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Forecast Bias in Latin American Medium-Term Fiscal Frameworks: Evidence from Chile, Colombia, Peru, and Uruguay

Este documento analiza los marcos fiscales de mediano plazo en Chile, Colombia, Perú y Uruguay, encontrando que los cuatro países exhiben sesgos de sobreestimación recurrentes y significativos en sus pronósticos de crecimiento del PIB, lo cual socava la fiabilidad de las bases fiscales y complica el cumplimiento de las reglas fiscales.

Autores originales: Javier Torres, Manuel Arriola-Montenegro

Publicado 2026-10-28
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Javier Torres, Manuel Arriola-Montenegro

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Todo gobierno que gestiona una economía nacional enfrenta un desafío fundamental: debe decidir cuánto gastar y cuánto recaudar en impuestos años antes de que el dinero sea realmente necesario. Para realizar estos planes a largo plazo, los funcionarios dependen de pronósticos, que son conjeturas fundamentadas sobre qué tan rápido crecerá la economía en los próximos años. Estas predicciones no son solo números en una hoja de cálculo; forman la base del presupuesto de un país. Si un gobierno espera que la economía crezca rápidamente, se siente con la confianza de gastar más hoy, asumiendo que los ingresos fiscales futuros cubrirán la cuenta. Si la conjetura es errónea, todo el plan financiero puede desmoronarse, lo que conduce a una deuda inesperada o a recortes en servicios esenciales. Por esta razón, la precisión de estos pronósticos económicos es una cuestión de confianza pública. Cuando los funcionarios publican una perspectiva plurianual, están haciendo una promesa a sus ciudadanos y mercados de que sus supuestos son realistas. Si esos supuestos son consistentemente demasiado optimistas, la promesa se convierte en una mentira, y la disciplina destinada a mantener la estabilidad económica comienza a erosionarse.

Un estudio reciente de los economistas Javier Torres y Manuel Arriola-Montenegro investiga si este optimismo es un problema en cuatro naciones latinoamericanas: Chile, Colombia, Perú y Uruguay. Estos países han establecido documentos oficiales, conocidos como marcos fiscales de mediano plazo, que exponen sus proyecciones económicas para los próximos tres o cuatro años. Los investigadores querían saber si las personas que redactaban estos informes estaban diciendo la verdad sobre el futuro. Recopilaron una colección masiva de estos pronósticos oficiales, que se extiende por más de dos décadas, y compararon las predicciones realizadas en su momento con lo que realmente sucedió en la economía. Al observar la diferencia entre lo predicho y lo realizado, el equipo pudo ver si los pronósticos eran imparciales —es decir, si tenían la misma probabilidad de ser demasiado altos que demasiado bajos— o si estaban sesgados sistemáticamente en una dirección.

El análisis reveló un patrón claro y preocupante que cambió con el tiempo. Durante un periodo en los primeros años de estos marcos, los pronósticos en algunos países fueron sorprendentemente precisos, o incluso ligeramente cautelosos. Sin embargo, los investigadores encontraron que este comportamiento cambió drásticamente alrededor de principios de la década de 2010. A partir de ese punto, cada uno de los países del estudio comenzó a sobreestimar consistentemente qué tan rápido crecerían sus economías. No fue un caso de errores ocasionales o mala suerte; los datos mostraron una tendencia estructural persistente hacia el optimismo. En los años siguientes a este cambio, las predicciones oficiales fueron consistentemente superiores a la realidad por un margen significativo. Para Perú, los pronósticos fueron demasiado altos por aproximadamente dos puntos y medio porcentuales anuales. En Uruguay, la sobreestimación fue cercana a los dos puntos porcentuales. Colombia y Chile mostraron tendencias similares, con sus predicciones superando el crecimiento real por aproximadamente un punto y medio porcentual anual.

Para entender la escala de este error, imagine a un corredor al que se le dice que terminará una carrera en diez minutos, pero que consistentemente termina en doce. Si el entrenador del corredor planifica el programa de entrenamiento basándose en la expectativa de los diez minutos, el corredor estará exhausto y desprevenido ante la realidad. De la misma manera, cuando un gobierno planifica su presupuesto basándose en una tasa de crecimiento que es dos puntos porcentuales mayor de lo que realmente ocurre, está planificando para un futuro más rico que el que llega. El estudio encontró que esta brecha no fue un fallo temporal, sino un régimen sostenido que ha durado más de una década. Los investigadores señalaron que este cambio coincidió con el fin de un auge global de las materias primas, sugiriendo que los países pueden haber sido lentos para ajustar sus expectativas a largo plazo cuando los vientos económicos cambiaron. Continuaron utilizando las tasas de crecimiento de los años de auge incluso cuando la economía comenzó a desacelerarse, lo que llevó a una década de proyecciones excesivamente optimistas.

Las consecuencias de este sesgo se extienden mucho más allá de un simple error estadístico. Debido a que estos pronósticos son el ancla para las reglas fiscales —las leyes que limitan cuánto puede gastar o endeudarse un país—, una sobreestimación sistemática del crecimiento efectivamente relaja estas reglas sin que nadie lo note. Si un país espera crecer más rápido de lo que realmente lo hace, gastará más dinero del que puede permitirse, creyendo que los impuestos futuros cubrirán la diferencia. Cuando el futuro llega y el dinero no está, el país se queda con un déficit mayor o una deuda más alta de la prevista. El estudio concluye que este optimismo persistente debilita la credibilidad de todo el proceso presupuestario. Sugiere que, para estas cuatro naciones, las mismas herramientas diseñadas para asegurar la disciplina fiscal han sido socavadas por los supuestos que las alimentan. Los autores argumentan que, para restaurar la confianza, estos marcos necesitan controles regulares e independientes para asegurar que los números utilizados para planificar el futuro de la nación estén basados en la realidad, y no en la esperanza de un auge que ya ha pasado.

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