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Evaluating leisure travel experiences: the comparative explanatory relevance of satisfaction and perceived value for future behavioral intentions

Basándose en un estudio de 600 viajeros de ocio chinos, este artículo demuestra que, si bien la satisfacción y el valor percibido son constructos distintos, el valor percibido es el predictor superior de las intenciones conductuales futuras, explicando una varianza adicional significativa más allá de la satisfacción y la motivación de viaje.

Autores originales: SICHENG LI, JINGQI WANG

Publicado 2026-10-15
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: SICHENG LI, JINGQI WANG

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cuando regresamos de unas vacaciones, a menudo cargamos con dos sentimientos distintos sobre el viaje. El primero es una simple sensación de disfrute: el viaje fue agradable, el paisaje era hermoso y la experiencia cumplió con nuestras expectativas. En el mundo de la investigación turística, este sentimiento se denomina satisfacción. Es una medida de qué tan favorablemente percibimos la experiencia en sí misma. El segundo sentimiento es más complejo y práctico: sopesamos la alegría que sentimos frente al costo de llegar allí. Esto incluye no solo el precio del boleto, sino las horas pasadas en tránsito, el esfuerzo físico de caminar, el estrés de navegar entre multitudes y el tiempo tomado de otras partes de nuestras vidas. Este cálculo de si los beneficios valieron la pena frente al sacrificio se conoce como valor percibido. Durante décadas, los expertos en viajes han asumido que, si un viajero está satisfecho, naturalmente querrá regresar o recomendar el destino a otros. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que estos dos sentimientos, aunque a menudo están vinculados, no son lo mismo cuando se trata de predecir qué hará un viajero a continuación.

Los investigadores Sicheng Li y Jingqi Wang se propusieron probar esta suposición analizando de cerca cómo los viajeros de ocio chinos evalúan sus viajes recientes. Recopilaron datos de 600 adultos que habían realizado un viaje nacional o internacional en el último año. Se les pidió a los participantes que recordaran su viaje más reciente y respondieran preguntas sobre su motivación para viajar, qué tan satisfechos estaban con la experiencia, cuánto valor sintieron que recibieron por su tiempo y dinero, y qué tan probable era que volvieran a visitar o recomendaran un destino. Los investigadores también midieron un rasgo de personalidad llamado apertura a la experiencia, que describe qué tan curioso y receptivo es una persona ante nuevas ideas, actividades diversas y situaciones novedosas. Al analizar estas respuestas, el equipo buscaba ver si sentirse feliz por un viaje es suficiente para garantizar planes de viaje futuros, o si el juicio de "valer la pena" juega un papel más crítico.

Los resultados revelaron una diferencia sorprendente entre estar satisfecho y encontrar valor. Si bien ambos conceptos estaban fuertemente relacionados —las personas que disfrutaron su viaje generalmente sintieron que también fue un buen uso de sus recursos—, proporcionaban información muy distinta sobre el comportamiento futuro. Cuando los investigadores observaron qué predecía la intención de un viajero de regresar o recomendar un destino, el valor percibido fue el factor dominante. Explicó una cantidad significativa de la variación en los planes futuros que la satisfacción por sí sola no podía explicar. De hecho, una vez que los investigadores contabilizaron cuánto sintió el viajero que el viaje valía la pena, el sentimiento de satisfacción no añadió casi ninguna información adicional. Esto significa que una persona puede estar altamente satisfecha con unas vacaciones, encontrándolas placenteras y cumpliendo con todas sus expectativas, y aun así decidir no volver porque el costo, el tiempo o el esfuerzo requeridos para repetir la experiencia se sienten demasiado altos. Por el contrario, un viaje que podría no haber sido el más emocionante o perfecto en todos los sentidos, podría aun así generar fuertes intenciones futuras si el viajero sintió que los beneficios justificaban los sacrificios realizados.

El estudio también exploró si esta relación cambiaba dependiendo de quién fuera el viajero. Los investigadores encontraron que el vínculo entre el valor percibido y los planes de viaje futuros era más fuerte para las personas que puntuaban alto en apertura a la experiencia. Estos son individuos que tienden a ser más curiosos, imaginativos y ávidos de nuevas experiencias. Para ellos, el juicio de que un viaje "valió la pena" se traducía más poderosamente en un deseo de participar en actividades similares nuevamente. Para aquellos con una apertura menor, la conexión seguía siendo positiva pero menos intensa. Esto sugiere que la personalidad moldea la forma en que convertimos nuestros sentimientos sobre el valor de un viaje en planes concretos para el futuro.

Crucialmente, los investigadores tuvieron cuidado de aclarar lo que sus datos podían y no podían probar. Debido a que el estudio pedía a las personas recordar un viaje pasado y reportar sus sentimientos todos a la vez, no podía determinar qué sentimiento llegó primero a la mente de una persona. ¿Sintieron que el viaje era valioso primero, lo que luego los hizo sentirse satisfechos? ¿O se sintieron satisfechos primero, lo que luego los llevó a juzgarlo como valioso? Los datos mostraron que ambas secuencias posibles se ajustaban a los resultados por igual. Por lo tanto, el estudio no afirma que un sentimiento cause al otro. En cambio, demuestra que, al intentar entender qué hará un viajero a continuación, el juicio de valor proporciona información única y esencial que el sentimiento de satisfacción no ofrece.

Este hallazgo desafía la práctica común en la industria del turismo de confiar únicamente en los puntajes de satisfacción para predecir la lealtad. Un destino puede recibir reseñas entusiastas por su belleza y servicio, pero fallar en atraer visitantes recurrentes si el trayecto hacia allí es demasiado arduo, costoso o inconveniente. El estudio sugiere que los gerentes y planificadores deben mirar más allá de si una experiencia fue agradable y preguntarse si se sintió valiosa en relación con los recursos invertidos. Para los viajeros, la lección es que nuestras elecciones futuras son impulsadas no solo por cuánto nos gustó un lugar, sino por un cálculo más profundo de si la experiencia valió la pena respecto al precio que pagamos en tiempo, dinero y esfuerzo. Al distinguir entre disfrutar un momento y valorar el intercambio, obtenemos una imagen más clara de lo que realmente impulsa nuestro deseo de explorar el mundo nuevamente.

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