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Compassion’s Relational Nature: Ecological Momentary Assessment of the Three Flows of Compassion and Connection

Mediante la Evaluación Ecológica Momentánea, este estudio demuestra que los tres flujos de la compasión y la conexión percibida están interrelacionados dinámicamente dentro de los individuos, siendo la autocompasión un predictor prospectivo único de todos los demás flujos, lo que respalda la naturaleza relacional de la compasión y destaca su potencial como un objetivo clave de intervención.

Autores originales: Giulia Parola, Alberto Jover Martínez, Desirée Colombo, Ernestina Etchemendy, Rosa Baños, Maja Wrzesien

Publicado 2026-10-23
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Giulia Parola, Alberto Jover Martínez, Desirée Colombo, Ernestina Etchemendy, Rosa Baños, Maja Wrzesien

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

La compasión suele pensarse como un sentimiento interno y silencioso, un suavizamiento del corazón cuando vemos el sufrimiento, ya sea en nosotros mismos o en alguien más. Durante mucho tiempo, los científicos que estudian este sentimiento lo han analizado por partes. Han medido qué tan amables somos con nosotros mismos, qué tan amables somos con los demás y cómo nos sentimos cuando otros son amables con nosotros, tratando estos aspectos como hábitos o rasgos de personalidad independientes. Pero existe una sensación creciente de que la compasión no es un rasgo estático que simplemente poseemos, sino un proceso vivo y palpitante que fluye entre nosotros y el mundo que nos rodea. Este flujo está profundamente ligado a un sentido de conexión, ese sentimiento subjetivo de pertenecer a algo más grande que uno mismo. Cuando nos sentimos conectados, solemos sentirnos más seguros y abiertos; cuando somos compasivos, solemos sentirnos más vinculados a los demás. Comprender cómo estos sentimientos se mueven y cambian de un momento a otro en nuestra vida diaria podría revelar cómo sustentan nuestra salud mental y nuestra capacidad de cuidarnos unos a otros.

Para explorar esto, un equipo de investigadores de la Universitat de València en España se propuso observar la compasión en acción, no en un laboratorio, sino en el mundo real. Invitaron a 152 adultos a realizar un experimento de diez días utilizando una aplicación para teléfonos inteligentes. En lugar de pedir a las personas que recordaran cómo se sintieron durante el último mes, los investigadores interrumpieron su día cinco veces al día con una notificación suave. Cuando el teléfono vibraba, los participantes respondían cuatro preguntas sencillas sobre lo que había sucedido desde la última vez que se les había preguntado. Calificaron cuánto se habían tratado a sí mismos con cuidado, cuánto habían tratado a otros con cuidado, qué tan abiertos habían estado a recibir cuidado de otros y cuánto se habían sentido conectados con el mundo que los rodea. Este método, conocido como evaluación ecológica momentánea, permitió a los científicos ver el paisaje inmediato y cambiante de la emoción humana mientras se desarrollaba en tiempo real, capturando las pequeñas ondas de sentimiento que ocurren entre el café de la mañana y la cena de la noche.

Los investigadores estaban particularmente interesados en la dirección de estos sentimientos. Querían saber si sentirse conectado con los demás hacía que las personas fueran más propensas a ser compasivas más tarde, o si ser compasivo hacía que se sintieran más conectados. También se preguntaron si la forma en que las personas suelen pensar sobre sí mismas —específicamente, si se aferran rígidamente a un sentido de "yo" o si pueden dar un paso atrás y verse a sí mismas con un poco de distancia— cambiaría la forma en que estos sentimientos interactúan. Al utilizar un enfoque estadístico sofisticado que mapea cómo las variables se influyen entre sí a lo largo del tiempo, el equipo pudo rastrear los caminos que estos afectos tomaron mientras se movían de un momento al siguiente.

Los resultados pintaron la imagen de un sistema dinámico donde la autocompasión desempeñaba un papel único y central. Los datos mostraron que cuando una persona se trataba a sí misma con amabilidad y tolerancia en un momento dado, era probable que esto condujera a un aumento pequeño pero mensurable en su sentimiento de conexión con los demás en el siguiente control. También sugirió que ser amable con uno mismo hacía que fuera ligeramente más probable que fueran amables con los demás, o abiertos a recibir la amabilidad de ellos, poco después. De hecho, la autocompasión fue el único sentimiento que pareció predecir un aumento en todos los demás sentimientos, actuando como una especie de chispa interna que podía iluminar el resto del sistema. Esto sugiere que la capacidad de ser gentil con uno mismo puede ser una base crucial para abrirse al mundo y sentirse parte de él.

Curiosamente, el estudio encontró que lo contrario también era cierto, pero solo para partes específicas del sistema. Cuando las personas sentían un fuerte sentido de conexión con los demás, esto tendía a llevarlas a ser más amables consigo mismas y más amables con otras personas en los momentos siguientes. Sin embargo, sentirse conectado no parecía predecir si una persona estaría abierta a recibir la amabilidad de otros. Los investigadores señalaron que recibir compasión a menudo depende de eventos externos específicos —como un amigo ofreciendo un abrazo o un extraño sosteniendo una puerta— más que de un simple sentimiento interno de pertenencia. Esto implica que, si bien la conexión puede nutrir nuestra capacidad de dar y recibir cuidado, el acto real de recibirlo podría depender más de las circunstancias inmediatas de nuestro día.

El estudio también analizó si la forma en que las personas suelen verse a sí mismas cambiaba estos patrones. Los investigadores hipotetizaron que las personas que mantenían un sentido del yo muy rígido y fijo podrían tener dificultades para dejar que estos sentimientos fluyeran tan fácilmente como aquellos que podían dar un paso atrás y verse con flexibilidad. Sin embargo, los datos no respaldaron esta idea. La fuerza de las conexiones entre la compasión y el sentirse vinculado a otros no parecía depender de cuán rígidamente se identificara una persona con sí misma. En cambio, el estudio encontró que estos patrones variaban significamente de persona a persona de formas que los investigadores aún no podían explicar. Algunas personas mostraban vínculos fuertes entre sus sentimientos, mientras que otras mostraban vínculos muy débiles, lo que sugiere que no hay una única forma "correcta" en que la compasión deba funcionar en cada vida humana.

Al mismo tiempo que los investigadores observaban cómo cambiaban los sentimientos a lo largo de las horas, también examinaron cómo coexistían en un mismo momento. Encontraron que cada vez que una persona sentía un aumento de conexión, también era probable que sintiera un aumento de compasión en las tres direcciones: hacia sí misma, hacia los demás y de parte de otros. Estos sentimientos parecían subir y bajar juntos, como olas en el mismo océano, reforzando la idea de que todos son expresiones de la misma necesidad humana profunda de seguridad y vinculación. Este aumento simultáneo sugiere que el vínculo entre la compasión y la conexión puede ocurrir muy rápidamente, quizás más rápido de lo que los intervalos de dos horas entre las notificaciones del teléfono podrían capturar.

El estudio concluye que la compasión no es un conjunto de habilidades aisladas, sino un proceso relacional que está profundamente entrelazado con nuestro sentido de pertenencia. Si bien los investigadores no pudieron probar con absoluta certeza que un sentimiento cause otro, los patrones observados sugieren que la autocompasión es un punto de partida poderoso. Al aprender a ser amable con uno mismo, una persona puede, inadvertidamente, crear las condiciones internas necesarias para sentirse más conectada con el mundo y más abierta al cuidado de los demás. Los hallazgos también destacan que, si bien los promedios grupales pueden mostrar tendencias generales, cada individuo experimenta estos flujos emocionales de manera diferente. Esto significa que ayudar a las personas a cultivar la compasión podría requerir observar sus patrones personales únicos, en lugar de aplicar un enfoque de talla única. En última instancia, el estudio ofrece un vistazo a la mecánica silenciosa, momento a momento, del corazón humano, mostrando cómo un simple acto de amabilidad hacia uno mismo puede propagarse hacia afuera para tocar nuestra conexión con todos los demás.

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