Work Rate Adjustments During High-Intensity Interval Training in the Heat With Active and Passive Recovery
Mantener la percepción de esfuerzo objetivo durante el entrenamiento de intervalos de alta intensidad en el calor resultó en una carga térmica y cardiovascular similar entre la recuperación activa y la pasiva, aunque la recuperación activa necesitó mayores reducciones en la tasa de trabajo y condujo a disminuciones comparables en la capacidad aeróbica máxima independientemente del modo de recuperación.
Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA de un preprint que no ha sido revisado por pares. No es consejo médico. No tome decisiones de salud basándose en este contenido. Leer descargo de responsabilidad completo
El ejercicio en el calor es una batalla entre la necesidad de movimiento del cuerpo y su necesidad de enfriarse. Cuando trabajamos duro, nuestros músculos generan calor, y nuestros cuerpos deben eliminar ese exceso de calor para evitar que nuestra temperatura interna aumente a niveles peligrosos. Una forma en que el cuerpo se enfría es bombeando más sangre a la piel, lo que ayuda a liberar el calor al aire. Sin embargo, esto crea un conflicto: la misma sangre necesaria para enfriar la piel también es necesaria para alimentar los músculos en funcionamiento. Para gestionar esto, los atletas y entrenadores suelen utilizar el entrenamiento de intervalos, un método donde breves ráfagas de esfuerzo intenso son seguidas por periodos de descanso. Durante estos periodos de descanso, la elección suele ser entre no hacer nada (recuperación pasiva) o continuar moviéndose a un ritmo mucho más lento (recuperación activa). Aunque a menudo se piensa que la recuperación activa ayuda a eliminar los productos de desecho de los músculos más rápido, también mantiene al cuerpo generando calor, lo que podría ser arriesgado en un entorno caluroso. La pregunta sigue siendo: en el calor, ¿mantener el cuerpo en movimiento durante el descanso ayuda a mantener el rendimiento, o simplemente sobrecalienta el sistema y obliga al atleta a frenar?
Investigadores de la Universidad Estatal de Nuevo México y la Universidad de Alabama se propuslaron responder a esto sometiendo a ocho adultos sanos a una prueba rigurosa. Pidieron a los participantes que pedalearan en bicicletas estáticas en una habitación calentada a 35 grados Celsius, una temperatura que simula un día de verano muy caluroso. El ejercicio consistió en un calentamiento seguido de cinco rondas de intervalos de alta intensidad. Cada ronda consistía en cuatro minutos de pedaleo intenso, seguidos de tres minutos de recuperación. Se les dio a los participantes un objetivo específico de qué tan duro debería sentirse el ejercicio, conocido como la escala de percepción del esfuerzo, en lugar de una configuración de velocidad o potencia fija. Esto significaba que tenían que ajustar su propia velocidad de pedaleo para que el esfuerzo se sintiera igual durante toda la sesión. La mitad del tiempo, la recuperación consistió en quedarse quietos en la bicicleta; la otra mitad, continuaron pedaleando lentamente. Los investigadores midieron la temperatura corporal central, la frecuencia cardíaca y cuánta potencia podían producir los participantes al final de la sesión.
El estudio encontró que la respuesta térmica del cuerpo fue sorprendentemente similar independientemente de cómo se recuperaran los participantes. Ya fuera que se quedaran quietos o siguieran pedaleando durante los periodos de recuperación, su temperatura corporal central aumentó casi la misma cantidad a lo largo del entrenamiento. Al final de la sesión, la temperatura central promedio había ascendido a unos 38.3 grados Celsius. Esto sugiere que el calor total generado por el ejercicio en sí fue el factor dominante, y la pequeña cantidad de calor extra producida por el pedaleo lento durante la recuperación activa no cambió significamente la tensión térmica general del cuerpo. Sin embargo, el sistema cardiovascular contó una historia diferente. Durante los periodos de recuperación activa, la frecuencia cardíaca de los participantes se mantuvo significativamente más alta que cuando se quedaban quietos. En promedio, el corazón latió 24 veces por minuto más rápido durante los intervalos de recuperación activa en comparación con los pasivos.
Debido a que el corazón trabajaba más para soportar la recuperación activa, los participantes tuvieron que realizar un ajuste significativo en sus intervalos de ejercicio principales para que el esfuerzo se sintiera igual. En las sesiones con recuperación activa, los participantes tuvieron que reducir su potencia de pedaleo en un promedio de 21 vatios para la ronda final en comparación con la primera. En contraste, aquellos que descansaron pasivamente apenas tuvieron que cambiar su producción de potencia. Esto indica que la tensión adicional en el corazón y la circulación durante la recuperación activa hizo que fuera difícil mantener el mismo nivel de intensidad de trabajo sin sentir que estaban haciendo demasiado esfuerzo. A pesar de estas diferencias en cómo respondieron el corazón y los músculos, la caída total en la capacidad aeróbica máxima —la capacidad del cuerpo para usar oxígeno para obtener energía— fue la misma para ambos grupos. Después del entrenamiento completo, la capacidad máxima de todos había disminido aproximadamente un 11.5 por ciento, un declive temporal causado por el calor y la duración del ejercicio, pero esta caída no fue peor para el grupo que eligió la recuperación activa.
Los resultados sugieren que, si bien la recuperación activa no hace que el cuerpo se caliente de una manera significativa en comparación con la recuperación pasiva, sí impone una carga más pesada al corazón. Para un atleta que intenta mantener una alta tasa de trabajo durante intervalos intensos en el calor, quedarse quieto durante el descanso permite que la frecuencia cardíaca baje de manera más efectiva, lo que a su vez le permite presionar más fuerte durante el siguiente intervalo de trabajo. Si el objetivo es maximizar la cantidad total de energía quemada durante toda la sesión, la recuperación activa podría seguir siendo útil porque mantiene el cuerpo en movimiento y quemando calorías incluso durante los periodos de descanso. Sin embargo, si el objetivo principal es mantener la mayor velocidad o potencia posible durante las partes intensas del entrenamiento, la recuperación pasiva parece ser la estrategia más efectiva en condiciones de calor. El estudio confirma que, en el calor, la capacidad del cuerpo para enfriarse es limitada, y la elección del método de recuperación cambia la forma en que el corazón se enfrenta al esfuerzo, lo que finalmente dicta cuánto trabajo puede sostener una persona.
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