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The Historical Roots of Water Inequality in Old Dhaka

Basándose en fuentes de archivo y en el trabajo de campo etnográfico dentro de un marco de la ecología política y poscolonial, este artículo sostiene que la desigualdad hídrica contemporánea en el Viejo Dhaka surge de procesos históricos a través de las eras mogol, colonial y de la independencia que transformaron el agua de un recurso comunitario en un servicio mercantilizado, integrando la inseguridad actual en relaciones duraderas de poder y exclusión en lugar de meros desafíos técnicos.

Autores originales: M Shan E Alam Misty

Publicado 2026-09-10
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: M Shan E Alam Misty

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

El agua suele considerarse un simple recurso natural, algo que fluye desde el suelo o un río hasta un grifo. Pero en las concurridas e históricas calles de la Vieja Dhaka, Bangladesh, el agua cuenta una historia mucho más complicada. No es solo una cuestión de tuberías y bombas; es una historia sobre quién ostenta el poder, cómo se construyen las ciudades y cómo la historia moldea el presente. Esta investigación se sitúa en la intersección del urbanismo y la justicia social, explorando cómo la forma en que una ciudad gestiona su agua refleja las relaciones entre su gente y su gobierno. El estudio se centra en la idea de que la desigualdad hídrica no es un accidente de mal tiempo o de mala ingeniería, sino el resultado de decisiones tomadas a lo largo de los siglos. Examina cómo el cambio de ver el agua como un derecho comunitario compartido a tratarla como un producto para ser comprado y vendido ha dejado a los residentes más pobres luchando mientras los ricos permanecen seguros. Comprender esta historia es crucial porque revela que la crisis actual en la Vieja Dhaka no puede solucionarse simplemente instalando más tuberías; requiere comprender las profundas raíces de exclusión que recorren la infraestructura de la ciudad.

El documento investiga la historia del suministro de agua en la Vieja Dhaka, trazando su evolución desde la era mogol a través del dominio colonial británico, el periodo pakistaní y la moderna Bangladesh independiente. Los investigadores, liderados por M Shan E Alam Misty, combinaron una profunda inmersión en archivos históricos con trabajo de campo in situ. Pasaron un año en 2023 recorriendo las calles de la Vieja Dhaka, hablando con los residentes, observando cómo la gente recolecta agua y entrevistando a líderes locales y funcionarios. Hablaron con treinta personas de diferentes estratos sociales, desde jornaleros hasta concejales del gobierno, para comprender el impacto en la vida real de las políticas de agua. Al observar antiguos mapas, informes gubernamentales e historias personales, el equipo reconstruyó una cronología que muestra cómo la ciudad se transformó de un lugar donde el agua era abundante y se gestionaba mediante costumbres locales a una megaciudad con estrés hídrico donde el acceso depende fuertemente de la riqueza y el estatus social.

La historia comienza mucho antes de la llegada de los británicos. En el periodo mogol, alrededor de los años 1600, Dhaka era una próspera capital donde el agua era central para la vida diaria. La gente dependía del río Buriganga, estanques y pozos, gestionados mediante un sistema de normas comunitarias y líderes locales. El agua no era una mercancía; era una necesidad compartña. Sin embargo, la llegada de los británicos en los siglos XVIII y XIX lo cambió todo. La administración colonial introdujo los primeros sistemas de agua formales y centralizados, pero lo hicieron con una agenda específica: servir a los funcionarios coloniales, a la élite adinerada y a los centros comerciales, en lugar de a la población general. Los investigadores descubrieron que los británicos construyeron grandes torres de agua y tendieron tuberías en barrios opulentos como Wari y Purana Paltan, asegurando que estas zonas tuvieran un suministro constante y limpio. En contraste, las partes más antiguas y densamente pobladas de la ciudad, donde vivía la mayoría de los pobres, fueron mayormente ignoradas.

Este patrón de desarrollo desigual creó una división duradera. El gobierno colonial trató el agua como una herramienta de control y lucro, priorizando áreas que generaban ingresos o albergaban a la clase gobernante. Construyeron tuberías estrechas en los barrios pobres que no podían manejar la demanda, lo que provocaba baja presión y frecuentes escaseces. Mientras tanto, las zonas ricas recibían tuberías más anchas y un mejor mantenimiento. Incluso cuando las crisis de salud pública como el cólera y la fiebre tifoidea azotaron la zona, la respuesta fue a menudo lenta y sesgada, favoreciendo a la élite. El estudio destaca que esto no fue solo un fallo técnico, sino una elección política. La infraestructura fue diseñada para reforzar las jerarquías sociales, asegurando que los ricos tuvieran acceso a agua segura mientras los pobres quedaban a merced de fuentes contaminadas o de costosos vendedores informales.

A medida que el tiempo avanzaba, estos legados coloniales no fueron desmantelados, sino que fueron heredados y amplificados por los gobiernos subsiguientes. Tras la independencia, el nuevo Estado continuó dependiendo de proyectos de ingeniería a gran escala y de gestión descendente (top-down), a menudo financiados por donantes internacionales, que se centraban en expandir la red hacia los nuevos suburbios planificados en lugar de reparar los sistemas en ruinas de la vieja ciudad. Los investigadores descubrieron que la Autoridad de Suministro de Agua y Alcantarillado de Dhaka, la principal agencia responsable del agua, ha luchado por satisfacer las necesidades de la creciente población de la ciudad. En la Vieja Dhaka, la situación es particularmente grave. Las tuberías son viejas, las calles son demasiado estrechas para que la maquinaria pesada las repare y el sistema está plagado de fugas y corrupción. El estudio señala que la autoridad ha reemplazado los antiguos surtidores públicos gratuitos por máquinas de venta de agua de pago, conocidas como cabinas ATM, que requieren que los residentes paguen por cada litro que recolectan. Este cambio ha convertido el agua de un derecho público en una mercancía, dificultando aún más el acceso de los pobres.

El artículo sostiene que la actual crisis del agua en la Vieja Dhaka no es simplemente el resultado de la rápida urbanización o del cambio climático, aunque esos factores lo empeoran. En cambio, la causa raíz reside en las decisiones históricas que dieron forma a la infraestructura de la ciudad. La era colonial estableció un sistema donde el acceso al agua estaba determinado por la clase y la proximidad al poder, y este sistema ha persistido durante más de un siglo. Los investigadores sugieren que simplemente construir más tuberías o instalar nueva tecnología no resolverá el problema si las desigualdades sociales y políticas subyacentes permanecen. Señalan que el enfoque actual, que depende de soluciones tecnológicas costosas y avanzadas, a menudo no llega a las personas que más lo necesitan.

El estudio concluye que solucionar la crisis del agua requiere más que ingeniería; exige un cambio en cómo se gobierna el agua. Los investigadores proponen que el gobierno debería mirar hacia atrás, a los métodos precoloniales de gestión del agua, que eran más adaptables y centrados en la comunidad. Sugieren integrar estas prácticas tradicionales con los sistemas modernos y empoderar a las comunidades locales para que participen en la toma de decisiones. Al reconocer las raíces históricas del problema y alejarse de un sistema que trata el agua como un producto, la ciudad podría ser capaz de crear un futuro más justo y sostenible. El artículo no pretende tener una solución perfecta, pero ofrece un camino claro a seguir: comprender que el agua no es solo un recurso físico, sino un reflejo de la sociedad que la gestiona.

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