Global population impacts of land grabbing for large-scale agriculture
Este artículo estima que las adquisiciones de tierras a gran escala para la agricultura han afectado a un mínimo de 177 a 250 millones de personas en todo el mundo desde el año 2000, invadiendo a menudo las tierras de comunidades indígenas y locales en áreas densamente pobladas, desafiando así la noción de que tales acuerdos se dirigen a tierras subutilizadas.
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A lo largo del mundo, vastas extensiones de tierra están siendo cada vez más compradas, arrendadas o reclamadas por grandes empresas para cultivar productos para la exportación, producir biocombustibles o fabricar fibras. Este fenómeno, a menudo llamado "carrera por la tierra", implica la transferencia de derechos para usar o poseer la tierra, desplazando frecuentemente el control de las personas que han vivido allí durante generaciones. Si bien estos acuerdos suelen justificarse bajo la idea de que están tomando el control de campos vacíos, sin uso o baldíos, una creciente evidencia sugiere una realidad distinta. La cuestión de quién vive realmente en estas tierras, y cuántas personas son desplazadas o pierden el acceso a sus medios de subsistencia cuando comienzan estos proyectos agrícolas a gran escala, ha sido difícil de responder a escala global. Comprender la huella humana de estas transacciones es esencial, no solo para contar a los afectados, sino para reconocer que estos paisajes suelen estar llenos de comunidades en lugar de ser los espacios vacíos que a veces se presentan.
Un equipo de investigadores se propuso llenar este vacío mapeando el costo humano de estos acuerdos de tierras agrícolas. Combinaron una base de datos global de adquisiciones de tierras a gran escala documentadas con mapas detallados de dónde vive la gente y dónde las comunidades indígenas y locales poseen sus tierras consuetudinarias. Al superponer estos conjuntos de datos, pudieron estimar el número de personas que vivían en la tierra antes de que estos acuerdos tuvieran lugar. Sus hallazgos revelan un panorama desolador: desde el año 2000, al menos 177 millones de personas han estado viviendo en los 63 millones de hectáreas de tierra que han sido objeto de acuerdos de tierras agrícolas concluidos. Esta cifra es un mínimo conservador. Cuando los investigadores incluyeron los acuerdos que se pretendían pero que nunca se completaron del todo, así como aquellos que fracasaron, el número de personas afectadas aumentó a al menos 217 millones. Si también contaran a las personas que viven cerca de estas áreas de acuerdos y que probablemente pierden el acceso a recursos compartidos como el agua o las tierras de pastoreo, el total de personas impactadas asciende aproximadamente a 250 millones.
Estas cifras desafían la persistente narrativa de que las inversiones agrícolas a gran escala se dirigen únicamente a tierras subutilizadas o vacías. Los investigadores encontraron que estos acuerdos ocurren frecuentemente en áreas con densidades de población medias o altas. Globalmente, la densidad típica de personas que viven en la tierra donde se inició un acuerdo fue de 55 personas por kilómetro cuadrado, una cifra comparable a la densidad de población promedio de todo el mundo hoy en día. En África, la situación es aún más pronunciada, con la mitad de todos los acuerdos de tierras ocurriendo en áreas donde viven más de 128 personas por kilómetro cuadrado, superando con creces el promedio continental. Esto indica que la carrera por la tierra no está ocurriendo en los márgenes del mapa, sino en el corazón de paisajes rurales poblados donde las comunidades están profundamente arraigadas.
El impacto no se limita a los límites específicos de un solo acuerdo. Los investigadores desarrollaron una forma de medir la intensidad de la actividad de adquisición de tierras en regiones enteras, buscando lugares donde se han agrupado muchos acuerdos. Encontraron que en el sudeste asiático y el este de África, más de tres cuartas partes de la tierra expuesta a estos acuerdos caen en las categorías más altas de intensidad. En estas zonas de alta exposición, la presión sobre el acceso a la tierra local es probablemente severa. El estudio también examinó el solapamiento entre estas zonas intensas de adquisición de tierras y los territorios de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Los resultados muestran una colisión significativa de intereses: en el sudeste asiático, más del 80 por ciento de las tierras indígenas se encuentran en áreas con alta exposición a los acuerdos de tierras, y en el este de África, casi el 70 por ciento de estas tierras enfrentan la misma presión. Para las tierras de las comunidades locales, el solapamiento es aún más extenso en varias regiones, alcanzando casi todas las áreas mapeadas en partes del sudeste asiático y África occidental.
El momento de estos eventos también cuenta una historia específica. El periodo entre 2005 y 2009 vio el mayor número de personas afectadas por los acuerdos de tierras registrados, un pico que se alinea con la crisis financiera global de 2008, la cual desencadenó una oleada de acaparamiento de tierras. Sin embargo, la tendencia no se ha detenido; diferentes países han experimentado picos en distintos momentos, con algunos viendo incrementos significativos en las poblaciones afectadas bien después de 2015. Esto sugiere que los impulsores de la adquisición de tierras están cambiando y evolucionando, continuando la remodelación de los paisajes rurales mucho después de la oleada global inicial.
Si bien el estudio proporciona una estimación global masiva, los autores reconocen que estas cifras son probablemente conservadoras. Los datos dependen de los acuerdos que han sido documentados y reportados, lo que significa que las transacciones no reportadas o aquellas perseguidas para otros fines que no sean la agricultura no están incluidas. Además, el análisis se centra en la presencia física de las personas en la tierra pero no captura plenamente las complejas diferencias sociales en cómo se sienten estos impactos para diversos grupos dentro de una comunidad. A pesar de estas limitaciones, el hallazgo central sigue siendo claro: las tierras que se adquieren para la agricultura a gran escala no están vacías. Son el hogar de cientos de millones de personas, muchas de las cuales pertenecen a grupos indígenas y comunidades locales cuyos derechos y medios de vida están profundamente entrelazados con el suelo. A medida que las demandas globales de alimentos, energía y compensaciones de carbono continúan creciendo, reconocer que estos paisajes están habitados es un paso fundamental para asegurar que los derechos sobre la tierra sean respetados y que las personas que viven allí no sean simplemente desplazadas.
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