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Delinquent development in a multi-year cohort of institutionalized boys and girls: shape and predictors of delinquent trajectories from age 18 to 30

Utilizando datos de registros neerlandeses sobre casi 37.000 jóvenes anteriormente institucionalizados, este estudio revela que, si bien el empleo y la cohabitación reducen consistentemente la delincuencia tanto para hombres como para mujeres, el efecto de desistencia de la paternidad/maternidad es específico de género (significativo para las mujeres pero no para los hombres) y que la mayoría de los individuos siguen trayectorias de baja frecuencia o de desistencia, permaneciendo la delincuencia crónica de alta frecuencia como un subgrupo distinto y predominantemente masculino.

Autores originales: Judith R. Nijensteen, Victor R. Geest

Publicado 2026-10-22
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Autores originales: Judith R. Nijensteen, Victor R. Geest

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La mayoría de las personas crecen y se asientan en un ritmo de trabajo, familia y comunidad que naturalmente las aleja de los problemas. Para la gran mayoría, la energía salvaje de la adolescencia se desvanece a medida que las responsabilidades de la edad adulta toman el control. Pero para un grupo específico de jóvenes, ese camino es mucho más peligroso. Estos son los niños que, durante sus años más formativos, fueron retirados de sus hogares y colocados en instituciones de acogida residencial. A menudo llegan a estas instalaciones cargando con una pesada carga de traumas pasados, vidas familiares inestables y problemas de comportamiento. Debido a que han enfrentado tantas desventajas desde temprano, la sociedad suele esperar que continúen por un camino de delincuencia hacia la edad adulta. La gran pregunta para los investigadores siempre ha sido si este camino es una línea recta o si puede curvarse. ¿Pueden estos jóvenes, a pesar de sus comienzos difíciles, encontrar su camino hacia una vida libre de delitos al entrar en los treinta años? Y si lo hacen, ¿qué momentos específicos de sus vidas —como conseguir un trabajo, mudarse con una pareja o convertirse en padres— realmente los sacan de la vía criminal?

Para responder a esto, un equipo de investigadores en los Países Bajos recurrió a un archivo masivo de registros oficiales. Siguieron a un grupo de casi 36.500 individuos, nacidos entre 1978 y 1994, que habían pasado al menos tres meses en un hogar institucional neerlandés entre los 12 y los 18 años. Los investigadores rastrearon a estas personas desde el momento en que cumplieron los 18 años hasta que cumplieron los 30, analizando los registros policiales de delitos graves. Querían ver no solo cuántos delitos se cometieron, sino cómo cambió el patrón de delincuencia a lo largo del tiempo para cada persona. También examinaron de cerca tres eventos importantes de la vida: conseguir un trabajo estable, vivir con una pareja y convertirse en padre o madre. Al utilizar un método que compara a una persona consigo misma a lo largo del tiempo, en lugar de simplemente comparar a una persona con otra, el equipo pudo aislar el efecto específico de estos cambios de vida en el comportamiento criminal, filtrando los rasgos profundos que todos llevan consigo desde la infancia.

La historia que surgió de los datos fue una de esperanza, pero con una diferencia distintiva entre hombres y mujeres. Primero, los investigadores encontraron que la gran mayoría de estos jóvenes, de hecho, dejaron de cometer delitos graves a medida que avanzaban hacia la edad adulta. La tasa general de delincuencia disminuyó significitamente tanto para hombres como para mujeres entre los 18 y los 30 años. Sin embargo, los hombres del estudio seguían cometiendo delitos a una tasa más de tres veces superior a la de las mujeres. Cuando los investigadores dividieron el grupo en patrones de comportamiento específicos, encontraron que la mayoría de las personas seguían un camino de delincuencia baja o decreciente. Pero un pequeño y persistente grupo de hombres continuó cometiendo delitos con una alta frecuencia bien entrada la década de los treinta. Para las mujeres, los patrones fueron similares en forma pero mucho menores en intensidad, con un pequeño grupo de mujeres también mostrando un patrón persistente de delincuencia.

La parte más reveladora del estudio se refirió a cómo los eventos de la vida influyeron en estos patrones. Para los hombres, encontrar un empleo estable y vivir con una pareja fueron fuerzas poderosas que redujeron la delincuencia. Estos dos factores trabajaron de forma independiente para alejar a los hombres de la delincuencia. Sin embargo, el papel de la paternidad fue más complicado. Al observar a los hombres en su conjunto, convertirse en padre parecía reducir la delincuencia, pero este efecto desapareció una vez que los investigadores tuvieron en cuenta si el hombre también tenía un trabajo o una pareja. Resultó que, para los hombres, el efecto protector de la paternidad se debía en gran medida a que los padres también tenían más probabilidades de estar trabajando o viviendo con alguien. Para las mujeres, la historia fue diferente. Convertirse en madre fue una fuerza poderosa e independiente para detener la delincuencia. Incluso cuando una mujer tenía un trabajo o una pareja, el acto de convertirse en madre todavía reducía significativamente su probabilidad de delinquir. Esto sugiere que, para las mujeres en este grupo vulnerable, la maternidad actúa como un punto de inflexión único que redefine su identidad y prioridades de una manera que el empleo por sí solo no hace.

Los investigadores también descubrieron que estos eventos de la vida no afectaron a todos de la misma manera. Para los hombres que ya estaban cometiendo delitos a un ritmo muy alto, convertirse en padre no pareció ayudar; en algunos casos, incluso se asoció con un ligero aumento de la delincuencia. Esto sugiere que, para aquellos profundamente arraigados en un estilo de vida criminal, el estrés de la paternidad sin otros apoyos podría no ser suficiente para cambiar su camino. En contraste, para las mujeres que estaban cometiendo delitos a tasas altas, convertirse en madre fue una señal fuerte de que se estaban alejando de la delincuencia. En términos generales, tener un trabajo y vivir con una pareja fueron ayudantes constantes para todos, independientemente de su comportamiento pasado. El estudio concluye que, si bien el camino fuera de la delidad está abierto para la mayoría de los jóvenes anteriormente institucionalizados, las señales que los guían hacia allí se ven diferentes dependiendo de si son hombre o mujer. Para los hombres, la estructura del trabajo y la pareja parece ser el motor principal del cambio, mientras que para las mujeres, la responsabilidad de la maternidad posee un poder único y poderoso para redireccionar una vida.

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