenar esta progresión. Reunieron a un grupo de treinta y cinco niños y adolescentes que ya eran miopes y les hicieron usar un dispositivo de escritorio que emite una luz roja de baja intensidad específica. Los niños usaron este dispositivo dos veces al día durante solo tres minutos cada vez, enfocando sus ojos en un pequeño punto de luz mientras usaban sus gafas habituales en todo momento restante. Para medir qué tan bien funcionaba esto, los investigadores compararon a estos treinta y cinco niños contra otro grupo de treinta y cinco niños de edad y visión similares que simplemente usaban gafas estándar de enfoque único sin ninguna terapia de luz. A lo largo de tres años, ambos grupos fueron examinados cada tres meses para rastrear cambios en su visión, la fuerza de su prescripción y, lo más importante, la longitud física de sus globos oculares.

Los resultados de esta observación de tres años revelaron una diferencia distintiva entre los dos grupos. En los niños que recibieron la terapia de luz roja, la longitud de sus globos oculares creció mucho más lentamente que en los niños que solo usaban gafas. Mientras que los ojos del grupo de control continuaron alargándose a un ritmo constante, los ojos del grupo de tratamiento mostraron un patrón único: de hecho, se acortaron ligeramente durante los primeros seis meses de terapia antes de retomar un ritmo de crecimiento muy lento. Al final del tercer año, la diferencia en el crecimiento ocular entre los dos grupos fue significativa, permaneciendo los ojos tratados notablemente más cortos que los del grupo de control. Esta diferencia física se tradujo en mejores resultados de visión; los niños que usaban la terapia de luz roja mantuvieron mucho mejor su visión no corregida, con un ochenta por ciento de ellos mostrando una respuesta positiva al tratamiento. Los investigadores también monitorearon de cerca los ojos de los niños para detectar cualquier signo de daño, como inflamación, infección o nublamiento del cristalino, y no encontraron tales complicaciones en el grupo de tratamiento.

Un evento notable ocurrió durante el estudio cuando un solo niño desarrolló una pequeña rotura temporal en una capa específica de la retina después de dos años de tratamiento. Este niño dejó de usar el dispositivo durante un mes, y la rotura sanó por sí sola sin ningún daño duradero. Una vez que el niño reanudó el tratamiento, no ocurrieron más problemas. Este incidente aislado sugiere que, si bien la terapia es generalmente segura, requiere un monitoreo cuidadoso. Los autores del estudio reconocen que su trabajo tiene limitaciones, como el número relativamente pequeño de participantes y el hecho de que no fue un experimento de doble ciego donde ni los médicos ni los pacientes supieran quién estaba recibiendo el tratamiento. A pesar de estas restricciones, los datos sugieren fuertemente que esta terapia de luz puede retrasar eficazmente el empeoramiento de la miopía en niños sin causar daños obvios a corto plazo. Ofrece una alternativa prometedora para las familias que buscan gestionar la visión de sus hijos, reduciendo potencialmente la necesidad de intervenciones más agresivas o el riesgo de pérdida severa de la visión más adelante en la vida.

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