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Impact of disinformation on the dynamics of the COVID-19 pandemic in Brazil

Este estudio de series temporales ecológicas demuestra que la propagación de la desinformación en Brasil entre marzo de 2020 y diciembre de 2022 aumentó significativamente los nuevos casos de COVID-19 tanto mediante la reducción de la adhesión al aislamiento social como a través de mecanismos de comportamiento directo independientes de la movilidad residencial.

Autores originales: Letícia Pereira, Caroline da Silva, Isaac Schrarstzhaupt, Mariana de França e Silva, Vanessa Sígolo, Soraya Smaili

Publicado 2026-08-26
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Autores originales: Letícia Pereira, Caroline da Silva, Isaac Schrarstzhaupt, Mariana de França e Silva, Vanessa Sígolo, Soraya Smaili

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En el saturado panorama de la salud pública moderna, un virus no es lo único que se propaga. Junto al agente biológico, puede instaurarse una "infodemia": una inundación de tanta información, tanto verdadera como falsa, que se vuelve imposible para las personas encontrar los hechos que necesitan para mantenerse seguras. Este fenómeno es particularmente peligroso cuando circulan ampliamente historias falsas sobre el origen de una enfermedad, su gravedad o cómo tratarla. Cuando la gente cree estas historias, puede dejar de seguir las reglas que los mantienen a ellos y a otros seguros, como usar mascarillas o quedarse en casa cuando están enfermos. En Brasil, donde la pandemia se desarrolló en un contexto de división política y de falta de una guía nacional unificada, los investigadores querían saber si esta inundación de mentiras realmente cambió el curso de la enfermedad. Plantearon una pregunta directa: ¿provocó la propagación de noticias falsas sobre el COVID-19 un aumento en el número de personas que se enfermaron?

Para responder a esto, un equipo de investigadores de universidades brasileñas examinó el periodo comprendido entre marzo de 2020 y diciembre de 2022, cubriendo los años más críticos de la pandemia en el país. No dependieron de encuestas o conjeturas; en su lugar, recopilaron datos duros de dos de las organizaciones de verificación de hechos más respetadas de Brasil, Agência Lupa y Aos Fatos. Estas agencias habían pasado años verificando y desmintiendo afirmaciones falsas que circulaban en línea. Los investigadores recolectaron 194 ítems específicos de verificación de hechos (reportes de verificación) que habían sido oficialmente etiquetados como noticias falsas, centrándose en cuatro temas principales que causaron la mayor confusión: las vacunas, la droga cloroquina, las mascarillas y la droga ivermectina. Luego, cotejaron el momento de estas historias falsas con los registros oficiales del gobierno sobre nuevos casos de COVID-19, mientras también rastreaban cuánto se desplazaba la gente por sus ciudades y vecindarios. Para asegurar que sus hallazgos no fueran solo una coincidencia, también tuvieron en cuenta factores económicos, como el ingreso promedio, y el número de personas que usaban Facebook, que era la principal plataforma de consumo de noticias en ese momento.

Los investigadores descubrieron que las historias falsas no eran ruido aleatorio; aparecían con una sincronización estratégica. El tema más común fueron las vacunas, que representaron casi el 60 por ciento de todas las noticias falsas analizadas. El volumen de estas historias tuvo picos en momentos específicos, a menudo justo cuando la campaña de vacunación alcanzaba un nuevo hito, como el inicio de la inmunización masiva o la aprobación de vacunas para niños. Este patrón sugería que la información falsa no era meramente una reacción a la pandemia, sino una fuerza activa que intentaba moldear el comportamiento público. Cuando los investigadores analizaron los números, descubrieron un vínculo claro: los meses con un mayor volumen de noticias falsas fueron seguidos por un aumento significativo en los nuevos casos de COVID-19 al mes siguiente. Específicamente, por cada unidad adicional en la variación mensual del volumen de estas historias falsas, hubo un aumento promedio de aproximadamente 58,000 en la variación de los nuevos casos en el mes siguiente. Esta conexión se mantuvo incluso después de que los investigadores ajustaran las condiciones económicas, que se sabe influyen en cómo se comporta la gente durante una crisis.

El estudio también investigó cómo sucedió esto. Una teoría era que las noticias falsas simplemente hacían que la gente tuviera menos miedo, provocando que salieran de sus hogares con más frecuencia, lo que naturalmente conducía a más transmisión del virus. Los datos respaldaron esta idea: cuando la gente se desplazaba más, aparecían más casos. Sin embargo, los investigadores encontraron que esto era solo parte de la historia. Incluso cuando contabilizaron cuánto se desplazaba la gente, las noticias falsas seguían teniendo un efecto directo y poderoso en el número de nuevos casos. Esto sugiere que las mentiras hicieron más que solo fomentar que la gente saliera; cambiaron el comportamiento de otras maneras que aumentaban el riesgo. Las personas que creían las historias falsas podrían haber dejado de usar mascarillas, haber recurrido a tratamientos ineficaces o haber retrasado la búsqueda de ayuda médica, todo lo cual podría conducir a la infección incluso si sus hábitos de viaje diarios permanecían iguales. El estudio también aclaró que el problema no eran las plataformas de redes sociales en sí mismas, ya que el número de usuarios de Facebook no explicaba el aumento de los casos; más bien, era el contenido específico que circulaba en esas plataformas lo que impulsaba el peligro.

En última instancia, la investigación dibuja un cuadro de una infodemia que actuó como un acelerador silencioso para el virus. Las narrativas falsas no solo confundieron a la gente; socavaron activamente las medidas de salud pública diseñadas para salvar vidas. Al erosionar la confianza en la ciencia y las vacunas, y al fomentar comportamientos de riesgo como ignorar las mascarillas o buscar curas no probadas, la propagación de la desinformación contribuyó directamente al alto número de infecciones y muertes registradas en Brasil. Los hallazgos indican que luchar contra una pandemia requiere más que herramientas médicas; demanda una defensa contra las mentiras que se propagan más rápido que el propio virus. El estudio concluye que para proteger la salud pública en el futuro, las autoridades deben monitorear estas historias falsas en tiempo real y lanzar campañas educativas que sean tan rápidas y estratégicas como la desinformación que pretenden contrarrestar.

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