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Dollar Weaponization and the Fragmentation of the Global Political Economy: Assessing BRICS Pursuit of Financial Autonomy

Este artículo sostiene que la militarización del dólar por parte de los Estados Unidos mediante sanciones financieras ha acelerado la fragmentación de la economía política global al impulsar a las naciones de los BRICS a buscar autonomía financiera a través de la desdolarización y sistemas monetarios alternativos, socavando en última instancia el orden económico liberal.

Autores originales: Goddy Uwa OSIMEN, Oyindeinyefa BIOKO, Celestina Ekene CHUKWUDI

Publicado 2026-09-30
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Autores originales: Goddy Uwa OSIMEN, Oyindeinyefa BIOKO, Celestina Ekene CHUKWUDI

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Durante décadas, el dólar estadounidense ha sido el motor invisible de la economía global. Es la moneda que la mayoría de las naciones guardan en sus bóvedas como red de seguridad, el estándar utilizado para fijar el precio del petróleo y los granos, y la herramienta principal para mover dinero a través de las fronteras. Este sistema se construyó sobre la idea de que las profundas conexiones económicas mantendrían a los países en paz y cooperación. Sin embargo, ha surgido una nueva realidad donde esta misma conexión se ha convertido en un arma. Cuando un país controla las tuberías principales del sistema financiero global, puede cerrar el flujo a naciones específicas, congelando sus activos y aislándolas del comercio. Esta estrategia, conocida como la militarización del dólar, se ha utilizado repetidamente para castigar a naciones como Irán, Venezuela y Rusia sin disparar un solo tiro. La pregunta que enfrentan ahora los economistas y los líderes políticos es si esta presión obligará al resto del mundo a romper con el sistema y construir sus propios sistemas, lo que potencialmente fragmentaría la economía global unificada en bloques contrapuestos.

Un equipo de investigadores de universidades nigerianas se propuso comprender exactamente cómo está ocurriendo este cambio y qué significa para el futuro. Realizaron una revisión cuidadosa de cientos de estudios recientes, centrándose en el periodo posterior a 2021, cuando las sanciones financieras se volvieron más frecuentes y severas. Su trabajo, basado en la idea de que las naciones actúan para proteger su propio poder en un mundo sin una policía global, examinó cómo Estados Unidos utiliza su control sobre el dólar para coaccionar a otros países y cómo reaccionan estos países. Los investigadores descubrieron que, si bien el dólar sigue siendo la moneda dominante hoy en día, el uso agresivo de las sanciones financieras está impulsando inadvertidamente a las naciones a construir alternativas. Este proceso no está ocurriendo de la noche a la mañana, pero está creando de manera constante un mundo fragmentado donde diferentes grupos de países dependen de diferentes monedas y sistemas de pago.

El estudio identifica tres formas específicas en las que el dólar se utiliza como herramienta de presión. Primero, las naciones poderosas pueden bloquear a un país objetivo del uso del sistema de mensajería global que los bancos utilizan para enviar instrucciones de pago, aislándolo efectivamente del comercio internacional. Segundo, pueden congelar las cuentas bancarias extranjeras y los activos que un país posee en los Estados Unidos o en sus aliados, eliminando instantáneamente el acceso a vastas cantidades de riqueza. Tercero, pueden amenazar con cortar el acceso a cualquier otro banco en cualquier parte del mundo que intente hacer negocios con la nación sancionada, obligando a las instituciones globales a cumplir por temor. Los investigadores señalaron que, si bien estas tácticas son efectivas a corto plazo, crean un poderoso incentivo para que otras naciones encuentren una salida. Cuando un país ve sus ahorros congelados o su comercio bloqueado, se da cuenta de que confiar en una sola moneda controlada por un rival potencial es una apuesta peligrosa.

En respuesta, un grupo de importantes economías emergentes conocido como BRICS —que incluye a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— ha comenzado un esfuerzo coordinado para reducir su dependencia del dólar. Los investigadores observaron que este no es un intento repentino de crear una nueva moneda única para reemplazar al dólar, lo cual sería increíblemente difícil. En su lugar, estas naciones están construyendo un conjunto paralelo de herramientas para gestionar sus propios asuntos. Están comerciando cada vez más entre sí utilizando sus propias monedas locales, como el yuan chino o el rublo ruso, en lugar de convertir todo primero a dólares. Han establecido nuevas redes de pago que operan fuera de los sistemas controlados por Occidente, permitiéndoles enviarse dinero directamente entre sí sin temor a ser desconectados. Además, estas naciones están diversificando sus ahorros mediante la compra de más oro y la tenencia de activos en otras monedas, asegurándose de que, si un sistema falla, tengan otros en los que apoyarse.

La evidencia sugiere que este cambio está impulsado por un deseo de seguridad más que por un deseo de destruir la economía estadounidense. Los investigadores encontraron que, si bien el dólar permanece profundamente arraigado en el sistema global debido a su liquidez y confianza, el uso repetido de las sanciones está erosionando esa confianza. Las naciones están construyendo lentamente una nueva arquitectura financiera que corre junto a la antigua. Esto crea un mundo donde el comercio y las finanzas ya no son un flujo único y unificado, sino que comienzan a dividirse en diferentes canales basados en alianzas políticas. El estudio concluye que Estados Unidos enfrenta un difícil dilema: usar el dólar como arma proporciona una ventaja inmediata, pero cada vez que se usa, fomenta que más países construyan las mismas alternativas que eventualmente debilitarán la dominancia del dólar. La economía global no está colapsando, sino que se está fragmentando, pasando de un sistema único y centralizado hacia una realidad multipolar más compleja donde el poder se comparte entre varios centros financieros distintos.

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