Planet-app: From Psycho to Neuropower. An Analysis of the Link Between Artificial Intelligence and Everyday Life
Este artículo aborda un vacío en la investigación de las ciencias sociales al analizar la integración de las aplicaciones impulsadas por IA en la vida cotidiana mediante un estudio autoetnográfico, argumentando finalmente que estas aplicaciones fomentan una nueva forma de control social denominada "neuropoder".
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo
Vivimos en un mundo donde lo invisible se ha convertido en la fuerza más tangible de nuestra vida cotidiana. Durante décadas, entendimos el poder en términos de cuerpos físicos y grandes grupos de personas. Los gobiernos e instituciones gestionaban las poblaciones rastreando tasas de natalidad, estadísticas de salud y el comportamiento general de las multitudes. Este enfoque, conocido como biopolítica, trataba a las personas como parte de un todo colectivo que debía ser optimizado para el bien del Estado. Más recientemente, a medida que nuestra atención y nuestras emociones se convirtieron en la nueva moneda de la era digital, los académicos comenzaron a describir un cambio hacia la psicopolítica. Aquí, el enfoque se desplazó del cuerpo a la mente, donde los algoritmos y las plataformas intentan moldear nuestros deseos, recuerdos y sentimientos para mantenernos comprometidos y consumiendo. Pero una nueva capa de la realidad está emergiendo bajo estos modelos más antiguos. A medida que nuestros dispositivos se vuelven más inteligentes y más integrados en nuestra biología, surge la pregunta: ¿estamos siendo gestionados no solo como cuerpos o como mentes, sino como sistemas nerviosos que pueden ser recableados?
Esta pregunta impulsa un nuevo estudio de los investigadores Francisco Tirado, Sergi Parellada y Enrique Baleriola, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Se propusieron comprender cómo las pequeñas aplicaciones, o "apps", en nuestros teléfonos y computadoras están cambiando la forma en que vivimos y cómo somos controlados. Estos investigadores no se apoyaron únicamente en teorías abstractas; llevaron a cabo una investigación profunda y personal sobre las aplicaciones que usamos a diario, particularmente aquellas centradas en la salud, el fitness y el entrenamiento mental. Al registrar sus propias experiencias y analizar cómo funcionan estas herramientas, descubrieron que las apps no son solo herramientas pasivas que utilizamos. En cambio, actúan como mediadores activos que vinculan nuestras acciones diarias con vastas y ocultas redes de datos. El estudio sugiere que, a través de esta conexión, ha surgido una nueva forma de poder, que los autores llaman "neuropoder". Este es un sistema que no solo nos observa o influye en nuestros pensamientos, sino que moldea activamente la plasticidad de nuestros sistemas nerviosos, entrenándonos para optimizarnos constantemente para un futuro que nunca llega del todo.
Para entender lo que estos investigadores encontraron, primero hay que observar qué es realmente una aplicación. En el lenguaje cotidiano, una app es un pequeño icono en una pantalla que tocamos para realizar una tarea. Pero para estos científicos, una app es mucho más que un botón digital. Es un puente entre nuestra realidad física y un mundo oculto de información digital. Cuando usamos una aplicación, no solo estamos presionando un botón; estamos conectando nuestras acciones inmediatas con una enorme nube de datos que procesa nuestra ubicación, nuestras preferencias y nuestros hábitos. Los investigadores descubrieron que estas aplicaciones operan bajo tres principios principales que alteran fundamentalmente nuestra relación con la realidad. Primero, crean una "realidad aumentada". Así como un microscopio revela detalles invisibles al ojo desnudo, una aplicación revela capas ocultas de información sobre el mundo que nos rodea. Por ejemplo, una aplicación de salud puede escanear una etiqueta de un alimento e informar instantáneamente al usuario sobre alérgenos o contenido nutricional, añadiendo una capa de datos de salud al simple acto de comprar comestibles. Esto convierte un viaje de compras normal en un complejo proceso de toma de decisiones guiado por la aplicación.
Segundo, estas aplicaciones construyen perfiles detallados de nosotros, pero no de la manera que podríamos pensar. No simplemente nos categorizan como "hombres" o "mujeres", o "jóvenes" o "viejos". En su lugar, nos fragmentan en datos: nuestro ritmo cardíaco, nuestros patrones de sueño, nuestra velocidad de escritura o nuestras elecciones musicales. Los investigadores describen este yo fragmentado como un "dividuo". Una aplicación toma estas piezas dispersas de información y las recombina para crear un perfil único que se actualiza constantemente. Este perfil no es una imagen estática de quiénes somos; es un mapa dinámico de nuestro comportamiento que la aplicación utiliza para predecir qué haremos a continuación. Cuando una aplicación de fitness te dice que corras más rápido porque tu ritmo cardíaco es más bajo del promedio para tu grupo de edad, no está juzgando tu carácter; está reaccionando a un punto de datos específico en tu perfil. Este proceso convierte nuestra identidad en una colección de variables ajustables que pueden ser optimizadas.
Tercero, y quizás lo más importante, estas aplicaciones operan bajo un "principio ético débil". A diferencia de una regla estricta impuesta por un gobierno o un médico, una aplicación no te obliga a hacer nada. Sugiere, anima y guía. Te dice que podrías comer mejor, dormir más o entrenar más duro, pero deja la decisión final en ti. Esto crea una poderosa ilusión de libertad. Sientes que estás tomando tus propias decisiones para mejorar tu vida, pero el camino que recorres está diseñado enteramente por la aplicación. Los investigadores argumentan que esta guía sutil es más efectiva que la fuerza porque hace que quieras optimizarte a ti mismo. Comienzas a ver tu propia vida como un proyecto que necesita una mejora constante, y recurres a la aplicación para que te diga cómo hacerlo.
Los investigadores se centraron intensamente en las aplicaciones relacionadas con la salud, tales como las que rastrean la actividad física, monitorean el sueño o entrenan el cerebro. Descubrieron que estas herramientas han acelerado un cambio que se aleja de la gestión de las poblaciones en su conjunto. En el pasado, las medidas de salud pública estaban diseñadas para la persona promedio. Hoy, las aplicaciones se centran enteramente en el individuo. No les importa la población; les importa tu ritmo cardíaco específico, tu ingesta calórica específica y tu ciclo de sueño específico. Este cambio significa que el antiguo concepto de "población" se está volviendo menos relevante. En su lugar, estamos siendo gestionados como colecciones únicas de puntos de datos, cada uno siendo ajustado constantemente para encajar en una versión idealizada y perfecta de nosotros mismos.
Esto conduce al hallazgo más significativo del estudio: el surgio del neuropoder. Los investigadores sugieren que, si bien hemos pasado de gestionar cuerpos a gestionar mentes, ahora estamos entrando en una era donde el sistema nervioso mismo es el objetivo. Las aplicaciones, impulsadas por la inteligencia artificial, están diseñadas para interactuar con la plasticidad de nuestros cerebros. La plasticidad se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse basándose en la experiencia. Las aplicaciones explotan esto creando hábitos y patrones de pensamiento que se graban profundamente en nuestros sistemas nerviosos. Cuando revisas tu monitor de actividad física cada mañana, o cuando dejas que una aplicación decida qué noticia leer, no solo estás realizando una tarea. Estás entrenando a tu cerebro para responder a estímulos específicos y para esperar ciertos tipos de retroalimentación.
Los investigadores explican que esta forma de poder funciona creando "marcas" o trazas en el sistema nervioso. Estas marcas se forman a través de la repetición y el flujo constante de datos. Una aplicación podría animarte a caminar diez mil pasos al día, no porque sea médicamente necesario para todos, sino porque crea una rutina que tu cerebro aprende a seguir. Con el tiempo, esta rutina se convierte en parte de tu identidad. Te sientes incompleto sin los datos, y sientes una sensación de logro solo cuando la aplicación confirma tu progreso. Esto es el neuropoder en acción: no solo te dice qué hacer; cambia cómo funciona tu cerebro para que quieras hacerlo. El objetivo no es solo hacerte más sano o más productivo, sino hacer que tu sistema nervioso se alinee con la lógica de la aplicación.
El estudio también destaca una paradoja en este nuevo sistema. Si bien las aplicaciones parecen darnos más control sobre nuestras vidas, en realidad nos hacen más dependientes de ellas. Los investigadores encontraron que hemos llegado a depender de estas herramientas para comprender nuestros propios cuerpos y mentes. Sin una aplicación que rastree nuestro sueño o nuestro estado de ánimo, a menudo nos sentimos perdidos o incapaces de dar sentido a nuestras propias experiencias. Hemos entregado la autoridad de nuestro autoconocimiento al algoritmo. Esto crea una situación en la que estamos constantemente mirando hacia el futuro, tratando de optimizarnos para una versión de nosotros mismos que aún no existe. La aplicación nos dice que podemos ser mejores, más rápidos y más inteligentes, pero también asegura que nunca estemos satisfechos con quienes somos en este momento.
Los investigadores advierten cuidadosamente que esto no significa que las aplicaciones sean malvas o que sean la única fuerza en juego. Aclaran que las formas antiguas de poder, como la biopolítica y la psicopolítica, todavía existen. Sin embargo, argumentan que el neuropoder es la nueva fuerza dominante porque las subsume. No solo controla nuestras acciones o nuestros pensamientos; moldea el hardware mismo de nuestras mentes. El estudio sugiere que este es un cambio fundamental en cómo se organiza la sociedad. Ya no somos solo ciudadanos o consumidores; nos estamos convirtiendo en máquinas biológicas que son constantemente sintonizadas y ajustadas por interfaces digitales.
En su conclusión, los investigadores enfatizan que este no es un problema que pueda resolverse simplemente apagando nuestros teléfonos. Las aplicaciones se han convertido en la "nueva piel del mundo". Son el medio a través del cual experimentamos la realidad, y están tejidas en el tejido de nuestra vida diaria. Para entender este nuevo poder, debemos mirar más allá de la pantalla y ver las conexiones invisibles que vinculan nuestras acciones con vastos centros de datos corporativos. Debemos reconocer que cada vez que tocamos un icono, estamos participando en un sistema que está entrenando nuestros sistemas nerviosos para encajar en un patrón específico. El estudio no ofrece una solución simple, pero proporciona una advertencia clara: si no comprendemos cómo estas aplicaciones están moldeando nuestros cerebros, continuaremos optimizándonos para un futuro que ha sido diseñado por alguien más.
El trabajo de Tirado, Parellada y Baleriola nos invita a mirar nuestros dispositivos con ojos nuevos. Nos piden que consideremos que los pequeños iconos en nuestras pantallas no son solo herramientas, sino agentes activos en una nueva forma de control social. Al estudiar cómo funcionan estas aplicaciones, han revelado una capa oculta de poder que opera a través de la plasticidad de nuestros sistemas nerviosos. Este es el neuropoder, una fuerza que es sutil, omnipresente y profundamente personal. No grita ni ordena; susurra y sugiere, guiándonos hacia una versión de nosotros mismos que siempre está fuera de nuestro alcance. A medida que avanzamos más en la era digital, comprender esta nueva dinámica será esencial para cualquiera que quiera seguir siendo el amo de su propia mente.
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