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Expressive liars, credible impressions: Facial expressions across three deception paradigms

Este estudio de 176 participantes a través de tres paradigmas de engaño revela que, si bien la expresividad facial ofrece un valor diagnóstico limitado para detectar mentiras, influye consistentemente en la credibilidad percibida, haciendo a menudo que los emisores más expresivos parezcan más veraces independientemente de su veracidad real.

Autores originales: Mathew Gullotta, Helen Paterson, Carolyn MacCann

Publicado 2026-09-28
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Autores originales: Mathew Gullotta, Helen Paterson, Carolyn MacCann

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

A menudo creemos que la verdad está escrita en nuestros rostros. Cuando alguien miente, esperamos ver un destello de miedo, una sonrisa reprimida o un vacío momentáneo que traicione su engaño. Esta intuición es tan fuerte que moldea la forma en que juzgamos a las personas en los tribunales, en las entrevistas de trabajo y en las conversaciones cotidianas. Sin embargo, décadas de investigación psicológica sugieren que el rostro humano es un mal detector de mentiras. Aunque nos sentimos seguros de que podemos detectar a un mentiroso por su expresión, los estudios científicos muestran consistentemente que nuestra capacidad para distinguir una mentira de la verdad es apenas mejor que adivinar. El problema radica en una confusión fundamental: a menudo confundimos qué tan creíble parece una persona con qué tan precisa es su historia. Una persona puede lucir enteramente sincera mientras cuenta una fabricación completa, del mismo modo que puede lucir nerviosa mientras dice la verdad absoluta. La pregunta sigue siendo si existen patrones específicos en nuestros movimientos faciales que realmente señalen el engaño, o si nuestros rostros simplemente reflejan nuestra personalidad y la situación en la que nos encontramos, independientemente de si estamos mintiendo.

Para investigar esto, investigadores de la Universidad de Sídney se propusieron separar el acto de mentir del acto de parecer convincente. Reclutaron a 176 estudiantes universitarios y les pidieron realizar tres tipos de tareas muy diferentes, todo ello mientras eran grabados en video. En el primer escenario, los estudiantes participaron en un juego de trivia competitivo donde podían ganar un vale de regalo. Se les instruyó para que mintieran sobre sus elecciones en una ronda específica para intentar ganar más dinero. En el segundo escenario, contaron historias personales de sus vidas, algunas verdaderas y otras completamente inventadas, abarcando experiencias tanto alegres como tristes. En el tercer escenario, describieron imágenes que se les mostraron, describiendo a veces la imagen con precisión y otras veces inventando una descripción que era lo opuesto a lo que veían. Después, un grupo separado de catorce observadores vio estos videos y calificó si pensaban que cada persona estaba diciendo la verdad. Los investigadores luego utilizaron un software automatizado para analizar cada fotograma de los videos, midiendo con qué frecuencia cada persona sonreía, fruncía el ceño o mostraba otras emociones básicas, cuánto duraban esas expresiones y si la expresión coincidía con la historia que estaban contando.

Los resultados desafiaron la idea común de que una "cara de póker" es la clave para una mentira exitosa. Los investigadores encontraron que la cantidad de emoción que una persona mostraba en su rostro no predecía de manera confiable si su mentira sería detectada. En algunos casos, las personas que eran más expresivas eran, de hecho, más difíciles de detectar como mentirosas, particularmente cuando contaban historias personales o describían imágenes negativas. Esto sugiere que la falta de emoción no es una señal universal de engaño, ni mostrar emoción es una señal de mentira. En cambio, el estudio reveló un patrón más claro respecto a qué tan creíble parecía una persona. Las personas que mostraban más expresiones faciales, independientemente de si mentían o decían la verdad, eran generalmente calificadas como más creíbles. Cuando una persona mostraba una gama de emociones que encajaban con su historia, o incluso cuando mostraba una mezcla de emociones que no encajaban del todo, a menudo se la percibía como más digna de confianza.

Esta distinción es crucial. El estudio mostró que las expresiones faciales son mucho mejores para predecir qué tan sincera parece una persona que para revelar si realmente está mintiendo. Por ejemplo, en las tareas de historias personales, los participantes que mostraron expresiones emocionales más frecuentes y largas fueron juzgados como más veraces, incluso cuando mentían. Del mismo modo, mostrar una emoción que coincidiera con el contenido de la historia, como verse triste al describir un evento triste, hacía que una persona pareciera más genuina. Curiosamente, incluso mostrar una emoción que no coincidía con la historia a veces ayudaba a una persona a parecer más creíble, lo que sugiere que los observadores valoran la variedad y el compromiso emocional por encima de la consistencia estricta. Los investigadores concluyeron que, si bien el comportamiento facial ofrece muy poca ayuda para detectar a un mentiroso, juega un papel significativo en la formación de nuestra confianza. Tendemos a creer en las personas que lucen comprometidas y expresivas, incluso si su historia es falsa. Esto significa que, en situaciones donde necesitamos juzgar la verdad, confiar en las expresiones faciales de una persona es probable que nos lleve por el camino equivocado, ya que una actuación convincente no es lo mismo que una verdad.

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