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Governing the Conversion of Paddy Fields in Peri-Urban Areas for Food Security: The Role of Farmers’ Decisions and Land Conservation Incentives in Indonesia

Este estudio investiga los impactos económicos y de seguridad alimentaria de la conversión de campos de arroz en las zonas periurbanas de Indonesia, identificando los factores clave que la impulsan y proponiendo incentivos de política basados en compensaciones derivados de la disposición de los agricultores a aceptar pagos para mitigar la pérdida de tierras y asegurar la autosuficiencia alimentaria para 2045.

Autores originales: Markus Patiung, Nugrahini Susantinah Wisnujati, Yennyka Leilasariyanti, Deshinta Arrova Dewi

Publicado 2026-09-21
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Autores originales: Markus Patiung, Nugrahini Susantinah Wisnujati, Yennyka Leilasariyanti, Deshinta Arrova Dewi

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En las fértiles tierras bajas de Indonesia, se desarrolla una tensión silenciosa pero crítica entre dos necesidades esenciales: el hambre de vivienda e industria a medida que las ciudades se expanden, y la necesidad de conservar suficiente tierra para cultivar el arroz que alimenta a una nación de más de 280 millones de personas. Los arrozales no son solo campos; son el fundamento de la seguridad alimentaria, la principal fuente de ingresos para millones de familias y un ancla cultural para las comunidades. Cuando estos campos se pavimentan para construir fábricas o viviendas, la pérdida es inmediata y permanente. Este proceso, conocido como conversión de tierras, se está acelerando en las zonas "periurbanas", los bordes dinámicos y cambiantes donde la ciudad se encuentra con el campo. La pregunta central para los responsables políticos no es solo cuánta tierra se está perdiendo, sino por qué los agricultores eligen vender y qué se necesitaría realmente para convencerlos de seguir cultivando. Sin una respuesta clara, el país corre el riesgo de un futuro en el que su creciente población se enfrente a una escasez de su fuente de alimento más vital.

Un equipo de investigadores de universidades de Indonesia y Malasia se propuso comprender esta dinámica en la regencia de Sidoarjo, un distrito situado junto a la importante ciudad de Surabaya. Esta zona es un ejemplo perfecto de la presión que enfrentan las zonas periurbanas, donde el rápido crecimiento industrial y residencial está devorando los fértiles campos de arroz. Los investigadores no se limitaron a mirar mapas; fueron directamente a los agricultores. Encuestaron a 280 personas que habían vendido recientemente sus tierras o estaban considerando hacerlo, planteándoles preguntas profundas sobre sus dificultades financieras, el futuro de sus familias y sus sentimientos respecto al paisaje cambiante. Combinaron estas historias personales con datos duros sobre el rendimiento de los cultivos, los costes de producción y el crecimiento de la población para construir una imagen completa de lo que está ocurciendo sobre el terreno y lo que podría suceder en las próximas décadas.

Las cifras cuentan una historia desoladora de pérdida. Durante un periodo de cinco años, de 2020 a 2025, el distrito perdió más de 5.300 hectáreas de campos de arroz. Esta desaparición de tierras se tradujo directamente en una caída masiva del valor económico. Antes de la conversión, los campos de arroz de la región generaban un valor económico neto de más de 2 billones de rupias indonesias anuales. Tras la pérdida de tierras, esa cifra cayó en más de 335.000 millones de rupias. Por hectárea, la tierra valía casi 60 millones de rupias al año solo en producción de arroz. Cuando los investigadores miraron hacia el futuro, proyectando las tendencias actuales, el panorama se volvió aún más preocupante. Si bien la región produce actualmente suficiente arroz para alimentar a su gente con un excedente confortable, ese excedente se está reduciendo rápidamente. Si continúa el ritmo actual de pérdida de tierras, el distrito agotará su excedente de arroz para 2035 y enfrentará un déficit significativo de más de 45 millones de kilogramos de arroz para 2040. Este momento es crítico, ya que coincide con el pico del "dividendo demográfico" de Indonesia, un periodo en el que la población en edad de trabajar es la mayor, creando una enorme oleada de demanda de alimentos justo cuando la oferta se está agotando.

Para entender por qué ocurre esto, los investigadores analizaron las fuerzas que impulsan las decisiones de los agricultores. Descubrieron que la elección de vender la tierra no se toma en el vacío; es el resultado de una compleja mezcla de presiones. El motor más fuerte no fue simplemente el precio de la tierra, sino un cambio en las preferencias de empleo. Las generaciones más jóvenes muestran cada vez menos disposición para dedicarse a la agricultura, viéndola como un trabajo con ingresos inciertos y bajo estatus social, prefiriendo en su lugar trabajar en las fábricas cercanas y en el sector servicios. Este cambio de actitud, combinado con el aumento de los costes de producción y la degradación física de la tierra, empuja a los agricultores hacia la venta. Curiosamente, el estudio encontró que las políticas gubernamentales diseñadas para proteger estos campos, como las leyes que restringen la conversión, han tenido muy poco efecto directo para detener la tendencia. Las regulaciones existen sobre el papel, pero no son lo suficientemente fuertes como para contrarrestar las poderosas fuerzas económicas y sociales que alejan a los agricultores de la tierra.

El estudio también exploró una solución práctica: ¿qué se necesitaría para mantener a los agricultores en sus tierras? Utilizando un método que pregunta a las personas cuánto estarían dispuestas a pagar para salvar algo o cuánto necesitarían recibir para renunciar a ello, los investigadores midieron los valores reales de los agricultores. Los agricultores dijeron que estarían dispuestos a pagar una pequeña contribución anual de 3 de 360.000 rupias para ayudar a preservar sus campos, mostrando un deseo genuino de mantener viva la agricultura. Sin embargo, para evitar que vendieran, los agricultores indicaron que necesitarían una compensación mensual de 500.000 rupias. Esta brecha entre lo que están dispuestos a pagar y lo que necesitan recibir es un fenómeno económico común, que refleja el profundo valor emocional y social que los agricultores otorgan a su tierra, que va mucho más allá de su precio de mercado. Los investigadores sugieren que un instrumento de política basado en estas cifras podría funcionar. Al proporcionar una compensación mensual de alrededor de 500.000 rupias a los agricultores que mantengan su tierra en producción, el gobierno podría crear una red de seguridad financiera que haga de la agricultura una alternativa viable a la venta. Este enfoque no solo protegería el suministro de alimentos, sino que también apoyaría el sustento de las familias rurales, ofreciendo un camino concreto para asegurar el futuro alimentario de Indonesia frente a la implacable presión de la expansión urbana.

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