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Reinterpreting Sasak Tuselak Mystical Heritage into Indigenous Pedagogy for Culturally Responsive Education

Este estudio demuestra que la disputada herencia mística de la tradición Tuselak del pueblo Sasak puede integrarse eficazmente en una educación culturalmente receptiva a través de un marco de reinterpretación crítica que transforma las narrativas sobrenaturales en herramientas pedagógicas morales, equilibrando las perspectivas de los custodios culturales con las preferencias cautelosas y basadas en la indagación de los futuros docentes.

Autores originales: Mohammad Liwa Irrubai, Marham Jupri Hadi

Publicado 2026-09-24
📖 7 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Mohammad Liwa Irrubai, Marham Jupri Hadi

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En las aulas del mundo moderno, los docentes a menudo se enfrentan a una difícil elección cuando sus estudiantes traen historias de casa que chocan con las reglas de la ciencia o las estrictores de la religión organizada. ¿Deben estas historias descartarse como supersticiones anticuadas o preservarse exactamente como son, incluso si contienen afirmaciones que no pueden ser probadas? Esta pregunta se sitúa en el corazón de un campo de estudio creciente que observa cómo el conocimiento local y tradicional puede utilizarse para enseñar a los niños. En lugar de tratar estas tradiciones como piezas de museo estáticas o como hechos que deben ser verificados, los investigadores están comenzando a verlas como sistemas de significado vivos. Estos sistemas portan lecciones sobre cómo comportarse, cómo tratar a los vecinos y cómo entender el mundo, incluso si las historias mismas involucran espíritus o poderes sobrenaturales. El desafío para los educadores es encontrar una manera de honrar el valor de estas historias sin pedir a los estudiantes que crean en lo imposible, creando un espacio donde la identidad cultural y el pensamiento crítico puedan crecer juntos.

Esta tensión está vívidamente presente en Lombok, una isla en Indonesia donde el pueblo Sasak ha vivido durante siglos. Entre ellos circula una tradición conocida como Tuselak. Durante mucho tiempo, el Tuselak ha sido una fuente de miedo y ansiedad religiosa. Es una narrativa sobre individuos que buscan poder sobrenatural a través de prácticas espirituales prohibidas, a menudo descritas como la obtención de habilidades para transformarse o moverse de maneras imposibles. En el pasado, estas historias sirvieron como advertencias contra la codicia, la envidia y el mal uso del conocimiento. Sin embargo, a medida que la comunidad se ha conectado más profundamente con las enseñanzas religiosas modernas y la educación formal, la forma en que la gente entiende estas historias ha cambiado. Ya no son solo cuentos de terror sobre magia; se han convertido en lecciones morales sobre la responsabilidad y el autocontrol. Un equipo de investigadores de dos universidades en Mataram se propuso comprender cómo ocurre este cambio y si tal tradición contestada podría alguna vez ser útil en un aula. Querían saber si las historias podían enseñarse no como verdades literales, sino como herramientas para aprender sobre cultura y ética.

Para encontrar la respuesta, los investigadores no se apoyaron en un solo método. Hablaron con nueve custodios culturales —ancianos, líderes tradicionales, un historiador, un líder religioso y un sanador tradicional— que han pasado sus vidas custodiando la memoria del Tuselak. Al mismo tiempo, preguntaron a 167 estudiantes universitarios, que se están formando para ser profesores de estudios sociales, sobre sus opiniones respecto a la tradición. Los investigadores escucharon atentamente a los ancianos, registrando cómo explicaban la historia del Tuselak y qué lecciones creían que contenía. Luego preguntaron a los estudiantes cómo se sentían al traer estas historias a un entorno escolar. El objetivo era ver si ambos grupos veían la tradición de la misma manera, o si existía una brecha entre la experiencia profunda y vivida de los ancianos y la perspectiva cautelosa y analítica de los futuros profesores.

Los ancianos describieron una transformación clara en cómo se entiende el Tuselak. Explicaron que, si bien las historias todavía hablan de habilidades sobrenaturales, la comunidad ya no se enfoca en el peligro literal de la magia en sí. En su lugar, ven las narrativas como un marco para la enseñanza del comportamiento moral. Las historias advierten contra el mal uso del conocimiento y los peligros de elegir maestros o amigos equivocados. Un anciano señaló que la tradición enseza a las personas a ser humildes, a controlar sus emociones y a comprender que sus acciones afectan a toda su comunidad. Para ellos, el poder de la historia reside en su capacidad para moldear el carácter, independientemente de si los eventos sobrenaturales ocurrieron realmente.

Cuando los investigadores consultaron a los estudiantes, encontraron una perspectiva diferente pero relacionada. Casi todos los estudiantes, cerca del 96 por ciento, estaban familiarizados con el Tuselak, habiendo escuchado las historias de sus familias y comunidades. Sin embargo, cuando se les preguntó si estas historias deberían enseñarse directamente en el aula como parte del currículo oficial, los estudiantes se mostraron reticentes. Solo alrededor del 20 por ciento estuvo de acuerdo en que el Tuselak debería integrarse en las lecciones. La mayoría de los estudiantes se mostraron neutrales, y muchos expresaron preocupación de que la enseñanza de las historias pudiera derivar en malentendidos religiosos o que sería inapropiado presentar afirmaciones sobrenaturales como hechos. No obstante, a pesar de esta cautela, los estudiantes veían un gran valor en la tradición. Más del 70 por ciento creía que discutir el Tuselak podría ayudar a desarrollar habilidades de pensamiento crítico y aumentar la conciencia cultural. Veían las historias como una forma de aprender sobre su propia historia y de comprender los valores morales de su pueblo, pero querían abordar estas historias a través de la discusión y la indagación en lugar de la instrucción directa.

El descubrimiento más importante del estudio no es que los dos grupos estuvieran de acuerdo, sino que su desacuerdo revela un camino a seguir. Los ancianos sostienen la tradición como una guía moral viva, mientras que los estudiantes quieren examinarla críticamente. Los investigadores se dieron cuenta de que la solución no es obligar a los estudiantes a creer en las historias, ni decir a los ancianos que sus historias son inútiles. En su lugar, el estudio sugiere una nueva forma de enseñanza llamada marco de pedagogía cultural. Este enfoque trata la tradición como un objeto de investigación. Permite a los profesores traer las historias al aula, no para probar que la magia existe, sino para hacer preguntas como: ¿Por qué la gente cuenta estas historias? ¿Qué valores están tratando de proteger? ¿Cómo ha cambiado el significado de la historia con el tiempo? Al centrarse en las preguntas en lugar de las respuestas, los estudiantes pueden comprometerse con su herencia profundamente sin tener que aceptar las afirmaciones sobrenaturales como hechos científicos.

Este método respeta la complejidad de la tradición. Reconoce que las historias portan un peso real para la comunidad, como describieron los ancianos, mientras también honra la necesidad de los estudiantes de mantener una distancia crítica. Los investigadores encontraron que, cuando se les da a los estudiantes la oportunidad de discutir y analizar estas narrativas, pueden apreciar las lecciones culturales y morales sin sentir que sus creencias religiosas están siendo desafiadas. El estudio sugiere que este tipo de compromiso crítico es esencial para mantener viva la herencia cultural en un mundo moderno. Muestra que las tradiciones no tienen que estar congeladas en el tiempo o ser descartadas por completo para seguir siendo relevantes. Pueden evolucionar, asumiendo nuevos significados que ayuden a los jóvenes a navegar su identidad y sus responsabilidades hacia su comunidad.

Los hallazgos ofrecen una guía práctica para profesores y desarrolladores de currículos que trabajan con material cultural contestado. En lugar de evitar temas difíciles o presentarlos como hechos simples, los educadores pueden usarlos como un trampolín para un aprendizaje más profundo. Al fomentar que los estudiantes comparen diferentes puntos de vista, analicen la historia de un relato y reflexionen sobre sus implicaciones morales, las escuelas pueden convertir incluso las tradiciones más controversiales en poderosas herramientas de aprendizaje. Este enfoque no requiere que los estudiantes abandonen su escepticismo, ni les pide que abandonen su cultura. En su lugar, crea un espacio donde ambos pueden coexistir, permitiendo que la siguiente generación lleve su herencia adelante de una manera reflexiva, respetuosa y críticamente comprometida. El estudio concluye que el futuro de la educación cultural no radica en elegir entre la tradición y la modernidad, sino en encontrar una manera de enseñarlas juntas.

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