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Inhabiting the maritorio from and beyond the shore: Socioecologies of care among Williche women in southern Chiloé

Este estudio etnográfico cualitativo revela cómo las mujeres williche en el sur de Chiloé sostienen la vida y la gobernanza dentro del «maritorio» relacional a través de un extenso conocimiento ecológico y prácticas de cuidado socioecológico, a pesar de enfrentar la invisibilidad histórica y las presiones contemporáneas de la privatización y la acuicultura.

Autores originales: Maria Sol Anigstein Vidal, Anabel S. Matus, Macarena Libuy, Paulina Osorio Parraguez, María Francisca Bórquez Siegel, Ingrid Fabiola Echeverría Huequelef

Publicado 2026-07-23
📖 8 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Maria Sol Anigstein Vidal, Anabel S. Matus, Macarena Libuy, Paulina Osorio Parraguez, María Francisca Bórquez Siegel, Ingrid Fabiola Echeverría Huequelef

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La sala de estar del océano: Una historia de cuidado, mareas y mujeres williches

Imagine el océano no como una vasta y vacía autopista azul para barcos, sino como una gigante y viva sala de estar donde el suelo es de arena, las paredes están hechas de bosques de algas y los muebles están hechos de peces y algas marinas. Durante mucho tiempo, científicos y gobiernos han tratado al mar como el suelo de una fábrica: un lugar para extraer recursos, medir ganancias y trazar líneas estrictas entre la "tierra" y el "agua". Pero hay una forma diferente de verlo, un concepto llamado maritorio. Piense en el maritorio como un vecindario único y continuo donde la tierra y el mar están tan mezclados que no se puede distinguir dónde termina uno y comienza el otro. Es un lugar donde la vida sucede en conjunto, involucrando a humanos, animales, plantas e incluso a las mareas mismas.

En este vecindario, hay un grupo especial de cuidadoras: mujeres williches del sur de Chile. Mientras que las viejas historias suelen pintar el mar como un "mundo de hombres" lleno de pescadores rudos, estas mujeres han sido las arquitectas silenciosas de la vida allí durante generaciones. Ellas no solo "trabajan" en el agua; viven en ella, la navegan y la cuidan como si fuera un jardín. Este documento plantea una pregunta simple pero poderosa: ¿Cómo navegan estas mujeres el maritorio y cómo sus actos diarios de cuidado mantienen vivo a todo el vecindario? Resulta que su secreto no es solo capturar peces; se trata de un entendimiento sensorial profundo de los ritmos del océano y de una negativa a dejar que el mar se convierta simplemente en un producto para ser vendido.


La historia de las caminantes del mar

En las islas del sur de Chile, conocidas como Chiloé, existe una forma única de vivir que desibuja la línea entre la playa y el mar abierto. Investigadores viajaron a dos pequeñas aldeas costeras, La Barra de Chaiguao y San Juan de Chadmo, para escuchar las historias de las mujeres williches. Estas mujeres son las guardianas del maritorio, un concepto que ve al mar y a la tierra como un solo hogar interconectado en lugar de dos lugares separados.

Los investigadores descubrieron que, para estas mujeres, el océano no es solo un lugar de trabajo; es un aula, un patio de juegos y una sala de estar familiar, todo en uno.

Navegando juntas: El bote familiar

Durante generaciones, las mujeres de estos pueblos no solo observaban desde la orilla; estaban en el agua con sus familias. Imagine un bote familiar como una casa móvil. En el pasado, madres, padres e hijos se amontonaban en pequeños botes de remo o embarcaciones de vela para pescar, recolectar algas o visitar a vecinos en otras islas.

Una mujer, Oriana, recordó navegar de niña con sus hermanos en un bote con una vela improvisada hecha de una sábana. Otra, Mara, contó la historia de cómo dirigía un bote mientras su esposo operaba el motor, con sus hijos resguardados en la cabina, aprendiendo el ritmo de las olas a medida que crecían. Para estas mujeres, navegar era cómo construían sus vidas. Era cómo llegaban a la escuela, cómo visitaban a sus parientes y cómo celebraban. El bote no era solo una herramienta; era el hilo que cosía su comunidad.

El problema del "Privado": Cuando el mar se cierra

Sin embargo, las cosas han cambiado. Los investigadores explican que en las últimas décadas, el mar ha comenzado a sentirse "privado" (una palabra local que significa tanto "privado" como "confuso/molesto"). Las grandes granjas de salmones y las estrictas reglas gubernamentales se han apoderado de enormes sectores del agua.

Imagine que a su parque favorito de repente le construyen cercas alrededor de los mejores columpios y necesita una licencia especial solo para caminar sobre el césped. Eso es lo que le pasó al mar. Las nuevas reglas requieren certificaciones costosas para bucear o pescar, y las granjas de salmón han desplazado a los pequeños botes. Muchas mujeres descubrieron que ya no podían navegar libremente. Fueron empujadas del mar abierto hacia la orilla, o tuvieron que dejar el mar por completo para trabajar en las fábricas de salmón. Los investigadores sugieren que este cambio ha dificultado que las familias permanezcan conectadas al océano de la manera en que solían hacerlo, convirtiendo un hogar compartido en una zona restringida.

El ECMPO: Un escudo legal para el mar

Pero las mujeres no se rindieron. Lucharon utilizando una herramienta legal llamada ECMPO (Área de Manejo Comunal de la Zona Marina de Pueblos Originarios). Piense en el ECMPO como la escritura de un jardín comunitario. Permite que las comunidades indígenas digan: "Esta parte del océano es nuestro hogar y tenemos el derecho de gestionarla según nuestras tradiciones".

En La Barra de Chaiguao, las mujeres lograron que se aprobara un ECMPO. En San Juan de Chadmo, su solicitud fue rechazada, lo que causó mucha frustración. Pero en ambos lugares, el proceso de postulación unió a las mujeres. Les dio una razón para "revolver" (mezclarse y juntarse), compartiendo historias y planificando cómo proteger sus algas y peces. Se convirtió en una forma de reconstruir su comunidad y asegurar que el océano siguiera siendo un lugar para la vida, no solo para el lucro.

El arte del "Pateado": Caminar la alga

Uno de los descubrimientos más fascinantes de los investigadores es cómo estas mujeres recolectan luga (un tipo de alga comestible). Hay dos formas principales de obtener algas:

  1. Buceo: Generalmente realizado por hombres, implica ir a lo profundo del agua para cortar las algas. Es industrial y suele estar orientado a la venta a grandes empresas.
  2. Pateado: Esto es lo que hacen las mujeres. Ellas caminan por la orilla durante la marea baja, "pateando" o recogiendo el alga que el océano ha arrastrado o que apenas es visible.

Esto no es solo recoger; es una danza con las mareas. Las mujeres saben exactamente cuándo ir basándose en la luna y el sonido de las olas. Tienen una conexión sensorial profunda con el agua. Una mujer, Irina, explicó que no necesitan linternas por la noche porque sus manos pueden sentir la diferencia entre el alga y las rocas.

Crucialmente, las mujeres practican un tipo especial de cuidado llamado "gestión" (stewardship). Cuando recolectan, tienen cuidado de no arrancar el alga de raíz. Dejan la base adherida a la roca para que pueda volver a crecer. Esperan a que el alga esté completamente desarrollada antes de tomarla. Solo toman lo que necesitan. Es como recoger manzanas de un árbol pero dejando las ramas para que el árbol pueda seguir produciendo frutos durante años.

Los investigadores encontraron que esta recolección "basada en la costa" es realizada mayoritariamente por mujeres porque se ajusta a sus vidas. Pueden llevar a sus hijos con ellas, o hacerlo mientras gestionan las tareas del hogar. Es una forma de trabajo flexible que mantiene a la familia conectada al mar, incluso cuando las grandes reglas industriales intentan alejarlas.

La vida "impura" y fluida

El artículo concluye que estas mujeres viven lo que los autores llaman vidas "impuras y fluidas". Esto suena un poco desordenado, pero en realidad es un superpoder.

Imagine a una persona que tiene un trabajo de 9 a 5 en una fábrica, pero también cultiva vegetales en su patio trasero, sana a sus vecinos con medicina herbal y organiza reuniones comunitarias. Esa es la vida de una mujer williche. No encajan en cajas ordenadas como "tradicional" o "moderna", o "trabajadora" o "cuidadora". Lo hacen todo al mismo tiempo.

Pueden vender algas a empresas globales para pagar útiles escolares, pero también recolectan cuidadosamente para asegurar que vuelvan a crecer. Pueden trabajar en la industria del salmón, pero también luchan para proteger el océano de la contaminación que esas mismas industrias crean. Están constantemente negociando, adaptándose y encontrando la manera de mantener la vida en un mundo cambiante.

Por qué esto importa

Los investigadores sugieren que estas mujeres son las guardianas secretas del maritorio. Mientras el mundo suele mirar al océano como un lugar para extraer dinero, estas mujeres lo ven como un lugar para sustentar la vida. Su conocimiento de las mareas, su cuidado por las algas y su capacidad para navegar las complejas reglas del mundo moderno nos muestran una forma diferente de vivir con la naturaleza.

Al cambiar nuestro enfoque del mar profundo "productivo" hacia la costa "cuidadora", podemos ver que las mujeres de Chiloé no solo están sobreviviendo; están tejiendo activamente una red de cuidado que sostiene al mundo humano y no humano. Ellas demuestran que se puede ser parte de la economía global sin olvidar cómo escuchar las olas.

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