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Transconjunctival Forceps-Assisted Flanged Intrascleral Fixation via a Posterior Approach: Clinical Outcomes of a Modified Technique

Este estudio retrospectivo de 332 ojos demuestra que una técnica modificada de fijación de LIO escleral con pestaña asistida por fórceps mediante abordaje posterior ofrece una alternativa segura, eficaz y altamente estable para casos complejos, incluyendo pacientes pediátricos y con síndrome de Marfan, con una mejora visual significativa y factores de riesgo identificables para el edema macular quístico.

Autores originales: Mehmet Onen, Ece Ozdemir Zeydanli, Muzaffer Sahin, Feyza Dicle Isik, Huseyin Ozcan, Ozgul Tanis, Ozlem Evren Kemer

Publicado 2026-10-18
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Mehmet Onen, Ece Ozdemir Zeydanli, Muzaffer Sahin, Feyza Dicle Isik, Huseyin Ozcan, Ozgul Tanis, Ozlem Evren Kemer

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cuando el cristalino natural del ojo, que enfoca la luz en la retina, se vuelve opaco o se desplaza, los cirujanos suelen reemplazarlo con una lente de plástico artificial transparente llamada lente intraocular. Normalmente, esta nueva lente se asienta dentro de una cápsula transparente y delicada que mantiene el cristalino natural en su lugar. Sin embargo, en casos de trauma severo, condiciones genéticas o complicaciones de cirugías previas, esta cápsula de soporte puede estar ausente o ser demasiado débil para sostener la nueva lente. Sin este anclaje, la lente artificial puede desplazarse, inclinarse o caer de su posición, dejando al paciente ciego. Durante décadas, los cirujanos han luchado por encontrar una forma de asegurar estas lentes cuando la estructura de soporte natural ha desaparecido, recurriendo a menudo a suturas que pueden erosionarse con el tiempo o colocando la lente en la parte frontal del ojo donde puede dañar la córnea.

Un cambio significativo ocurrió recientemente con el desarrollo de técnicas que introducen los extremos de la lente artificial directamente en la parte blanca del ojo, la esclera, sin utilizar puntos de sutura. Un método popular, conocido como la técnica de Yamane, implica guiar los extremos de la lente a través del ojo utilizando agujas largas y delgadas. Aunque es efectivo, este enfoque requiere que el cirujano maniobre a ciegas dentro del ojo, lo que conlleva riesgos de dañar estructuras internas delicadas. Los investigadores han estado buscando una forma de hacer que este procedimiento sea más seguro y preciso, particularmente para casos complejos donde la anatomía del ojo está distorsionada o en el caso de pacientes pediátricos.

Un equipo de cirujanos del Hospital Ciudad de Ankara Bilkent en Turquía ha descrito ahora un enfoque modificado que cambia la forma en que se asegura la lente. En lugar de depender de agujas para guiar la lente desde el interior hacia afuera, utilizaron un par de fórceps especializados, similares a los utilizados en la cirugía de retina, para sujetar los extremos de la lente directamente bajo un microscopio. Al mirar directamente hacia la parte posterior del ojo a través de una pequeña abertura, el cirujano podía ver exactamente dónde estaba la lente y llevarla a su lugar con control total. Este método, que denominan técnica de asistencia con fórceps de abordaje posterior, evita las maniobras ciegas de los métodos anteriores y permite la reutilización directa de lentes que ya se han desplazado de su posición, evitando que el paciente necesite un implante nuevo.

Los investigadores aplicaron esta técnica a 332 ojos de 309 pacientes, con edades comprendidas entre los 3 y los 91 años. Los pacientes presentaban diversas razones para necesitar la cirugía, incluyendo trauma ocular severo, trastornos genéticos que debilitan las estructuras de soporte del ojo y complicaciones de operaciones previas de catarata. En todos los casos, los cirujanos primero eliminaron cualquier gel vítreo turbio de la parte posterior del ojo para despejar la visión. Luego, crearon dos pequeñas aberturas en la parte blanca del ojo y utilizaron los fórceps para sujetar suavemente los dos brazos de la lente artificial. Tiraron de estos brazos a través de las aberturas y utilizaron una herramienta térmica para derretir las puntas de los brazos de plástico, creando pequeños pomos redondeados. Estos pomos actuaron como topes, evitando que la lente se deslizara de nuevo hacia el interior. En pacientes con paredes oculares laxas o débiles, como niños o personas con trastornos del tejido conectivo, los cirujanos añadieron algunas suturas adicionales para mantener el túnel apretado.

Los resultados de esta gran serie de operaciones fueron alentadores. En más del 94 por ciento de los ojos, la lente artificial permaneció perfectamente centrada y estable durante el período de seguimiento, que duró de seis meses a cinco años. Solo una pequeña fracción de los pacientes, aproximadamente un 5,7 por ciento, requirió una segunda cirugía para corregir una lente que se había inclinado o desplazado. La razón más común para requerir una revisión fue el deslizamiento de la lente fuera de su túnel, un problema que ocurrió con mayor frecuencia en pacientes con síndrome de Marfan, una condición genética que afecta la fuerza del tejido conectivo. Para estos pacientes específicos, los cirujanos descubrieron que añadir una sutura al túnel después del procedimiento inicial evitaba nuevos desplazamientos. A pesar de la alta complejidad de los casos, la cirugía mejoró significamente la visión de la mayoría de los pacientes. En promedio, los pacientes ganaron unas siete líneas de visión en una tabla optométrica estándar, pasando de ser capaces de ver solo letras grandes a distancia a leer textos mucho más pequeños.

El estudio también analizó los posibles riesgos y complicaciones. El problema más común fue una inflamación de la retina llamada edema macular quístico, que ocurrió en aproximadamente el 5 por ciento de los ojos. Los investigadores identificaron que los pacientes con diabetes, aquellos que habían tenido cirugía previa de desprendimiento de retina o aquellos que tuvieron que esperar para una segunda cirugía para retirar fragmentos de lente caídos, tenían un mayor riesgo de sufrir esta inflamación. Afortunadamente, todos los casos de inflamación se resolvieron con tratamiento. Otras complicaciones, como hemorragias dentro del ojo o desprendimiento de retina, fueron poco comunes. Los cirujanos señalaron que su método era particularmente útil para reposicionar lentes que ya habían sido implantados pero que se habían desplazado de su lugar, ya que permitía agarrar y asegurar la lente existente sin retirarla. Esta capacidad es una ventaja importante, ya que ahorra al paciente el costo y el trauma de un nuevo implante.

Los autores concluyen que esta técnica modificada ofrece una alternativa segura y efectiva para asegurar lentes artificiales cuando el soporte natural falta. Al utilizar herramientas quirúrgicas estándar y visualización directa, el método simplifica un procedimiento difícil y reduce el riesgo de dañar el ojo. Resultó exitoso incluso en escenarios desafiantes, como en niños o pacientes con trastornos genéticos, proporcionando una solución estable donde otros métodos podrían fallar. Aunque el estudio fue retrospectivo, lo que significa que analizó registros pasados en lugar de probar el método en un experimento controlado, el gran número de pacientes y la consistencia de los resultados sugieren que este enfoque es una opción confiable para los cirujanos que enfrentan casos complejos de desplazamiento de la lente.

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