Why Somalia needs stronger control of veterinary drugs and better enforcement of animal-health laws ?
Este artículo sostiene que Somalia debe fortalecer la regulación y la aplicación de los controles de medicamentos veterinarios y las leyes de sanidad animal para mitigar la resistencia antimicrobiana, garantizar la inocuidad alimentaria y salvaguardar su vital economía ganadera mediante la mejora de los sistemas de gobernanza y vigilancia.
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En los vastos y calcinados paisajes del Cuerno de África, la salud de una manada suele ser la diferencia entre la supervivencia y la inanición. Para millones de personas en Somalia, el ganado no es simplemente animales; es la base de la economía, la principal fuente de alimento y el motor principal para el comercio con otras naciones. Para mantener sanas estas manadas, los agricultores dependen de los medicamentos, particularmente de los antibióticos, que son fármacos potentes diseñados para matar bacterias y curar infecciones. Sin embargo, cuando estos medicamentos se utilizan sin reglas estrictas, o cuando se venden en mercados no regulados, pueden perder su poder. Esto sucede cuando las bacterias aprenden a sobrevivir a los fármacos, un fenómeno conocido como resistencia antimicrobiana. Cuando esto ocurre, las enfermedades comunes se vuelven intratables, y gérmenes peligrosos pueden pasar de los animales a los humanos, creando una crisis de salud compartida que amenaza tanto a la industria ganadera como a la seguridad de las personas que consumen la carne y beben la leche.
Una carta reciente de investigadores de la Universidad Nacional de Somalia pone un enfoque agudo en este problema crítico dentro de Somalia. Los autores, un equipo de cinco académicos, sostienen que, si bien el país tiene las leyes sobre el papel para controlar los medicamentos veterinarios, la realidad sobre el terreno es muy diferente. Encontraron que el sistema actual es demasiado débil para detener el flujo de medicamentos no regulados, lo que conduce a un tratamiento deficiente para los animales enfermos, la propagación de bacterias resistentes a los fármacos y una pérdida de confianza por parte de los compradores internacionales que desean importar ganado somalí. Los investigadores no pretenden haber descubierto una nueva enfermedad o inventado una nueva cura; en su lugar, han examinado cuidadosamente la brecha entre las políticas existentes de Somalia y la aplicación real de dichas políticas. Su trabajo sugiere que, sin una acción inmediata y más fuerte para regular cómo se importan, venden y utilizan los fármacos, el país se arriesga a severas pérdidas económicas y a una creciente amenaza de salud pública que podría volverse imposible de revertir.
El núcleo del problema reside en la naturaleza caótica de la cadena de suministro de medicamentos. En Somalia, los medicamentos veterinarios a menudo viajan a través de una red fragmentada que involucra oficinas públicas, vendedores privados y vendedores de mercados informales, con poca supervisión para asegurar que los fármacos sean genuinos o se utilen correctamente. Los investigadores señalan que esta falta de supervisión permite que medicamentos falsificados o de baja calidad entren al mercado. Cuando los agricultores utilizan estos productos poco fiables, o cuando utilizan medicamentos reales sin un diagnóstico adecuado, las bacterias en los animales no mueren por completo. En su lugar, las bacterias más fuertes sobreviven y se multiplican, creando cepas que ya no responden al tratamiento. Esto no es solo un problema para los animales; es un problema de "Una Sola Salud", lo que significa que la salud de las personas, los animales y el medio ambiente están vinculados. Si los fármacos dejan de funcionar para el ganado, también podrían dejar de funcionar para los humanos que los tratan o consumen sus productos.
Los autores destacan que los desafíos son profundos y estructurales. El sistema federal del país significa que las responsabilidades se dividen entre diferentes niveles de gobierno, lo que a menudo genera confusión y falta de coordinación. La inseguridad y la escasez de personal capacitado limitan aún más la capacidad de las autoridades para inspeccionar las importaciones o verificar la calidad de los medicamentos en áreas remotas. Además, las duras realidades de la vida de los pastores, quienes deben mover sus manadas a largas distancias y sobrevivir a las sequías, crean una presión inmensa para tratar a los animales enfermos rápidamente, lo que a menudo los lleva a omitir el asesoramiento veterinario formal. En este entorno, la regulación débil permite que los fármacos peligrosos sustituyan la atención adecuada, como la vacunación o la cuarentena. Los investigadores señan que, si bien se validó un borrador de política para controlar los medicamentos veterinarios en 2025, la mera existencia de un plan no es suficiente. Sin el poder para aplicarlo, las leyes siguen siendo ineficaces.
Las consecuencias de esta inacción ya son visibles. Para los agricultores, significa costos más altos y la pérdida de animales que podrían haberse salvado con el tratamiento adecuado. Para la nación, amenaza la credibilidad de su certificación de salud animal, la cual es esencial para exportar ganado a los mercados internacionales. Si los compradores no pueden confiar en que los animales somalíes están libres de enfermedades y residuos de fármacos, dejarán de comprar, causando un colapso en las ganancias por exportación. Los investigadores argumentan que la solución requiere más que solo escribir nuevas reglas. Demanda una reforma completa de cómo funciona el sistema. Esto incluye licenciar a cada persona y empresa que vende o utiliza medicamentos veterinarios, restringiendo los antibióticos más potentes para uso exclusivo bajo prescripción, y construyendo un sistema para rastrear los medicamentos desde el puerto de entrada hasta la granja. También llaman a un mejor apoyo de laboratorio para detectar fármacos falsos y a la capacitación de trabajadores de la salud locales para reportar violaciones.
En última instancia, la carta sirve como una advertencia clara y una hoja de ruta para el futuro. Los investigadores enfatizan que Somalia no puede proteger su activo económico más valioso —su ganado— dependiendo de leyes que existen solo en el papel. El camino a seguir requiere un esfuerzo unificado para fortalecer el control de los medicamentos veterinarios y para hacer cumplir las leyes de salud animal con autoridad genuina. Al hacerlo, el país puede salvaguardar sus manadas, asegurar su lugar en el mercado global y proteger a su gente de la creciente marea de infecciones resistentes a los fármacos. El trabajo de estos académicos subraya que la gobernanza efectiva no es solo un detalle técnico para los veterinarios; es una necesidad vital para la supervivencia y la prosperidad de toda la nación.
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