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High-latitude occurrence of Phoebetria palpebrata in the Weddell Sea: new distribution limits and ecological implications

Los estudios realizados desde embarcaciones en febrero de 2024 a bordo del rompehielos argentino ARA Almirante Irízar documentaron la presencia más austral del albatros de manto claro en el mar de Weddell, alcanzando los 71°S y destacando la explotación estacional de los hábitats marinos de alta latitud durante el mínimo de hielo marino del verano austral.

Autores originales: Maria Lourdes Albertus, Agostina Sanda Vitale, Facundo Alvarez

Publicado 2026-08-24
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Autores originales: Maria Lourdes Albertus, Agostina Sanda Vitale, Facundo Alvarez

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El Océano Austral, el vasto anillo de agua que rodea la Antártida, es un lugar de extremos donde el aire es gélido y las corrientes son poderosas. En este reino remoto, la vida depende de un delicado equilibrio entre el mar abierto y los bordes cambiantes del hielo marino. Entre los viajeros más hábiles de estas aguas se encuentran los albatros, aves marinas con envergaduras que les permiten planear durante miles de kilómetros sin batir las alas, cabalgando el viento para encontrar alimento. Los científicos saben desde hace tiempo que estas aves crían en las islas subantárticas y se aventuran en aguas frías para alimentarse, pero sus hábitos exactos en los rincones más inaccesibles del océano siguen siendo un misterio. Comprender a dónde van estos depredadores, y cuándo, es crucial porque sus movimientos actúan como un barómetro de la salud de todo el ecosistema marino. Si las aves aparecen en lugares que rara vez visitaban antes, puede ser una señal de que el océano mismo está cambiando, quizás debido al retroceso del hielo marino o a cambios en la temperatura del agua.

En febrero de 2024, un equipo de investigadores a bordo del rompehielos argentino ARA Almirante Irízar partió para llenar un vacío en este conocimiento. Navegaron a través del Mar de Weddell, una enorme masa de agua ciclónica en el lado este de la Península Antártica, conocida por su hielo marino denso y persistente. Mientras que otras partes del Océano Austral, como el Mar de Ross, son conocidas por albergar estas aves mucho más al sur, el Mar de Weddell ha sido históricamente un lugar donde los avistamientos del albatros de manto claro eran raros y generalmente se limitaban a latitudes más bajas. La tripulación realizó censos sistemáticos, escaneando el horizonte desde el puente del buque durante las horas de luz. Utilizaron binoculares para avistar y contar las aves, registrando la ubicación exacta de cada avistamiento a medida que el barco avanzaba por una ruta que se extendía desde los 56 grados sur hasta los 77 grados sur.

Los resultados de este viaje revelaron una expansión significativa del rango conocido de la especie. Los investigadores registraron veinticuatro avistamientos distintos que involucraron a treinta y siete individuos de albatros de manto claro. Aunque muchas de estas aves fueron encontradas en las partes norte y central del Mar de Weddell, un número notable apareció mucho más al sur de lo que se había visto antes. Nueve de estos avistamientos ocurrieron al sur de los 69 grados sur, una región situada en las profundidades de las altas latitudes antárticas. El descubrimiento más sorprendente ocurrió el 13 de febrero, cuando se observó y fotografió un solo ejemplar en los 71 grados 01 minutos 54 segundos sur, 20 grados 10 minutos 33 segundos oeste. Esta ubicación específica marca el registro más austral jamás documentado para esta especie en el Mar de Weddell.

Este hallazgo sugiere que el albatros de manto claro no es solo un visitante del borde del hielo, sino que está explotando activamente las aguas abiertas que aparecen durante el final del verano. El Mar de Weddell suele estar cubierto por un denso hielo plurianual que bloquea el acceso a la plataforma continental meridional durante la mayor parte del año. Sin embargo, a mediados de febrero, el hielo marino alcanza su mínimo anual, retrocediendo lo suficiente como para crear una ventana temporal de agua abierta. Los investigadores proponen que las aves utilizan este breve periodo para viajar mucho hacia el sur, aprovechando las ricas fuentes de alimento que se vuelven disponibles cuando el hielo se derrite. Es probable que las aves se alimenten de calamares y krill que prosperan en estas aguas frías y ricas en nutrientes, las cuales son concentradas por corrientes oceánicas y remolinos a lo largo de la pendiente continental.

La capacidad de estas aves para llegar a lugares tan remotos está respaldada por su increíble resistencia física. Estudios previos han demostrado que los albatros de manto claro pueden volar durante días seguidos, cubriendo vastas distancias e incluso viajando a altas velocidades durante la noche. Esta resistencia les permite desplazarse desde sus colonias de cría, como las de la Isla Decepción o las Georgias del Sur, hasta los confines del Mar de Weddell y de regreso. Los nuevos datos indican que este forrajeo en latitudes altas no es un accidente aislado, sino un comportamiento estacional regular que ocurre cuando las condiciones ambientales se alinean. La presencia de múltiples aves en el sur del Mar de Weddell durante el deshielo estival sugiere que estas áreas se están volviendo cada vez más accesibles y productivas para los depredadores tope.

Estas observaciones resaltan la importancia de un monitoreo continuo en las regiones polares. A medida que el clima se calienta y los patrones del hielo marino cambian, la distribución de la vida marina es probable que cambie de formas que son difíciles de predecir sin la observación directa. El albatros de manto claro, con sus hábitos de amplio rango y su sensibilidad a las condiciones oceánicas, sirve como un importante indicador de estos cambios. Al documentar dónde se encuentran estas aves y cuándo, los científicos pueden construir una imagen más clara de cómo el ecosistema del Oñón Austral está responiendo a un mundo cambiante. El récord establecido por este único ejemplar a los 71 grados sur es más que un simple dato; es un letrero que señala un entorno polar dinámico y en evolución donde los límites de la vida se redibujan constantemente.

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