They are Too Dumb to Know They are in a Bad School: A Critical Perspective of Anti- Black Racism and Devaluation of Student Voice in Educational Governance
Basado en la Teoría Crítica de la Raza, los marcos de déficit y los Estudios de la Blanquitud, este artículo analiza un incidente de 2026 en el que el comentario racista de un profesor que descartaba el testimonio de un estudiante negro por ser "demasiado tonto" para reconocer el fracaso escolar, para ilustrar cómo el racismo antirracista y la devaluación de la voz del estudiante están integrados en la gobernanza educativa y perpetúan las jerarquías raciales.
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En los Estados Unidos, las escuelas públicas suelen ser vistas como los grandes igualadores, lugares donde cada niño tiene la oportunidad de tener éxito independientemente de su origen. Sin embargo, la forma en que se toman las decisiones sobre estas escuelas —como si deben permanecer abiertas o cerrarse— a menudo revela una realidad más profunda y preocupante. Los investigadores en el campo de la educación han estudiado durante mucho tiempo cómo la raza influye en estas elecciones, utilizando ideas específicas para comprender el problema. Un concepto clave es el "marco de déficit", que es una forma de pensar que culpa a los estudiantes y a sus familias por el bajo rendimiento escolar, asumiendo que el problema reside en las personas en lugar de en el sistema o los recursos proporcionados. Otra idea son los "estudios de la blancura" (Whiteness studies), que analizan cómo el ser blanco es tratado como el estándar invisible y normal frente al cual todos los demás son medidos, a menudo sin que la gente siquiera se dé cuenta. Finalmente, existe la "Teoría Crítica de la Raza", una perspectiva que sostiene que el racismo no es solo una serie de malas acciones individuales, sino una parte normal y cotidiana de cómo funcionan la sociedad y sus instituciones. Comprender estas ideas es importante porque ayudan a explicar por qué las escuelas que sirven a las comunidades afroamericanas y latinas suelen ser tratadas de manera diferente, y por qué las voces de los estudiantes que viven en esas comunidades son frecuentemente ignoradas cuando se decide sobre sus futuros.
Un artículo reciente de Sheldon D.A. Sucre, un investigador del Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York, examina un momento específico y chocante que sacó a la luz estas dinámicas ocultas. El 10 de febrero de 2026, se llevaba a cabo una reunión virtual del Consejo de Educación Comunitaria del Distrito 3 en la ciudad de Nueva York. Este consejo es un grupo destinado a permitir que los padres y miembros de la comunidad tengan voz en las decisiones escolares locales. Durante la reunión, una estudiante afroamericana de octavo grado de la Community Action School se levantó para hablar en contra de una propuesta para cerrar su escuela. Ella y otros estudiantes argumentaron que su escuela era una parte vital de su comunidad y un lugar seguro para aprender. Mientras la estudiante hablaba, una participante llamada Allyson Friedman, profesora asociada en Hunter College y madre en el distrito, estaba en la llamada. Sin saber que su micrófono seguía abierto, Friedman hizo un comentario a su propio hijo que fue transmitido a toda la sala. Dijo: "Son demasiado tontos para saber que están en una mala escuela", y añadió una referencia a la segregación histórica, sugiriendo que los afroamericanos podían ser entrenados para aceptar su lugar sin necesidad de que se les dijera.
La sala quedó en silencio cuando se percataron de que el comentario era público. El testimonio de la estudiante, que debía ser una defensa poderosa de su escuela, fue instantáneamente socavado por el comentario de la profesora. Este incidente no es solo la historia de un comentario grosero; Sucre lo utiliza como un estudio de caso para mostrar cómo el racismo anti-afroamericano opera en la gobernanza cotidiana de las escuelas. El artículo argumenta que las palabras de Friedman no fueron un simple desliz de la lengua, sino un claro ejemplo del "marco de déficit" en acción. Al llamar a los estudiantes "demasiado tontos", el comentario desvió el enfoque de los problemas reales de la escuela, como la falta de financiamiento o recursos, y puso la culpa en la propia inteligencia de los estudiantes. Este es un patrón común donde los desafíos educativos son tratados como si fueran causados por la cultura o la capacidad de los estudiantes, en lugar de por el sistema mismo.
El artículo también utiliza la lente de los "estudios de la blancura" para explicar por qué esto sucedió. Friedman, como profesora y madre blanca, ocupaba una posición de poder y autoridad. Su comentario reveló cómo las personas en posiciones de poder a veces pueden ver a los estudiantes afroamericanos como incapaces de comprender sus propias situaciones, una creencia que a menudo se mantiene de forma inconsciente. El artículo sugiere que este tipo de pensamiento es "ordinario", lo que significa que está tejido en la estructura de cómo se gestionan las escuelas, en lugar de ser una excepción rara. Cuando la estudiante habló, estaba ofreciendo una "contra-historia", una forma de compartir su propia verdad y experiencia para desafiar la idea dominante de que su escuela estaba fallando. El comentario de Friedman fue un intento de silenciar esa historia, reforzando la idea de que los adultos blancos saben más que los niños negros.
El documento detalla cómo la comunidad y las instituciones reaccionaron al incidente. El comentario fue grabado y compartido ampliamente, provocando la indignación pública. Los líderes comunitarios y el alcalde condenaron las declaraciones, y Hunter College puso a Friedman en licencia administrativa mientras investigaban. El artículo señala que, si bien la institución respondió, el incidente resaltó un problema mayor: incluso en espacios diseñados para la participación democrática, las voces de los estudiantes afroamericanos y latinos son a menudo devaluadas. El autor argumenta que la respuesta del colegio y del consejo, aunque necesaria, fue reactiva. Abordó a la persona específica y al comentario específico, pero no necesariamente arregló el sistema subyacente que permitió que tal visión existiera en primer lugar.
El trabajo de Sucre sugiere que, para solucionar realmente estos problemas, las escuelas y los distritos deben cambiar la forma en que toman decisiones. Esto significa alejarse de la idea de que los estudiantes son el problema y comenzar a escuchar a los propios estudiantes. El artículo hace un llamado a que los líderes sean capacitados para reconocer estos sesgos ocultos y para crear políticas que protejan las voces de los estudiantes, especialmente cuando se están tomando decisiones sobre el cierre de escuelas. Enfatiza que los estudiantes no solo deben tener permitido hablar, sino que sus palabras deben tener un peso real en las decisiones finales. El artículo concluye que la valentía de la estudiante de octavo grado y la respuesta de la comunidad ofrecen un camino a seguir. Al escuchar a los más afectados y desafiar las viejas formas de pensar, los líderes educativos pueden comenzar a construir un sistema que trate a todos los estudiantes con la dignidad y el respeto que merecen. El incidente sirve como un recordatorio contundente de que, hasta que la forma en que se gobiernan las escuelas cambie, las voces de los estudiantes afroamericanos y latinos seguirán siendo tratadas como si no importaran.
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