Safety of Early Mobilisation and Rehabilitation in Critically Ill Patients: A Prospective Multicentre Cohort Study
Este estudio de cohorte prospectivo multicéntrico demuestra que la movilización temprana y la rehabilitación en pacientes críticamente enfermos, incluidos aquellos que reciben soporte con vasopresores, es generalmente segura, con eventos adversos infrecuentes y transitorios, y sin una asociación estadísticamente significativa entre el uso de vasopresores y los incidentes de seguridad.
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Durante décadas, el enfoque estándar para cuidar a los pacientes en las unidades de cuidados intensivos era mantenerlos quietos. La lógica era sólida: si una persona está luchando por su vida, con tubos en sus venas y máquinas respirando por ella, el lugar más seguro es una cama. Pero los médicos y terapeutas comenzaron a notar un patrón preocupante. Los pacientes que permanecían inmóviles durante días o semanas a menudo despertaban con músculos que se habían atrofiado, articulaciones que se habían endurecido y mentes que se habían vuelto nubladas. Este conjunto de problemas, ahora conocido como debilidad adquirida en la UCI, podría convertir una estancia hospitalaria corta en una lucha de por vida contra la discapacidad. Para prevenir esto, los equipos médicos comenzaron a intentar algo diferente: lograr que los pacientes se movieran mientras aún estaban críticamente enfermos. Ayudaban al paciente a sentarse, ponerse de pie o incluso dar unos pocos pasos, a menudo dentro de los primeros días de su ingreso.
Sin embargo, este cambio en la práctica creó una nueva y urgente pregunta. Si un paciente está tan enfermo que necesita fármacos potentes para mantener su presión arterial, ¿es seguro hacer que se ponga de pie? Muchos equipos médicos dudaban, temiendo que el esfuerzo físico de moverse pudiera causar que el corazón del paciente se acelerara, que su presión arterial cayera drásticamente o que sus niveles de oxígeno bajaran peligrosamente. Esta incertidumbre significaba que algunos pacientes que podrían haberse beneficiado del movimiento se quedaban en la cama, simplemente porque las reglas sobre quién podía moverse no estaban claras. Un nuevo estudio se propuso responder a esta pregunta observando qué sucedía realmente cuando los pacientes críticamente enfermos, incluidos aquellos con soporte de fármacos, eran ayudados a moverse.
Los investigadores, trabajando en cuatro hospitales importantes de Bogotá, Colombia, siguieron a 262 pacientes adultos durante varios meses. Estos no eran voluntarios sanos; eran personas con enfermedades graves, algunas de las cuales estaban con ventiladores y otras que recibían infusiones continuas de medicación para apoyar su circulación. El equipo no solo observó a estos pacientes; los ayudaron activamente a moverse. Terapeutas capacitados evaluaron a cada persona y los guiaron a través de una serie de actividades adaptadas a su fuerza. Algunas sesiones consistían en movimientos pasivos, donde el terapeuta movía las extremidades del paciente. Otras eran más activas, requiriendo que el paciente se sentara en el borde de la cama, se pusiera de pie o caminara. En total, el equipo registró más de 1,100 de estas sesiones de movimiento.
El objetivo principal era ver si mover a estos pacientes frágiles causaba daño. El equipo definió "daño" de manera amplia, buscando cosas como una caída repentina de oxígeno, un cambio peligroso en el ritmo cardíaco o un pico o caída en la presión arterial. También prestaron mucha atención a los pacientes que recibían vasopresores, los fármacos utilizados para mantener estable la presión arterial. Los investigadores querían saber si la presencia de estos fármacos hacía que el movimiento fuera más peligroso. Rastrearon cada sesión, anotando las constantes vitales del paciente antes y después de la actividad, y registraron cada vez que algo salía mal.
Los resultados fueron sorprendentemente tranquilizadores. De las 1,136 sesiones realizadas, solo ocurrieron 26 eventos de seguridad. Esto significa que, en aproximadamente 98 de cada 100 sesiones, los pacientes se movieron sin ninguna reacción adversa. Cuando ocurrían problemas, casi siempre eran menores y temporales. Los problemas más comunes fueron una breve disminución en los niveles de oxígeno o un cambio momentáneo en la presión arterial. Crucialmente, ninguno de estos eventos requirió que los terapeutas detuvieran la sesión. En un solo caso, un paciente necesitó un aumento pequeño y temporal en su medicación para estabilizar su presión arterial, e incluso entonces, la sesión continuó. La gran mayoría de los pacientes completaron sus ejercicios sin necesidad de ninguna intervención médica.
El estudio también analizó específicamente a los pacientes que recibían soporte de vasopresores. Aproximadamente una quinta parte de todas las sesiones se realizaron mientras estos fármacos estaban en funcionamiento. Los investigadores compararon la seguridad de estas sesiones frente a aquellas en las que no se utilizaban tales fármacos. Encontraron que no había una diferencia significativa en la tasa de problemas. Ya fuera que un paciente estuviera con una dosis baja de medicación para apoyar su presión arterial o sin medicación alguna, el riesgo de un evento de seguridad seguía siendo muy bajo. Esto sugiere que la presencia de estos fármacos, a menudo vistos como una barrera estricta para el movimiento, no hace que el paciente sea automáticamente demasiado inestable para moverse.
Los investigadores también examinaron cómo respondían los pacientes físicamente. Durante las sesiones, las frecuencias cardíacas y respiratorias aumentaron ligeramente, lo cual es una reacción normal al ejercicio. La presión arterial subió solo un poco y los niveles de oxígeno se mantuvieron estables. Los pacientes pudieron progresar con el tiempo, pasando de ejercicios sencillos en la cama a ponerse de pie y caminar. El estudio no demostró que mover a estos pacientes curara su debilidad, ya que no hubo un grupo de control para comparar, pero sí demostró que el acto de moverlos era seguro. Los eventos que ocurrieron fueron raros, fugaces y manejables.
Este trabajo desafía la vieja idea de que los pacientes críticamente enfermos deben permanecer quietos hasta que se recuperen por completo. Demuestra que, con un seguimiento cuidadoso y un plan estructurado, incluso los pacientes con fármacos de soporte vital potentes pueden moverse de forma segura. Los hallazgos no sugieren que cada paciente deba ser movido inmediatamente, ni pretenden que el movimiento esté libre de riesgos. En cambio, proporcionan evidencia de que el miedo a mover a un paciente con vasopresores puede ser mayor que el peligro real. Al mostrar que los eventos de seguridad son infrecuentes y rara vez serios, el estudio ofrece un camino a seguir para que los equipos médicos ayuden a los pacientes a recuperar su fuerza más pronto, reduciendo potencialmente la discapacidad a largo plazo que suele seguir a una estancia en la unidad de cuidados intensivos.
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