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Tailoring texture in a mycelium yogurt alternative using oat bran fractions

Este estudio demuestra que fraccionar el salvado de avena en componentes solubles e insolubles permite la personalización dirigida de alternativas de yogur basadas en micelio, donde la fracción insoluble mejora la rigidez estructural y la estabilidad, mientras que la fracción soluble promueve la suavidad y la homogeneidad.

Autores originales: Yaqin Wang, Yanuka Kuruppu, Johanna Repo, Mari Tenhunen, Jihyun Jung, Miikka Laitinen, Fabio Tuccillo, Yan Xu

Publicado 2026-07-17
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Yaqin Wang, Yanuka Kuruppu, Johanna Repo, Mari Tenhunen, Jihyun Jung, Miikka Laitinen, Fabio Tuccillo, Yan Xu

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Imagina un mundo donde tu yogur de la mañana no está hecho de leche de vaca, sino de un bosque microscópico y velloso que crece en un tanque. Esta es la emocionante frontera de la ciencia de los alimentos de "micelio". El micelio es la red de aspecto radicular de los hongos (piensa en los hilos blancos que ves bajo el sombrero de un champiñón), y está repleto de proteínas y fibra, lo que lo convierte en una alternativa súper saludable y ecológica a los productos animales. Pero hay un inconveniente: aunque el micelio es excelente para fabricar carne falsa que parezca un filete, convertirlo en un yogur suave y cremoso es sorprendentemente difícil. El yogur real obtiene su textura viscosa y de cuchara porque las proteínas de la leche se agrupan en un gel perfecto cuando se vuelven ácidas. Sin embargo, las proteínas fúngicas, por el contrario, están envueltas en una armadura fibrosa y resistente que no se agrupa de la misma manera, dejándote a menudo con un desastre acuoso y granuloso en lugar de un deleite cremoso.

Para solucionar esto, los científicos han intentado añadir "ayudantes" a la mezcla, como el salvado de avena (la cáscara exterior de un grano de avena), que es famoso por hacer que las cosas sean espesas y suaves. Pero el salvado de avena es un arma de doble filo: tiene una parte resbaladiza y amante del agua (fibra soluble) y una parte granulosa y gruesa (fibra insoluble). La gran pregunta es: ¿qué parte de la avena es la verdadera heroína para hacer que el yogur de micelio se sienta como el producto real? ¿Es la parte resbaladiza la que lo hace suave, o es la parte granulosa la que lo mantiene unido? Este estudio se sumerge en ese misterio, probando diferentes formas de separar el salvado de avena para ver qué versión crea la mejor textura para un yogur fúngico.

El Gran Dividido de la Avena

En este estudio, investigadores de la Universidad de Helsinki y una empresa llamada Mush& decidieron jugar con los ingredientes de un yogur a base de micelio. Comenzaron con una base hecha de micelio fúngico (cultivado a partir de un tipo específico de hongo llamado Phellinus linteus) y luego añadieron salvado de avena en tres formas diferentes:

  1. Concentrado de Salvado de Avena Entero (OBC): El paquete completo, sin cortar.
  2. Fracción Soluble (SF): La parte "resbaladiza", rica en una fibra especial llamada β-glucano, que se disuelve en agua.
  3. Fracción Insoluble (IF): La parte "granulosa", que permanece sólida y es rica en almidón y proteínas.

Mezclaron estos ingredientes de avena con la base fúngica y añadieron dos tipos diferentes de cultivos de yogur (bacterias) para ver qué sucedía. Un cultivo era Lactiplantibacillus plantarum (llamémosle "L. Plantarum"), y el otro era Lactobacillus helveticus ("L. Helveticus"). También añadieron un amigo probiótico, Bifidobacterium, para ver si el yogur sería saludable para tu barriga.

La Batalla de las Bacterias

Primero, observaron la fiesta de las bacterias. Los resultados fueron claros: L. Plantarum fue la estrella del espectáculo. Creció como loca, alcanzando aproximadamente 9 log CFU g⁻¹ (una forma elegante de decir un número enorme de bacterias), y ayudó al amigo probiótico Bifidobacterium a crecer hasta el mismo nivel impresionante. También consumió el azúcar (glucosa) de manera muy eficiente.

L. Helveticus, por el contrario, fue un poco más tímida. No creció tanto, no ayudó al amigo probiótico a crecer y dejó mucho azúcar sin consumir. Curiosamente, aunque L. Plantarum fue la mejor fiestera, ambas bacterias lograron que el yogur se volviera ácido (alcanzando un pH de 4.3–4.7) en unas 5 horas. Así que, aunque una era mejor para crecer, ambas podían acidificar el yogur.

El Giro de la Textura: Granuloso vs. Suave

Aquí es donde la historia se vuelve sorprendente. Podrías pensar que la fracción de avena soluble (SF), que es "resbaladiza" y está llena de la famosa fibra espesante β-glucano, haría el mejor yogur, el más espeso. Pero los datos contaron una historia diferente.

  • El Yogur de la Fracción Soluble (SF): Esta versión tenía las partículas más pequeñas, lo que la hacía parecer muy uniforme y suave. Sin embargo, fue la más débil de todas. Tenía la menor viscosidad, la menor "elasticidad" (rebote) y la que más agua filtraba (sinéresis). Era como un batido que se convertía en sopa; simplemente no podía mantener su forma.
  • El Yogur de la Fracción Insoluble (IF): Esta versión, que tenía la menor cantidad del famoso β-glucano, resultó ser la más fuerte. Tenía el mayor grosor, la mejor elasticidad (rebotaba como un gel) y retenía el agua mejor, filtrando muy poca. Era espeso, cohesivo y de cuchara.
  • La Avena Entera (OBC): Era un punto medio, con un buen desempeño pero generalmente inclinándose hacia las características fuertes y espesas de la fracción insoluble.

Los investigadores descubrieron que las partículas insolubles "granulosas" actuaban como pequeños ladrillos invisibles dentro del yogur. Aunque no se disolvían, se empaquetaban físicamente para crear una estructura robusta que retenía el agua y mantenía el yogur espeso. Las fibras solubas "resbaladizas", aunque excelentes para hacer las cosas suaves, en realidad hacían que la estructura fuera demasiado débil para sostenerse por sí sola.

La Prueba del Calor y la Prueba de la Cuchara

Para estar seguros, los científicos no solo confiaron en sus ojos; usaron máquinas para medir el yogur.

  • Calor: Cuando calentaron el yogur, las versiones con avena insoluble (IF) y avena entera (OBC) pudieron soportar temperaturas más altas antes de descomponerse, lo que sugiere que eran más estables.
  • Capacidad de Cuchara: Un equipo de catadores entrenados confirmó los hallazgos de las máquinas. Describieron los yogures IF y OBC como "espesos", "cohesivos" (que se mantienen unidos) y "de cuchara". El yogur SF fue descrito como "homogéneo" (muy uniforme) pero carecía de ese grosor satisfactorio.

El Veredicto

El estudio concluye que si quieres hacer un yogur de micelio que se sienta como un verdadero y cremoso deleite, no deberías confiar solo en las fibras solubles y resbaladizas. En su lugar, las partes insolubles y granulosas del salvado de avena son las armas secretas. Proporcionan el "andamiaje" estructural que hace que el yogur sea espeso y estable.

Si bien la elección de las bacterias es importante para fabricar un producto probiótico saludable (siendo L. plantarum el claro ganador en crecimiento), la textura del yogur está controlada principalmente por cómo se trata el salvado de avena. Al separar la avena en sus partes solubles e insolubles, los científicos de alimentos ahora pueden "personalizar" sus productos: usar la parte insoluble si quieren un yogur espeso y de cuchara, o mezclar la parte soluble si quieren una textura más suave y uniforme. Es una nueva forma de construir mejores alimentos vegetales, demostando que, a veces, un poco de granulosidad es exactamente lo que necesitas para lograr algo suave.

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