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Financial Inclusion across Muslim- and Non-Muslim-Majority Economies: Evidence on Account Ownership, Access Pathways, and Digital Enablement

Utilizando los datos de Global Findex 2024 de 38 economías de ingresos medios-bajos, este estudio revela que los países de mayoría musulmana exhiben una inclusión financiera significativamente menor que sus contrapartes no musulmanas en cuanto a la titularidad de cuentas, una mayor dependencia de vías de acceso exclusivas de la banca y una menor habilitación digital entre los titulares de cuentas, lo que destaca la necesidad de intervenciones de política específicas para el ecosistema.

Autores originales: Waqas Shair, Ahmad Salman, Fiaz Ahmad, Aamir Hayat, Anusuyah Subbarao

Publicado 2026-09-03
📖 5 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Waqas Shair, Ahmad Salman, Fiaz Ahmad, Aamir Hayat, Anusuyah Subbarao

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Tener una cuenta bancaria suele ser el primer paso para construir una vida financiera segura. Permite a las personas ahorrar dinero de forma segura, recibir salarios y pagar facturas sin necesidad de llevar efectivo encima. Sin embargo, el simple hecho de abrir una cuenta no garantiza que una persona esté plenamente incluida en el sistema financiero. La verdadera inclusión también depende de la facilidad con la que una persona pueda acceder a esa cuenta y de si puede utilizarla a través de herramientas modernas como los teléfonos inteligentes. En muchas partes del mundo, las personas enfrentan barreras no solo por ser pobres, sino porque los productos financieros disponibles no se ajustan a sus necesidades o creencias. Por ejemplo, en algunas culturas, las personas pueden evitar la banca convencional si sienten que los servicios entran en conflicto con sus principios religiosos. Comprender estas capas de acceso —poseer una cuenta, elegir cómo alcanzarla y utilizarla digitalmente— es crucial para los responsables de la formulación de políticas que desean asegurar que todos tengan una oportunidad justa de participar en la economía.

Un nuevo estudio examina estas capas de inclusión financiera comparando economías donde la mayoría de la población es musulmana con aquellas donde no lo es. Los investigadores se centraron específicamente en países de ingresos medios-bajos, un grupo donde el progreso financiero varía drásticamente. Utilizando datos de más de 40.000 adultos de 38 naciones diferentes, el equipo analizó tres preguntas específicas: ¿Poseen las personas en países de mayoría musulmana cuentas al mismo ritmo que en los países no musulmanes? Si poseen cuentas, ¿utilizan métodos diferentes para acceder a ellas, como visitar una sucursal bancaria frente al uso de un teléfono móvil? Y finalmente, entre quienes tienen cuentas, ¿utilizan las herramientas digitales para gestionar su dinero con la misma frecuencia que sus homólogos en otros lugares? El estudio trata la composición religiosa de un país no como una medida de la creencia individual, sino como una forma de comprender el entorno más amplio en el que se ofrecen y se perciben los servicios financieros.

Los hallazgos revelan un patrón claro de diferencia a través de las tres capas de inclusión. Primero, los adultos que viven en economías de mayoría musulmana tienen significativamente menos probabilidades de poseer cualquier cuenta bancaria formal en comparación con aquellos en economías no musulmanas. En el grupo no musulmán, aproximadamente dos tercios de los adultos tienen una cuenta, mientras que en el grupo de mayoría musulmana, solo cerca de la mitad la tiene. Esta brecha persiste incluso cuando los investigadores tienen en cuenta factores como la edad, el género, la educación, los ingresos y si la persona vive en una zona urbana o rural. La diferencia no se explica únicamente por estas características personales; sugiere que el entorno institucional más amplio en los países de mayoría musulmana presenta obstáculos únicos para la simple apertura de una cuenta.

Para aquellos que logran abrir una cuenta, la forma en que acceden a su dinero cuenta una historia diferente. En las economías de mayoría no musulmana, los titulares de cuentas suelen utilizar una mezcla de canales. Muchos dependen exclusivamente de los teléfonos móviles, mientras que otros utilizan tanto las sucursales bancarias como los servicios móviles de forma conjunta. En contraste, los titulares de cuentas en economías de mayoría musulmana tienen muchas más probabilidades de depender exclusivamente de las sucursales bancarias tradicionales. Tienen muchas menos probabilidades de utilizar servicios exclusivamente móviles o de combinar el acceso móvil y bancario. Esto sugiere que, si bien las personas en estos países están entrando en el sistema financiero, lo hacen a través de una puerta más estrecha, omitiendo a menudo las opciones de dinero móvil que han impulsado la inclusión en otras partes del mundo. Los datos muestran que, en algunas naciones de mayoría musulmana, más del 80 por ciento de los titulares de cuentas utilizan únicamente las sucursales bancarias, mientras que en algunas naciones no musulmanas, el uso exclusivo de dispositivos móviles representa casi la mitad del acceso total.

La tercera capa del estudio analiza qué sucede después de que alguien posee una cuenta y una forma de acceder a ella. Los investigadores descubrieron que, incluso entre los titulares de cuentas, aquellos en economías de mayoría musulmana tienen menos probabilidades de utilizar funciones digitales para gestionar su dinero. Esto significa que, aunque puedan tener una cuenta, no la utilizan de forma tan activa o digital como las personas en otros países. Esta brecha en el uso digital persiste incluso tras controlar si la persona tiene un teléfono o acceso a internet. Indica que el problema no es solo tener la tecnología, sino cómo está configurado el ecosistema para fomentar su uso. El estudio sugiere que, en estas economías, las herramientas digitales disponibles pueden no parecer tan fiables, relevantes o dignas de confianza para el usuario promedio.

Los autores sostienen que estas diferencias no se deben a elecciones individuales o a una falta de deseo de participar. En su lugar, señalan la estructura de los propios sistemas financieros. En las economías de mayoría musulmana, los productos disponibles pueden no parecer un buen encaje para la población, o los sistemas que apoyan las finanzas móviles y digitales pueden no estar tan desarrollados o coordinados. El estudio destaca que simplemente contar cuántas personas tienen cuentas no es suficiente para medir la salud financiera. Para comprender verdaderamente la inclusión, es necesario observar cómo las personas acceden a su dinero y con qué profundidad se involucran con las herramientas digitales. Los resultados sugieren que, para que la inclusión financiera mejore en estas regiones, los reguladores y proveedores deben centrarse en hacer que todo el sistema sea más interoperable y fiable, asegurando que las opciones móviles y digitales sean tan robustas y accesibles como la banca tradicional. Este enfoque ayudaría a cerrar la brecha entre el simple hecho de tener una cuenta y formar parte verdaderamente del mundo financiero moderno.

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