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Do Plundered Tombs Still Speak? Archaeometric Evidence from the Pre-Hispanic site of Siete Ventanas de Cochapetí, Peru

Este artículo demuestra que el análisis geoquímico de los artefactos metálicos recuperados de la chullpa prehispánica saqueada de Siete Ventanas de Cochapetí revela técnicas de producción distintivas y una probable fuente de mineral de Cerro de Pasco, proporcionando así valiosos conocimientos sobre las conexiones socioeconómicas y culturales de la región.

Autores originales: Aniela Sadowska, Maciej Kałaska, Beata Marciniak-Maliszewska, Emanuela Rudnicka, Julia M. Chyla, Patrycja Przadka-Giersz, Paula Sierpień, Weronika Tomczyk, Jakub Karasiński, Jakub Stępnik, Jędrzej Szy
Publicado 2026-10-29
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Aniela Sadowska, Maciej Kałaska, Beata Marciniak-Maliszewska, Emanuela Rudnicka, Julia M. Chyla, Patrycja Przadka-Giersz, Paula Sierpień, Weronika Tomczyk, Jakub Karasiński, Jakub Stępnik, Jędrzej Szymanek, Roberto Pimentel Nita, Wiesław Więckowski, Miłosz Giersz

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el aire alto y tenue de los Andes peruanos, torres de piedra conocidas como chullpas han permanecido en pie durante siglos, marcando los lugares de descanso de los ancestros. Estas estructuras, construidas para parecer pequeñas casas, no eran solo tumbas, sino centros activos de la vida familiar y la memoria, donde las comunidades regresaban para honrar a los muertos. Con el tiempo, muchas de estas torres fueron perturbadas, sus contenidos dispersados por saqueadores o el paso de los siglos, dejando a los arqueólogos restos fragmentados en lugar de tesoros intactos. Sin embargo, incluso en este estado roto, los objetos dejados atrás pueden contar una historia profunda. Al examinar la composición química de fragmentos de metal antiguos, los científicos pueden rastrear el viaje de las materias primas desde minas distantes hasta las manos de los artesanos locales. Este proceso, conocido como análisis de procedencia, actúa como una huella dactilar geológica, revelando dónde se excavó el mineral y cómo se transformó, ofreciendo una visión excepcional de las redes económicas y sociales que conectaban a las antiguas comunidades andinas mucho antes de la llegada de los europeos.

Un equipo de investigadores dirigió recientemente su atención a las Siete Ventanas de Cochapetí, una chullpa de múltiples cámaras ubicada en lo alto de la provincia de Huarmey. Para cuando el equipo llegó para su campaña de 2025–2026, el sitio había sido fuertemente perturbado. Relatos históricos describieron cómo estudiantes locales retiraron una vez momias, textiles y ornamentos, solo para que un museo escolar fuera destruido por un terremoto en 1970. El sitio era una mezcla caótica de huesos humanos, restos animales y artefactos dispersos, sin que quedaran entierros intactos para estudiar. A pesar de esto, el equipo encontró cuatro pequeños fragmentos de metal ocultos entre los escombros: dos piezas de cobre y dos piezas de plata. Aunque diminutos, estos fragmentos contenían suficiente información para reconstruir la historia de su creación y su origen.

Los científicos comenzaron analizando la estructura física y la composición química de estos fragmentos utilizando potentes microscopios. Descubrieron que las piezas de cobre estaban hechas de metal casi puro, creado al verter cobre fundido en un molde y dejarlo enfriar. No había signos de que el metal hubiera sido martillado o moldeado después de solidificarse; permanecía exactamente como salió del horno. Las piezas de plata contaban una historia diferente. Estas eran aleaciones, mezcladas con una pequeña cantidad de cobre para fortalecerlas. Un fragmento de plata mostraba evidencia clara de haber sido martillado y calentado repetidamente, un proceso que lo habría hecho más duro y duradero, mientras que la otra pieza de plata parecía haber sido fundida y dejada casi intacta. Esta diferencia sugería que los dos objetos de plata se fabricaron utilizando técnicas diferentes, quizás para propósitos distintos o por diferentes artesanos.

Para averiguar de dónde provenía el metal, los investigadores recurrieron al análisis de isótopos de plomo. Aunque el plomo no es el ingrediente principal de estos objetos, cantidades ínfimas están presentes naturalmente en el mineral utilizado para fabricar el metal. La proporción de diferentes tipos de átomos de plomo actúa como una firma única para una mina o región específica. El equipo midió estas proporciones en los fragmentos de plata y las comparó con una vasta base de datos de depósitos de mineral conocidos en los Andes. Los resultados señalaron un origen específico para la primera pieza de plata: el distrito minero de Cerro de Pasco en el centro de Perú, una enorme fuente de mineral polimetálico ubicada relativamente cerca de la tumba. La segunda pieza de plata era más compleja; su firma química coincidía con varias ubicaciones diferentes, incluyendo áreas del centro y sur de Perú, tales como los distritos de Cailloma y Orcopampa. Esto sugiere que el metal provenía de una fuente distinta, posiblemente cientos de kilómetros de distancia, o que el mineral era una mezcla de diferentes lugares.

Los fragmentos de cobre, sin embargo, presentaron un desafío. Eran tan puros que contenían casi nada de plomo, lo que hacía imposible usar el mismo método de rastreo para encontrar su mina. Esta falta de datos, combinada con el hecho de que el cobre no estaba aleado y simplemente fue fundido, sugiere que provenía de un tipo de mineral muy simple, tal vez un óxido o carbonato básico, pero la ubicación específica sigue siendo un misterio. El estudio destaca que, incluso en un sitio saqueado y fragmentado, el metal superviviente puede revelar distintas elecciones tecnológicas y conexiones comerciales. Los dos objetos de plata no provenían del mismo suministro, y fueron trabajados de diferentes maneras, lo que indica que las personas que utilizaron esta tumba tenían acceso a metales de diversas regiones y poseían diversas habilidades para trabajarlos.

Si bien los investigadores no pudieron precisar la mina exacta para cada pieza, los hallazgos confirman que la gente de Siete Ventanas formaba parte de una red más amplia. La presencia de plata de distritos distantes como Orcopampa, que está a más de 1,500 kilómetros de distancia, demuestra que los objetos de metal terminados viajaron vastas distancias a través de los Andes. Al mismo tiempo, la proximidad de la coincidencia con Cerro de Pasco sugiere que también se utilizaban fuentes locales o regionales. El estudio no pretende haber resuelto todo el rompecabezas del comercio de metales andinos, pero establece una línea de base crucial. Al mostrar que estos artefactos provenían de al menos dos fuentes diferentes y fueron elaborados con diferentes técnicas, la investigación abre la puerta a futuros estudios para mapear cómo el metal se movía a través de la región, conectando la costa, los valles y las tierras altas en una compleja red de intercambio y artesanía.

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