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Digital Distress in Higher Education: Problematic Internet Use, Cyberbullying, and Technostress Among Chilean University Students

Este estudio de 755 estudiantes universitarios chilenos revela que, si bien el uso problemático de internet impulsa directamente la mayoría de las dimensiones del tecnoestrés, la participación en el ciberacoso desempeña un papel mediador selectivo únicamente en la ineficacia tecnológica percibida, lo que sugiere objetivos de intervención distintos para el bienestar digital en la educación superior.

Autores originales: Alejandro Vega-Muñoz, Beatriz Sora, Joan Boada-Grau, David Chávez-Herting, Guido Salazar-Sepúlveda

Publicado 2026-10-15
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Autores originales: Alejandro Vega-Muñoz, Beatriz Sora, Joan Boada-Grau, David Chávez-Herting, Guido Salazar-Sepúlveda

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

En la universidad moderna, la línea entre estudiar y vivir se ha disuelto en una única pantalla resplandeciente. Para los estudiantes, el internet ya no es solo una biblioteca o una herramienta; es el aula, el club social y el lugar donde se relajan. Esta conexión constante trae consigo un tipo específico de presión conocido como distrés digital. No es un sentimiento único, sino un conjunto de experiencias negativas que surgen cuando la tecnología deja de servirnos y comienza a exigirnos demasiado. Los investigadores saben desde hace tiempo que cuando las personas luchan por controlar su uso de internet, suelen sentirse más cansadas, ansiosas y escépticas respecto a la tecnología. También saben que el mundo en línea puede ser un lugar de conflicto, donde el acoso y el hostigamiento ocurren tal como suceden en persona. Pero una pregunta crucial permanecía sin respuesta: ¿explica el estrés de ser acosado en línea por qué los usuarios intensivos de internet se sienten tan agotados? ¿O son estos dos problemas —el uso compulsivo y el conflicto en línea— caminos separados que conducen al mismo destino?

Un equipo de investigadores en Chile se propuso mapear estas relaciones entre 755 estudiantes universitarios. Querían ver si el camino desde el uso problemático de internet hacia el estrés relacionado con la tecnología pasaba por la experiencia del ciberacoso. Para ello, pidieron a los estudiantes que informaran sobre sus propios hábitos y sentimientos utilizando tres conjuntos específicos de preguntas. Primero, midieron el uso problemático de internet, buscando signos de que un estudiante había perdido el control sobre su tiempo en línea, como usar el internet para escapar de sentimientos negativos o no poder detenerse incluso cuando tenían la intención de hacerlo. A continuación, preguntaron sobre la participación en el ciberacoso, cubriendo tanto la experiencia de ser el blanco como el acto de atacar a otros. Finalmente, midieron el tecnoestrés, desglosándolo en cuatro sentimientos distintos: escepticismo hacia la tecnología, fatiga mental y física, ansiedad y una sensación de ineficacia, o la creencia de que uno no puede manejar las herramientas digitales de manera efectiva.

Los investigadores construyeron un modelo complejo para probar cómo se conectaban estos factores. Partieron de una hipótesis que podría parecer intuitiva: que los estudiantes que usan el internet de forma compulsiva tienen más probabilidades de verse envueltos en el ciberacoso, y que este acoso es lo que les hace sentirse estresados e ineficaces con la tecnología. Probaron esta idea viendo si los datos se ajustaban a un camino donde el uso de internet conduce al acoso, y este, a su vez, conduce al estrés. Sin embargo, los números contaron una historia diferente. El modelo donde el acoso actuaba como un puente entre el uso de internet y el estrés no se ajustaba a la realidad de la experiencia de los estudiantes. Los datos mostraron que el vínculo entre el uso compulsivo de internet y la sensación de estar abrumado por la tecnología era directo y poderoso, saltándose el problema del acoso casi por completo.

El estudio encontró que los estudiantes que luchaban por regular su uso de internet reportaban niveles más altos de fatiga, ansiedad y escepticismo hacia la tecnología, independientemente de si habían sido víctimas de acoso en línea. El hallazgo más significativo, sin embargo, fue una excepción estrecha. Aunque el acoso no explicaba el agotamiento general o la ansiedad asociados con el uso intensivo de internet, sí desempeñó un papel pequeño y específico en un área: el sentimiento de ineficacia. Los estudiantes que estuvieron involucrados en el ciberacoso, ya fuera como víctimas o como agresores, tenían más probabilidades de sentir que carecían de la competencia para gestionar sus vidas digitales. Esto sugiere que, mientras que el mero volumen de tiempo pasado en línea agota la energía y crea ansiedad, las interacciones hostiles del mundo en línea erosionan específicamente la confianza de un estudiante en sus propias capacidades digitales.

Los investigadores señalaron cuidadosamente que esta conclusión se mantuvo incluso cuando analizaron los datos de diferentes maneras, como combinar los roles de víctima y agresor en una sola medida de conflicto en línea. El patrón se mantuvo constante: el camino directo desde el uso no regulado de internet hacia el estrés era la fuerza dominante. La sensación de ser incapaz de lidiar con la tecnología fue el único resultado donde la experiencia del conflicto en línea añadió una capa de explicación mensurable. Esta distinción es vital porque sugiere que la solución al distrés digital no es de talla única. La fatiga y la ansiedad que aquejan a los estudiantes parecen derivar del patrón de comportamiento de ser incapaces de desconectarse, un problema de autorregulación. La pérdida de confianza en las habilidades digitales propias, sin embargo, parece estar vinculada a las dinámicas sociales del entorno en línea.

Estos hallazgos ofrecen una imagen más clara del panorama digital en la educación superior. Sugieren que, si bien las universidades deben abordar la realidad del acoso en línea, el principal motor del agotamiento y la ansiedad que sienten los estudiantes es su propia lucha por gestionar su tiempo y su atención en línea. El estrés de estar constantemente conectados es una característica estructural del aprendizaje moderno, pero la sensación específica de ser incompetente con la tecnología está unicamente ligada a las interacciones hostiles que ocurren dentro de él. Al separar estas dos fuentes de distrés, los educadores y los responsables de políticas pueden comprender mejor que ayudar a los estudiantes a recuperar el control sobre sus hábitos digitales es la forma más directa de reducir la abrumadora fatiga y la ansiedad de la era digital, mientras que se necesitan esfuerzos separados para restaurar su sentido de agencia frente al conflicto en línea.

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