Policy architectures for electric mobility
Este artículo analiza cómo las distintas arquitecturas de políticas en Noruega, los Países Bajos y Quebec moldean la adopción de la movilidad eléctrica, argumentando que la electrificación duradera depende menos de incentivos aislados que de la combinación, secuenciación y recalibración estratégica de diversos instrumentos regulatorios y económicos dentro de contextos institucionales específicos.
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Cuando hablamos del cambio hacia los coches eléctricos, la conversación suele centrarse en las máquinas en sí mismas: cuántos se venden, qué distancia pueden recorrer o cuántas estaciones de carga salpican el paisaje. Estas cifras nos dicen con qué rapidez se está extendiendo la tecnología, pero no explican cómo se gobierna realmente el cambio. Detrás de cada vehículo eléctrico en la carretera hay una compleja red de decisiones públicas. Los gobiernos deben decidir cómo reducir el precio de un coche, cómo asegurar que la red eléctrica pueda soportar la carga y cómo garantizar que la carga esté disponible donde vive la gente. También deben decidir quién se beneficia de estos cambios y quién podría quedarse atrás. Esto no es solo una tendencia del mercado; es un proceso político donde las leyes, los impuestos y los planes de infraestructura trabajan juntos para dar forma a una nueva forma de vida.
Un estudio reciente de la investigadora Antunes Muaquesse, de la Universidad de Ottawa, analiza cómo tres lugares diferentes —Quebec en Canadá, Noruega y los Países Bajos— han construido estos sistemas. La investigadora sostiene que limitarse a contar las ventas pasa por alto la parte más importante de la historia. En lugar de mirar los coches, el estudio examina la "arquitectura de políticas". Piense en esto como el plano de reglas y herramientas que un gobierno utiliza para guiar una transición. Así como un edificio necesita una base, vigas y un techo para mantenerse en pie, un cambio exitoso hacia la movilidad eléctrica necesita una combinación específica de incentivos financieros, redes de carga y regulaciones que encajen entre sí a lo largo del tiempo. El estudio sugiere que el éxito de la movilidad eléctrica depende menos de una recompensa individual, como un subsidio en efectivo, y más de cómo estas diferentes herramientas se organizan, ordenan y ajustan a medida que el mercado crece.
Para entender cómo funcionan estos planos, la investigadora examinó las leyes, los informes oficiales y las estadísticas de Quebec, Noruega y los Países Bajos. Estos tres lugares fueron elegidos porque todos son líderes en la adopción de vehículos eléctricos, aunque tienen formas muy diferentes de lograrlo. El estudio encontró que cada región construyó un sistema distinto adaptado a su propia geografía, economía y estructura política. En Noruega, el sistema está impulsado casi por completo por el dinero. El gobierno hizo que los coches eléctricos fueran mucho más baratos que los de gasolina eliminando los impuestos sobre su compra y uso. Este enfoque funcionó tan bien que, para 2025, los coches eléctricos representaban casi el 96 por ciento de todas las ventas de coches nuevos allí. Sin embargo, este éxito creó un nuevo problema: el sistema se volvió tan dependiente de estas exenciones fiscales que eliminarlas provocaría un desplome en las ventas. El estudio señala que si Noruega hubiera intentado retirar estas exenciones fiscales en 2021, la cuota de ventas de coches eléctricos habría caído del 66 por ciento a aproximadamente el 25 por ciento. Esto demuestra que, si bien el enfoque fiscal es poderoso, también es frágil si las reglas cambian demasiado rápido.
En los Países Bajos, el enfoque es diferente. En lugar de centrarse principalmente en el precio del coche, el sistema holandés se centra en hacia dónde puede ir el coche y cómo se utiliza. Su plano se centra en una densa red de estaciones de carga pública, reglas estrictas para el estacionamiento en las ciudades y acuerdos fiscales especiales para coches de empresa y leasing. Esto ha ayudado a que los vehículos eléctricos alcancen aproximadamente el 40 por ciento de las ventas de coches nuevos para 2025. La fuerza de este sistema es que hace que el uso de un coche eléctrico sea parte de la vida diaria, especialmente en ciudades densamente pobladas. Sin embargo, el estudio encontró que este método tiene un costo social. Debido a que el sistema depende en gran medida de los coches de empresa y el leasing, el acceso a los vehículos eléctricos suele estar vinculado al trabajo o los ingresos de una persona. Las personas con mayores recursos y las grandes corporaciones están mejor posicionadas para aprovechar estas reglas, mientras que aquellos sin estacionamiento privado o ingresos altos pueden encontrar más difícil la transición.
Quebec ofrece un tercer modelo, uno que mezcla las reglas gubernamentales con los recursos energéticos únicos de la región. Debido a que Quebec genera la mayor parte de su electricidad mediante presas hidroeléctricas, el gobierno ve los coches eléctricos como una forma de alejarse de los combustibles fósiles en el transporte. Su sistema combina un subsidio en efectivo para los compradores con una regla que obliga a los fabricantes de automóviles a vender un determinado porcentaje de vehículos de cero emisiones. Un actor principal en este sistema es Hydro-Québec, la empresa de servicios públicos, que ayuda a planificar la red para manejar la demanda adicional de electricidad. Este enfoque ayudó a Quebec a alcanzar aproximadamente el 31 por ciento de las ventas de coches nuevos siendo eléctricos para 2024. Pero el estudio señala que este sistema es desigual. Los subsidios en efectivo ayudan a las personas que ya pueden permitirse comprar un coche, pero no ayudan a quienes no pueden obtener un préstamo o no tienen un lugar donde cargar en casa. Además, cuando el gobierno pausó temporalmente el programa de subsidios a principios de 2025 debido a la falta de fondos, envió una señal confusa a compradores y concesionarios, mostrando lo difícil que es ajustar estos planes sin causar pánico.
El hallazgo central de la investigación es que ninguna herramienta individual, como una deducción de impuestos o una estación de carga, puede explicar por qué la movilidad eléctrica tiene éxito o fracasa. En cambio, lo que importa es la combinación de herramientas. Un sistema exitoso debe hacer cuatro cosas al mismo tiempo: hacer que sea barato comprar un coche, hacer que sea fácil de usar a diario, mantener las reglas estables para que la gente confíe en ellas y permitir que el gobierno ajuste las herramientas a medida que el mercado cambia sin romper todo el sistema. El estudio advierte que las altas cifras de ventas pueden ocultar debilidades graves. Un país puede tener muchos coches eléctricos, pero si solo son propiedad de los ricos, o si la red de carga no está lista para el invierno, la transición no es verdaderamente robusta.
La investigadora también introduce un concepto llamado "ventaja mediada por la crisis". Esto describe lo que sucede cuando un gobierno tarda demasiado en planificar. Cuando un problema se convierte en una emergencia, como una súbita escasez de fondos o un aumento en la demanda de energía, el proceso de toma de decisiones se acelera. En esa prisa, las personas o empresas que ya poseen los recursos, la tecnología o las conexiones políticas para actuar rápidamente obtienen una ventaja injusta. Pueden moldear la solución para que se ajuste a sus propios intereses. El estudio sugiere que la mejor manera de evitar esto es la "gobernanza anticipatoria". Esto significa que los gobiernos deben planificar con antelación, estableciendo reglas claras y calendarios de inversión mucho antes de que llegue una crisis. Al hacer esto, pueden ajustar sus políticas de manera fluida a medida que el mercado crece, en lugar de verse obligados a entrar en pánico que beneficie solo a unos pocos.
Finalmente, el artículo concluye que la movilidad eléctrica no es solo reemplazar los motores de gasolina con baterías. Se trata de construir un nuevo sistema de reglas e infraestructura que funcione para todos. Los tres casos muestran que no existe un modelo perfecto único. Lo que funciona en una nación rica en petróleo como Noruega podría no funcionar en un lugar con una mezcla energética diferente como Quebec, o un entorno urbano denso como los Países Bajos. La lección clave para los responsables de la política es mirar más allá de las cifras de ventas. Deben asegurarse de que sus planes aborden el costo de entrada, la realidad del uso diario y la equidad en el acceso. Si esperan hasta que una crisis los obligue a actuar, corren el riesgo de crear un sistema que sea costoso, desigual e inestable. La transición hacia los coches eléctricos es un viaje largo, y el mapa para ese viaje debe trazarse con cuidado, mucho antes de que el primer coche salga siquiera del concesionario.
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