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Gender, Academic Performance, and STEM Career Choice: Evidence from Large-Scale National Assessments in Colombia

Este estudio de más de 126.000 estudiantes colombianos revela que las diferencias de género en la selección de carreras STEM persisten independientemente del rendimiento académico en matemáticas, ciencias naturales y lenguaje, lo que indica que factores no académicos como la autoeficacia y los estereotipos, en lugar de la preparación, impulsan la brecha de matriculación.

Autores originales: Ricardo L. Gómez, Ana María Suárez-Mesa

Publicado 2026-08-31
📖 6 min de lectura🧠 Análisis profundo

Autores originales: Ricardo L. Gómez, Ana María Suárez-Mesa

Artículo original bajo licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/). Esta es una explicación generada por IA del artículo a continuación. No ha sido escrita ni avalada por los autores. Para mayor precisión técnica, consulte el artículo original. Leer descargo de responsabilidad completo

Cada año, millones de jóvenes en todo el mundo se encuentran en una encrucijada, decidiendo qué camino tomar en su educación superior. Durante décadas, investigadores y responsables de políticas se han preocupado por un desequilibrio persistente en estas elecciones: muchas menos mujeres que hombres eligen estudiar ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, a menudo llamadas campos STEM. Esta brecha es importante porque limita el grupo de talento disponible para resolver problemas globales complejos y moldea las futuras oportunidades económicas para las mujeres. Un supuesto común ha sido que esta disparidad existe simplemente porque las niñas no están tan preparadas académicamente como los niños en las materias requeridas para estas carreras. Si los datos mostraran que las mujeres obtienen sistemáticamente puntuaciones más bajas en matemáticas y ciencias durante la secundaria, la explicación sería sencilla. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja, y las razones detrás de la brecha han sido objeto de un intenso debate.

Para entender por vez que esta pregunta es tan difícil de responder, uno debe observar cómo se toman las decisiones de carrera. Psicólogos y educadores han propido durante mucho tiempo que la decisión de un estudiante no se trata solo de qué tan bien puede resolver una ecuación, sino también de cómo se siente respecto a sus propias capacidades y de lo que cree que la sociedad espera de ellos. Esto se conoce como la idea de la "autoeficacia", o la creencia en la propia capacidad para tener éxito, y los "estereotipos", que son las creencias ampliamente difundidas pero a menudo no examinadas sobre aquello en lo que los hombres y las mujeres son naturalmente buenos. Cuando un estudiante cree que un campo requiere un genio especial e innato que no posee, o cuando siente que una carrera no se alinea con sus valores personales, puede alejarse de ella, independientemente de qué tan altas sean sus calificaciones en los exámenes. La pregunta crítica para los investigadores ha sido si estos factores no académicos son lo suficientemente fuertes como para anular la preparación académica, o si la brecha es simplemente un reflejo de diferentes niveles de habilidad.

Un equipo de investigadores en Colombia se propuso resolver esta cuestión con un vistazo masivo y detallado a las vidas de más de 126.000 estudiantes. Utilizaron un sistema nacional único que vincula dos eventos importantes en la vida de un estudiante: un examen de salida estandarizado de la escuela secundaria realizado por todos, y una prueba de competencia profesional realizada por casi todos los que se gradúan de la universidad. Al conectar las puntuaciones del examen de secundaria directamente con las carreras específicas que estos estudiantes eligieron en la universidad, los investigadores pudieron ver exactamente qué sucedió con los estudiantes que tenían las mismas calificaciones académicas. No solo observaron los promedios; observaron todo el rango de desempeño, desde los estudiantes con las puntuaciones más bajas hasta los de más alto rendimiento. Examinaron si una mujer que se encontraba en el 20 por ciento superior de su clase en matemáticas tenía la misma probabilidad de elegir una carrera STEM que un hombre que obtuvo ese mismo 20 por ciento superior.

Los resultados fueron claros y consistentes. El estudio encontró que la preparación académica por sí sola no explica la brecha de género. Incluso cuando las mujeres y los hombres tenían puntuaciones idénticas en matemáticas, ciencias naturales y lenguaje, las mujeres eran significativamente menos propensas a inscribirse en programas STEM. Este patrón se mantuvo en todo el espectro de la capacidad académica. Ya fuera que un estudiante estuviera en el grupo de menor rendimiento o en el de más alto rendimiento, la probabilidad de que una mujer eligiera una carrera STEM era menor que la de un hombre con las mismas calificaciones. Los investigadores calcularon que la brecha era sustancial, ascendiendo a menudo a una diferencia de más de diez puntos porcentuales en las tasas de inscripción entre hombres y mujeres que, de otro modo, eran académicamente indistinguibles.

Para profundizar aún más, los investigadores se plantearon una pregunta más específica: ¿cuánto mejor tendría que desempeñarse una mujer para tener la misma oportunidad de elegir una carrera STEM? Compararon a mujeres que estaban un escalón por encima en los rankings de desempeño que los hombres para ver si ese impulso académico adicional cerraría la brecha. En casi todos los casos, no fue así. Una mujer que se encontraba en el segundo grupo más alto de estudiantes seguía siendo menos propensa a elegir una carrera STEM que un hombre que se encontraba en el tercer grupo más alto. La única vez que la brecha casi desapareció fue en la parte más alta de la escala de desempeño en matemáticas. Incluso allí, el efecto era frágil; una mujer necesitaba estar en el grupo absolutamente más alto para igualar las tasas de inscripción de un hombre que estaba solo un escalón por debajo de ella. Para las ciencias naturales y el lenguaje, la brecha se mantuvo amplia incluso cuando las mujeres superaban a los hombres por un nivel completo de desempeño.

Estos hallazgos sugieren que la barrera de entrada para las mujeres en STEM no es la falta de habilidad o preparación. Los datos indican que hay algo más en juego, que aleja a las mujeres de estos campos incluso cuando están plenamente calificadas. Los investigadores señalan factores que existen fuera del aula, como la creencia de que el éxito en estos campos requiere una brillantez innata y rara que la sociedad a menudo asocia con los hombres. También destacan la influencia de los estereotipos que sugieren que las mujeres están menos interesadas en la ingeniería o que estas carreras no apoyan metas comunitarias, que muchas mujeres valoran. El estudio también notó un giro interesante con las habilidades lingüísticas. Si bien las puntuaciones altas en lectura y lenguaje generalmente llevaron a los estudiantes lejos de STEM, este efecto fue más débil para las mujeres que para los hombres, lo que sugiere que las mujeres con fuertes habilidades verbales no sienten la misma presión de dejar los campos científicos como los hombres, pero aun así eligen hacerlo en menores tasas.

Las implicaciones de este estudio son significativas para la forma en que pensamos sobre la política educativa. Si el problema fuera simplemente que las niñas no están aprendiendo matemáticas lo suficientemente bien, la solución sería mejorar la instrucción en matemáticas. Pero dado que la brecha persiste incluso entre los mejores estudiantes, la solución debe abordar el entorno cultural y psicológico. Los investigadores argumentan que los esfuerzos para aumentar el número de mujeres en STEM deben ir más allá del aula. Deben abordar los estereotipos que se arraigan en la infancia temprana, cambiar la forma en que los profesores y los padres hablan de la capacidad y crear entornos de apoyo que hagan que las mujeres se sientan integradas en estos campos. La evidencia de Colombia muestra que la excelencia académica no es suficiente para garantizar la participación igualitaria; el camino hacia una carrera STEM está moldeado por una mezcla compleja de confianza, creencia y expectativa social que afecta a las mujeres de manera diferente a los hombres, independientemente de sus calificaciones.

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