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📄 ciencias de la Tierra

A critical review of frameworks, gaps and prospects for urban climate resilience research in the Global South

Este estudio critica la fragmentación conceptual y las brechas de orientación hacia la toma de decisiones en la investigación sobre la resiliencia climática urbana en el Sur Global mediante una revisión guiada por PRISMA de 71 publicaciones, identificando fallas estructurales como el reduccionismo tecnocrático y la marginación del conocimiento local, al tiempo que propone un marco reconceptualizado y éticamente cargado con palancas de gobernanza específicas y métricas de decisión para permitir un desempeño adaptativo más accionable y equitativo.

Autores originales: Vasilii Kurian

Publicado 2026-09-29
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Vasilii Kurian

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Las ciudades son sistemas vivos que deben ajustarse constantemente para sobrevivir. Cuando el clima se vuelve extremo, una ciudad resiliente es aquella que puede absorber el impacto, mantener sus funciones esenciales en marcha y adaptarse a una nueva normalidad sin colapsar. Durante décadas, los expertos han intentado medir esta capacidad, creando listas de indicadores y modelos técnicos para ayudar a los planificadores a decidir dónde construir muros contra inundaciones o dónde plantar árboles. El objetivo siempre ha sido proteger a las personas de los daños. Sin embargo, un creciente cuerpo de pensamiento sugiere que tener simplemente un muro fuerte o un buen plan no es suficiente. La forma en que una ciudad se organiza, quién tiene voz en la sala de planificación y qué tan rápido llega la ayuda realmente a una puerta, importan tanto como la infraestructura física. Si una ciudad es fuerte en el papel pero lenta para actuar por sus residentes más pobres, no es verdaderamente resiliente.

Una nueva revisión de investigaciones publicadas entre 2010 y 2025 analiza de cerca cómo entendemos y construimos actualmente esta resiliencia, específicamente en el Sur Global, donde la rápida urbanización y el cambio climático se cruzan de manera más intensa. El autor, Vasilii Kurian, examinó 71 estudios revisados por pares para ver qué herramientas están utilizando los expertos y dónde están fallando los enfoques actuales. La revisión encontró que, si bien tenemos muchos marcos sofisticados para gestionar el riesgo, estos a menudo tratan la resiliencia como un problema puramente técnico. Este enfoque en la ingeniería y la gestión tiende a ignorar la realidad desordenada de los asentamientos informales, donde viven muchos de los pobres urbanos del mundo. También pasa por alto el hecho de que el tiempo es un recurso crítico; una solución que llega demasiado tarde o que se retrasa para ciertos grupos no es ninguna solución.

La investigación revela tres brechas principales en la forma en que estudiamos y construimos ciudades resilientes actualmente. Primero, la literatura trata frecuentemente a los asentamientos informales —áreas donde la vivienda y la infraestructura se construyen sin permiso oficial o apoyo estatal— meramente como ruido de fondo o una fuente de vulnerabilidad. Estas comunidades rara vez son analizadas como lugares donde la gente se adapta y resuelve problemas por su cuenta. Segundo, hay muy poca evidencia sobre cómo el financiamiento climático llega realmente a las personas que más lo necesitan. La mayoría de los estudios rastrean proyectos formales y de gran escala, dejando la distribución de fondos a los barrios de bajos ingresos en gran medida invisible. Tercero, casi todas las evaluaciones son instantáneas en el tiempo. Los investigadores rara vez rastrean cómo cambia la capacidad de una ciudad para afrontar situaciones a lo largo de los años, lo que significa que no sabemos si un proyecto que parece bueno hoy está ayudando realmente a las personas a largo plazo.

El análisis de Kurian sugiere que las herramientas que usamos para planificar el futuro están moldeando el futuro mismo, a menudo de maneras que crean desigualdad. Por ejemplo, los mapas digitales y los tableros de control son herramientas poderosas para visualizar el riesgo, pero tienden a resaltar áreas con buenos datos y registros de propiedad claros. Esto deja fuera a los distritos informales donde los datos son escasos, haciendo que esas áreas sean efectivamente invisibles para los planificadores e inversores. Del mismo modo, los modelos de toma de decisiones que dependen de escenarios complejos a menudo no tienen en cuenta las realidades diarias de las personas que no tienen el lujo de esperar un plan perfecto. La revisión argumenta que la resiliencia no se trata solo de volver a un estado anterior, sino de cómo una sociedad distribuye la carga de la espera y la velocidad de la recuperación.

Para solucionar estos problemas, el artículo propone una nueva forma de pensar sobre la resiliencia que se centra en la oportunidad y la equidad de las decisiones. En lugar de solo preguntar si un muro contra inundaciones funciona, los planificadores deberían preguntar quién puede usarlo primero, cuánto tiempo toma construirlo y si el proceso respeta el conocimiento local. El autor introduce un marco sencillo para ayudar: observar el dispositivo que se está utilizando, el mecanismo de tiempo adjunto y el resultado final para las personas involucradas. Por ejemplo, un "disparador" es una regla que dice "si el agua sube a este nivel, abrimos las compuertas". Si esa regla está ligada a un proceso justo que asegura que los barrios más pobres reciban primero el desvío del agua, el resultado es justo. Si la regla es vaga o lenta, el resultado es injusto.

La revisión concluye que las estrategias más efectivas son aquellas que combinan soluciones técnicas con una gobernanza inclusiva. Cuando las comunidades locales participan genuinamente en la planificación, y cuando las reglas de financiamiento incluyen salvaguardas para asegurar un acceso justo, las ciudades se adaptan mejor. El estudio no pretende tener una fórmula mágica única para cada ciudad, sino que ofrece un conjunto de palancas prácticas para el cambio. Estas incluyen establecer plazos estrictos para cuándo los beneficios deben llegar a la primera persona en la fila, rastrear cuánto tiempo tienen que esperar diferentes grupos y asegurar que los esfuerzos comunitarios informales sean reconocidos como partes válidas del sistema de defensa de la ciudad. Al cambiar el enfoque de solo construir muros más fuertes a construir sistemas más justos, las ciudades pueden avanzar hacia una resiliencia que sea no solo fuerte, sino también justa.

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