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Capital Deepening, Energy Use, and Labour-Productivity Growth in African OIC Economies

Este estudio analiza 12 economías africanas de la OCI desde 1991 hasta 2023 y encuentra que, si bien la profundización del capital impulsa significativamente el crecimiento de la productividad laboral con una elasticidad de entre 0,401 y 0,632, la relación es menos que proporcional y el consumo de energía por trabajador no muestra una asociación independiente robusta en el corto plazo con la productividad.

Autores originales: Abdirashid Mohamud Mohamedᵃ, Abdirashid Ahmed Mohamed, Bashiir Mohamed Abdulleᵃ, Abdullahi Dahir Ibrahimᵃ

Publicado 2026-10-07
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Abdirashid Mohamud Mohamedᵃ, Abdirashid Ahmed Mohamed, Bashiir Mohamed Abdulleᵃ, Abdullahi Dahir Ibrahimᵃ

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En la larga historia de cómo las naciones se enriquecen, los economistas a menudo han observado dos ingredientes principales: las personas que trabajan y las herramientas que utilizan. Durante décadas, una idea simple predominó: si le das a un trabajador más máquinas, mejores edificios y más equipo, este producirá más. Este es el concepto de profundización del capital. Sugiere que el camino hacia un nivel de vida más alto está pavimentado con la inversión. Sin embargo, hay un inconveniente. Así como un solo trabajador no puede usar mil martillos a la vez, existe un punto en el que añadir más herramientas genera ganancias cada vez menores. Esta es la ley de los rendimientos decrecientes. La pregunta que ha desconcertado a los investigadores durante años es si esta ley se cumple en el contexto específico de África, un continente donde las economías son diversas, a menudo interconectadas por los mercados globales y todavía están construyendo sus bases industriales. Comprender esta relación es crucial porque le dice a los responsables de la formulación de políticas si el simple hecho de inyectar dinero en la construcción y la maquinaria elevará automáticamente los ingresos, o si se necesita algo más para que esas inversiones realmente cuenten.

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Somalía se propuso responder a esta pregunta para doce naciones africanas que son miembros de la Organización de la Cooperación Islámica. Analizaron datos que abarcan desde 1991 hasta 2023, un período que cubre décadas de cambios económicos, choques globales y desplazamientos regionales. Su objetivo era medir exactamente cuánto aumenta la producción de un trabajador cuando aumenta la cantidad de capital disponible para él. Para hacer esto, no se limitaron a contar el dinero gastado en nuevos proyectos; reconstruyeron el stock real de activos físicos, como fábricas y carreteras, que existían en cada país año tras año. También incluyeron el consumo de energía en su modelo, reconociendo que las máquinas necesitan energía para funcionar, y tuvieron en cuenta el hecho de que estos países a menudo enfrentan las mismas tormentas globales, como los cambios en los precios del petróleo o las pandemias, que pueden hacer que sus economías se muevan en sincronía.

Los investigadores encontraron un vínculo claro y positivo entre tener más capital por trabajador y una mayor productividad, pero el tamaño de ese vínculo era menor de lo que muchos esperarían. Calcularon que por cada aumento del uno por ciento en el capital disponible para cada trabajador, la producción real por trabajador aumentó aproximadamente un 0,45 por ciento. Este número es significativo porque confirma que añadir herramientas e infraestructura ayuda a los trabajadores a producir más. Sin embargo, también confirma la ley de los rendimientos decrecientes: la ganancia es menor que una relación de uno a uno. Si la relación fuera perfectamente proporcional, un aumento del uno por ciento en el capital conduciría a un aumento del uno por ciento en la producción. En cambio, la producción adicional crece a un ritmo más lento que la inversión adicional. Esto sugiere que, si bien la acumulación de capital es esencial, no es una solución mágica que resuelva todos los problemas de productividad por sí sola.

Curiosamente, el estudio encontró que la cantidad de energía utilizada por trabajador no mostró una conexión fuerte e independiente con el crecimiento de la productividad a corto plazo. Si bien la energía es indiscutiblemente necesaria para que las máquinas funcionen, el simple hecho de consumir más energía no se tradujo automáticamente en una mayor producción en los datos que analizaron. Esto no significa que la energía no sea importante; más bien, sugiere que la relación es compleja. Quizás la fiabilidad del suministro eléctrico, la eficiencia de las máquinas o qué tan bien se ajusta la energía al tipo de trabajo realizado importa más que el volumen bruto de energía consumida. Los investigadores señalaron que en muchas economías africanas, la energía podría utilizarse de maneras que no impulsan inmediatamente la productividad medida, o sus efectos podrían estar entrelazados con otros factores como la calidad del capital que alimenta.

La fuerza de estos hallazgos reside en la meticulosidad con la que los investigadores manejaron los datos. Utilizaron métodos estadísticos avanzados para separar el efecto real del capital del ruido de los eventos globales compartidos y las diferencias entre países individuales. Probaron sus resultados cambiando sus supuestos sobre la rapidez con la que se desgastan las máquinas y observando diferentes períodos de tiempo, incluyendo los años de la pandemia global. En todos los casos, el resultado central se mantuvo igual: la profundización del capital impulsa la productividad, pero con rendimientos decrecientes. El estudio también destacó que estas economías no son todas iguales; el impacto del nuevo capital varía de un país a otro, probablemente dependiendo de las habilidades locales, la infraestructura y qué tan bien se integran las nuevas herramientas en la economía existente.

Para los líderes y planificadores de estas naciones, el mensaje es de un optimismo cauteloso. Invertir en capital físico es un paso necesario hacia el crecimiento, pero no es suficiente por sí solo. El hecho de que los rendimientos disminuyan significa que, en algún punto, simplemente añadir más de las mismas herramientas no será suficiente para impulsar el siguiente salto hacia la prosperidad. Para sacar el máximo provecho de las nuevas inversiones, estas economías pueden necesitar enfocarse en las cosas que hacen que el capital funcione mejor: capacitar a los trabajadores para usar maquinaria sofisticada, mejorar la fiabilidad de los suministros de energía y asegurar que los nuevos activos se ubiquen en sectores donde puedan crear el mayor valor. El estudio no ofrece una solución simple, pero proporciona un mapa claro del terreno, mostrando que, si bien el camino hacia la prosperidad está pavimentado con inversión, el viaje requiere más que solo colocar más ladrillos.

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