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The downturn of Co-operative Sustainability in East Africa: In-sights into Governance and Management Missteps

Este estudio cualitativo identifica los errores de gobernanza y gestión, particularmente el fraude y el liderazgo deficiente en las Sociedades de Ahorro y Crédito (SACCOS), como los principales impulsores del declive de la sostenibilidad de las cooperativas en África Oriental, abogando por marcos de gobernanza sólidos y un liderazgo profesional para asegurar su revitalización.

Autores originales: Bikolimana G. Muhihi

Publicado 2026-10-23
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Autores originales: Bikolimana G. Muhihi

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). ✨ Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Durante décadas, la cooperativa se ha erigido como un motor único de crecimiento económico en toda África Oriental. A diferencia de una empresa estándar propiedad de un solo inversor o un grupo de accionistas, una cooperativa es propiedad de las personas que utilizan sus servicios. Ya sea un grupo de agricultores que venden su cosecha juntos o vecinos que reúnen dinero para prestarse entre sí, estas organizaciones funcionan bajo una promesa sencilla: apoyo mutuo, toma de decisiones democrática y beneficios compartidos. Durante mucho tiempo han sido vistas como un salvavidas para las comunidades rurales, ofreciendo crédito donde los bancos no llegan y mercados donde no existen. Están diseñadas para elevar a los marginados, dando voz a las mujeres, los jóvenes y los pequeños agricultores en sus propios futuros económicos. Sin embargo, la promesa de estas instituciones está actualmente bajo amenaza. En muchas partes de la región, las cooperativas están fallando, dejando a sus miembros con ahorros perdidos y la confianza rota. La pregunta que enfrentan investigadores y responsables políticos no es solo por qué estas organizaciones están luchando, sino qué tipos específicos están más en riesgo y qué fallos internos las están impulsando hacia el colapso.

Un estudio reciente de Bikolimana G. Muhihi, de la Universidad de Cooperativas de Moshi, profundiza en esta crisis, centrándose en los errores de gobernanza y gestión que están socavando la sostenibilidad de estos grupos de propiedad comunitaria. La investigación, realizada en Kenia, Uganda y Tanzania, buscó identificar qué cooperativas son más vulnerables al fracaso y comprender exactamente cómo el mal liderazgo y las estructuras de gestión débiles están causando su declive. Mediante la entrevista a partes interesadas clave y el análisis de registros oficiales, el estudio dibuja un panorama claro de un movimiento en apuros, revelando que el camino hacia la supervivencia requiere más que buenas intenciones; exige una gestión profesional y un retorno a los principios fundamentales del modelo cooperativo.

La investigación comenzó comparando los dos tipos más comunes de cooperativas en la región: las Sociedades de Comercialización Agrícola, que ayudan a los agricultores a vender sus cultivos, y las Sociedades de Ahorro y Crédito Cooperativo, a menudo llamadas SACCOS, que gestionan ahorros y préstamos. Los datos revelaron una diferencia marcada en su estabilidad. Los grupos de comercialización agrícola, aunque enfrentan desafíos como malas carreteras y acceso limitado al mercado, generalmente se mantienen más estables. En Tanzania, por ejemplo, los registros muestran que, de más de 2.100 cooperativas de comercialización agrícola, aproximadamente 1.700 siguen activas y funcionando. En contraste, los grupos financieros están en graves problemas. Los mismos registros muestran que, de casi 4.800 cooperativas de ahorro y crédito, solo unas 1.500 están activas. Más de 2.000 se han vuelto inactivas, lo que significa que ya no operan, y otras 1.100 son inubicables. Esto significa que menos de un tercio de estas cooperativas financieras están sosteniendo con éxito sus operaciones, una tasa de fracaso que supera con creces a la de sus contrapartes agrícolas.

El estudio señala un conjunto específico de problemas internos como la causa principal de este colapso, particularmente dentro de las cooperativas financieras. El factor más dañino parece ser la falta de confianza, impulsada por una mala gobernanza. En muchas de estas organizaciones que fallan, los líderes elegidos para dirigir el espectáculo suelen ser escogidos basándose en la popularidad en lugar de la habilidad o la experiencia. Una vez en el poder, estos líderes carecen frecuentemente de la formación necesaria para gestionar finanzas complecas o navegar cambios en el mercado. Esta inexperiencia conduce a una cascada de errores: los fondos se gestionan mal, los recursos se asignan de manera ineficiente y, en los casos más graves, el fraude y la corrupción se apoderan de la situación. Cuando los miembros ven desaparecer su dinero o a sus líderes tomando decisiones sin consultarlos, la confianza se evapora. Sin confianza, los miembros dejan de asistir a las reuniones, dejan de ahorrar dinero y dejan de participar en el proceso democrático que se supone debe mantener sana a la organización.

La investigación destaca que esto no es solo un problema de mala suerte o choques económicos externos, sino un fallo de la estructura interna. En las cooperativas financieras, la separación entre las personas que poseen la organización (los miembros) y las personas que la dirigen (la junta y los gerentes) se ha convertido en una fuente de debilidad en lugar de una fortaleza. En lugar de actuar como un control sobre el poder, el liderazgo suele operar sin transparencia, tomando decisiones unilaterales que benefician a unos pocos mientras perjudican a la mayoría. El estudio encontró que muchos de estos grupos carecen de controles internos básicos, como sistemas para monitorear el gasto o prevenir el fraude. Este entorno permite que la mala gestión financiera se agrave, provocando crisis de liquidez donde la cooperativa simplemente se queda sin efectivo para pagar a sus miembros. Además, la falta de un plan claro para el futuro significa que cuando los líderes actuales se van o se jubilan, no hay nadie listo para tomar su lugar, dejando a la organización en un estado de confusión e inestabilidad.

Más allá del sector financiero, las cooperativas agrícolas enfrentan sus propios obstáculos, aunque no son tan severos como los que enfrentan los grupos de ahorro. Estas organizaciones luchan con maquinaria obsoleta, infraestructura deficiente que provoca el deterioro de los cultivos y la falta de acceso a mercados fiables. Sin embargo, se benefician de una mayor alineación con las políticas agrícolas gubernamentales y una conexión más tangible con la producción física de alimentos, lo que les proporciona un grado de estabilidad. El estudio señala que, si bien ambos tipos de cooperativas sufren por la falta de educación de sus miembros, los grupos financieros son más susceptibles a los riesgos específicos de fraude y malversación porque tratan directamente con efectivo y crédito. Los grupos agrícolas, por el contrario, se ven más obstaculizados por problemas logísticos e ineficiencias del mercado.

Los hallazgos sugieren que la solución reside en un cambio fundamental en la forma en que se dirigen estas organizaciones. El estudio sostiene que las cooperativas ya no pueden confiar en la suposición de que ser miembro es suficiente para garantizar un buen liderazgo. En su lugar, existe una necesidad urgente de marcos de gobernanza profesional y gestores capaces que comprendan tanto el negocio como los valores únicos del modelo cooperativo. Esto significa alejarse de la elección de líderes basada en la popularidad y avanzar hacia la selección de individuos con habilidades probadas en gestión, finanzas y resolución de conflictos. También requiere un compromiso renovado con la educación de los miembros sobre sus derechos y responsabilidades, asegurando que la estructura democrática no sea solo una formalidad, sino una realidad funcional. Sin estos cambios, es probable que el ciclo de fracaso continúe, dejando al movimiento cooperativo en África Oriental incapaz de cumplir su promesa de empoderamiento económico e inclusión social.

En última instancia, el documento concluye que la supervivencia de las cooperativas depende de abordar estos problemas de gobernanza y gestión interna con la misma urgencia con la que los gobiernos abordan las políticas económicas externas. El declive de estas instituciones no es inevitable, pero requiere un esfuerzo consciente para reconstruir la confianza, hacer cumplir la rendición de cuentas e invertir en las habilidades de las personas que las lideran. Para los millones de africanos orientales que dependen de estas organizaciones para sus medios de vida, lo que está en juego es mucho. El futuro del movimiento cooperativo depende de su capacidad para evolucionar de una idea bien intencionada a una realidad gestionada profesionalmente y sostenible.

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