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Adverse Drug Reaction Reporting among Healthcare Professionals in Private Health Facilities in Mbarara City, Uganda: A Cross-sectional Study

A pesar del buen conocimiento y las actitudes favorables, el reporte de reacciones adversas a medicamentos entre los profesionales de la salud en los centros de salud privados en la ciudad de Mbarara, Uganda, sigue siendo críticamente bajo (12,9%) debido a barreras sistémicas como la indisponibilidad de herramientas de reporte, la falta de retroalimentación y la capacitación insuficiente, lo que resalta una necesidad urgente de fortalecer la infraestructura de farmacovigilancia en el sector privado.

Autores originales: Calvin Cherotin, Moses Ocen, Steven Okumu, Micheal Mpeirwebyoona, Amos Oyuru, Alrazi Eisa Shogar, Tadele Mekuriya Yadesa, Julius Kyomya

Publicado 2026-10-19
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Calvin Cherotin, Moses Ocen, Steven Okumu, Micheal Mpeirwebyoona, Amos Oyuru, Alrazi Eisa Shogar, Tadele Mekuriya Yadesa, Julius Kyomya

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada día, millones de personas dependen de los medicamentos para curar infecciones, gestionar afecciones crónicas y salvar vidas. Sin embargo, incluso cuando se utilizan correctamente, estas poderosas herramientas pueden, en ocasiones, causar daños inesperados. Estas respuestas dañinas e involuntarias se conocen como reacciones adversas a los medicamentos. Aunque los médicos y farmacéuticos están capacitados para anticipar muchos riesgos, la imagen completa de cómo los medicamentos afectan a diferentes personas solo surge cuando estos eventos inesperados se detectan y se comparten. Este proceso de observar, registrar y analizar estas reacciones se denomina farmacovigilancia. Es una red de seguridad silenciosa pero vital que permite a las autoridades sanitarias detectar patrones peligrosos, actualizar las advertencias y mantener los medicamentos seguros para todos. No obstante, esta red de seguridad solo funciona si las personas que están en la primera línea —médicos, enfermeros y farmacéuticos— realmente informan de lo que ven. Sin sus voces, el sistema permanece ciego ante los mismos peligros que debería captar.

En Uganda, una agencia nacional llamada Autoridad Nacional del Medicamento gestiona este sistema de notificación, pero durante mucho tiempo ha existido una brecha significativa entre los sectores público y privado. Si bien los hospitales gubernamentales han sido la principal fuente de informes, el sector privado, que incluye una vasta red de clínicas y hospitales privados, presta una gran parte de la atención sanitaria del país. Hasta ahora, no estaba claro con qué frecuencia los profesionales de estas instalaciones privadas detectaban y reportaban estas reacciones peligrosas. Para llenar este vacío, investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Mbarara y de la Universidad Internacional de Kampala viajaron a la ciudad de Mbarara, en el suroeste de Uganda. Su objetivo era comprender la realidad de la notificación en el sector privado: cuántos profesionales estaban viendo estas reacciones, cuántos las estaban notificando realmente y qué les impedía hacerlo.

El equipo llevó a cabo una encuesta detallada en marzo de 2026, visitando hospitales y clínicas privadas por toda la ciudad. Entrevistaron a 233 profesionales de la salud, incluyendo enfermeros, médicos y farmacéuticos, preguntándoles sobre sus experiencias durante el año anterior. Los resultados revelaron una desconexión sorprendente entre lo que estos profesionales observaron y lo que informaron. Más del 60 por ciento de los participantes afirmó haber observado al menos una sospecha de reacción adversa a un medicamento en los últimos doce meses. Esto significa que, para la mayoría de estos trabajadores, estas preocupaciones de seguridad eran una parte regular de su rutina diaria. Sin embargo, al preguntarles si habían presentado formalmente un informe a la autoridad nacional, solo alrededor del 13 por ciento dijo que sí. Entre quienes realmente habían visto una reacción, menos de uno de cada cinco había dado el paso de presentar un informe oficial. Esto sugiere que por cada reacción que fue reportada, cuatro quedaron sin registrar, dejando un rastro silencioso de posibles problemas de seguridad.

A pesar de esta baja tasa de notificación, el estudio encontró que el problema no era la falta de conocimiento o una actitud negativa. De hecho, casi el 80 por ciento de los participantes demostró una sólida comprensión de cómo reportar estas reacciones, y la mayoría estuvo de acuerdo en que informar era un deber profesional que ayudaba a mantener la seguridad de los pacientes. No consideraban la tarea como una pérdida de tiempo, ni carecían de la motivación para actuar. En cambio, las barreras eran prácticas y sistémicas. El obstáculo más común citado fue la simple indisponibilidad de guías y formularios de notificación; casi el 70 por ciento de los participantes afirmó que no podía encontrar las herramientas necesarias para realizar un informe. Otro escollo importante fue la ausencia de retroalimentación. Más de la mitad de los encuestados señaló que nunca recibieron respuesta de la autoridad nacional tras enviar un informe, lo que les dejaba con la duda de si sus esfuerzos habían servido de algo. Además, la mitad del grupo sintió que no había recibido suficiente formación sobre el proceso específico de notificación.

Los investigadores también analizaron qué hacía que la notificación fuera más probable. Encontraron que los profesionales con más años de experiencia tenían significativamente más probabilidades de reportar una reacción adversa que aquellos que acababan de comenzar sus carreras. Del mismo modo, aquellos que habían recibido formación específica en farmacovigilancia en los últimos cinco años tenían muchas más probabilidades de presentar un informe que aquellos que no la habían recibido. Esto apunta a un camino claro a seguir: la brecha entre ver un problema y reportarlo no es causada por la ignorancia, sino por una falta de apoyo y herramientas. El estudio sugiere que, para solucionar esto, el sistema debe proporcionar acceso fiable a los formularios de notificación, asegurar que los profesionales reciban formación regular y crear un ciclo de retroalimentación funcional donde la autoridad nacional reconozca y responda a los informes que recibe. Al abordar estas limitaciones prácticas, el sector privado podría convertirse en un socio mucho más sólido para mantener los medicamentos seguros para toda la población.

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